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·10. April 2026

Así viví las visitas al Ogro Alemán

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Visitar al Bayern Múnich es lo más parecido que hacerlo a un dentista a las 5 de la madrugada. Y para el Real Madrid, durante años, fue así. Mucho menos en los últimos. Voy a contarles, si lo tienen a bien, en estas líneas cómo viví en primera persona esas visitas al Olímpico de Múnich, hoy al Allianz Arena.

Aunque la Copa de Europa nació en 1955, la primera vez que se vieron las caras madrileños y bávaros no fue hasta 1976, en plena transición política en España.


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Tras el polémico 1-1 de la ida, con agresión del "Loco del Bernabéu" incluida al árbitro Linnemayer, la vuelta llegaba el Miércoles Santo. Yo tenía 14 años, estudiaba 1° de BUP e iba vestido de nazareno (penitente le llamamos en mi pueblo, Vélez-Málaga) con mi Señor del Huerto.

Iba todo nervioso nada más que pensando en el partido, cuando al pasar por un conocido bar, miro para el televisor y en ese justo instante contemplo un cabezazo de Vicente Del Bosque al travesaño de la portería de Sepp Maier. Mi ¡huy! resonó en toda la procesión. Seguí adelante sin saber absolutamente nada hasta que pasada hora y media, aproximadamente, se me acercaron mis hermanas Pilar y Ana María para darme la noticia del resultado final: "Que dice papá que el Madrid ha perdido 2-0 pero que ha jugado muy bien, y que además, el Barça también ha caído eliminado en la Copa de la UEFA".

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Jarro de agua fría, a pesar del alivio del fiasco del eterno rival. Todo inolvidable.

Hubo que esperar a 1987 para la segunda eliminatoria entre los dos clubes más grandes del mundo, en plena eclosión de la "Quinta del Buitre". Partido de ida. Muy mal partido del equipo de Beenhakker, culminado por una "parada" dentro del área del central asturiano Mino con el correspondiente penalti. Al final, 4-1 y pocas posibilidades para la vuelta.

Al año siguiente, la historia fue diferente...hasta cierto punto. Confieso que mi cuerpo temblaba literalmente antes, durante y después del partido. Nunca he sentido más miedo que en las visitas al legendario Estadio Olímpico, a pesar de la pista de atletismo. El Madrid, que estaba haciendo un temporadón, se veía sin comerlo ni beberlo con un 3-0 en contra en un césped helado, rodeado de nieve por todos lados. Pero el milagro llegó en los últimos diez minutos. Dos goles de los geniales Butragueño y Hugo Sánchez nos dieron a mi padre y a mí un chute de alegría y optimismo, refrendado en la vuelta por el recordado 2-0. A la tercera fue la vencida y el Real Madrid eliminaba al fin a la ya denominada su "bestia negra".

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La visita del 9 de mayo de 2000 fue especialísima para el que suscribe. Partido de vuelta de semifinales, después del 2-0 de la ida, y me toca retransmitir el partido en mi televisión local Velevisa, en la que he trabajado 34 años. ¡Qué distinto es vivir el partido trabajando y tratando de ser frío y ecuánime! Apenas me puse nervioso. ¡Cómo canté el gol de cabeza de Nicolás Anelka! 2-1 y a la final de París, que terminaría con la consecución de la Octava.

Al año siguiente, de nuevo frente a frente, con el refuerzo de Luís Figo. El 0-1 del Bernabéu no presagiaba nada bueno, pero el equipo dio la cara, a pesar de volver a caer 2-1.

Y como no hay dos sin tres, en 2002, el año del Centenario, nuevo enfrentamiento. Y esta vez en Múnich, fue por delante en el marcador gracias a un afortunado gol de Geremi, que fue contrarrestado en los últimos diez minutos por dos tantos de Effenberg y Pizarro. En la vuelta, volví a experimentar la sensación única de retransmitir el 2-0 para los blancos, que fue fundamental para el logro de la Novena en Glasgow.

Dos años más tarde, de nuevo la "bestia negra" frente al "ogro blanco". Y esta vez con empate a uno, gol nuestro del mítico Roberto Carlos. En la vuelta, Zizou puso las cosas en su sitio y nos clasificó. La balanza empezaba a desnivelarse a favor de los nuestros.

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En 2007, me tocó vivir el choque en Múnich, trabajando, concretamente en la retransmisión in situ de un partido de baloncesto local. No me estaba enterando casi de nada, aunque sí que me contaron que anularon un gol en el último minuto a Sergio Ramos, que hubiera supuesto la eliminación de los muniqueses. No pudo ser.

En 2012, con el controvertido José Mourinho en el banquillo y con el equipo realizando una gran campaña, teníamos un empate que hubiera sabido a gloria celestial, pero el tanto de Mario Gómez en el 90' provocó el 2-1 para los locales. Mal sabor de boca, que se elevó a la enésima potencia cuando en la vuelta caímos en los penaltis, con los recordados fallos de Cristiano, Kaká y Sergio Ramos. Aún recuerdo las lágrimas del técnico portugués, de rodillas, en el césped del Santiago Bernabéu.

Y viene la gran época del Real Madrid, la segunda etapa dorada de nuestro Club.

En 2014, con Ancelotti en el banquillo, nada bueno hacía presagiar el escuálido 1-0 de la ida con el gol de Benzema a pase de Coentrao (los milagros existen).

El partido de vuelta, ya en el espectacular Allianz Arena, fue uno de los mejores partidos de la rica historia "merengue". 0-4 al equipo de Josep Guardiola i Sala, con dos goles de Sergio Ramos y otros dos de Cristiano Ronaldo. Éxtasis. Los árboles de la capital de Baviera ardieron, según predicción de Karl Heinz Rummenigge, pero a favor de los que a la postre, consiguieron la proeza de "La Décima".

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En 2017, ya con Zinedine Zidane en el banquillo, me tocó otra vez seguir el partido por internet, ya que era Miércoles Santo y estaba retransmitiendo la Semana Santa en directo. Se adelantó el Bayern con gol de nuestro "queridísimo" Arturo Vidal, el árbitro les regaló un penalti inexistente (fallado, por supuesto) y Cristiano Ronaldo puso las cosas en su sitio con dos tantos en la segunda mitad. Qué buen Miércoles Santo, amigas y amigos.

En 2018, otra vez emparejados los dos monstruos del fútbol continental. En la ida, gol de Kimmich para los de Heynckes, contrarrestado por los golazos de Marcelo al borde del descanso y Asensio, en una contra vertiginosa. A la postre, llegó la Decimotercera, único equipo en conseguir tres Champions consecutivas en el nuevo formato.

Y hace solo dos años, 2-2 en Múnich, con un Vinícius excelso tanto en la ida como en la vuelta, y el aún presente doblete de Joselu en los últimos tres minutos del tiempo reglamentado.

Ahora llega una nueva visita al "ogro muniqués" pero con la sensación de que el Real Madrid será capaz, de nuevo, de voltear todos los pronósticos pesimistas y poner una nueva piedra para lograr el próximo 30 de mayo, en el Puskas Arena de Budapest, la Decimosexta.

Así sea.

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