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·8. Juli 2026
Bielsa, Ancelotti y un debate que abrió el Mundial: ¿los entrenadores extranjeros entienden a las selecciones?

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No hay diario más cómodo para opinar que el del lunes. Con los resultados puestos, cualquiera es Gardel. Hasta los que no tienen voz. Pero el Mundial ha dejado en los últimos días algunas señales contundentes que vale la pena detenerse a analizar. Las eliminaciones de Uruguay, en primera ronda, y de Brasil, en octavos de final, tienen un punto en común: las críticas mayoritarias de hinchas y periodistas a Marcelo Bielsa y a Carlo Ancelotti. Y el argumento que las sostiene también es el mismo: ambos entrenadores no habrían entendido la identidad de las selecciones que dirigieron. Se abre, entonces, un debate interesante: ¿es un error contratar a un entrenador extranjero para conducir a una potencia futbolística?
La zona mixta del estadio MetLife, en Nueva Jersey, fue una caldera tras la prematura eliminación brasileña ante Noruega. Y el principal apuntado fue Ancelotti. Las críticas se concentraron en sus decisiones tácticas. El cuestionamiento fue casi unánime: Brasil no salió a atacar a un rival que, paradójicamente, terminó el partido con el 66 por ciento de la posesión del balón. Y Noruega, con Erling Haaland como figura, no se caracteriza precisamente por elaborar largos circuitos de pases.
«Ancelotti se equivocó mucho. Si hubiera sido un entrenador brasileño, ya lo habrían destrozado. Pero como es extranjero nadie dice nada. ¿Cómo puede Brasil pasarse 90 minutos defendiendo contra Noruega? Brasil jugó con miedo», disparó Vanderlei Luxemburgo, campeón de la Copa América 1999. Y profundizó: «Basta de ese síndrome según el cual todo lo que viene de afuera es automáticamente mejor. El fútbol brasileño necesita más Brasil. Más identidad, más confianza en lo nuestro y más respeto por nuestros profesionales y por la esencia misma del fútbol brasileño».
Luxemburgo no fue el único que levantó la voz. «Faltó actitud y faltó fútbol de verdad. Fuimos pequeños ante Noruega», aseguró Romario. «Tengo que ser honesto: creo que esta eliminación comienza con las decisiones desde el banco. Ancelotti es uno de los mejores entrenadores de la historia del fútbol, pero cometió demasiados errores. Todavía no entiendo por qué Joao Pedro no formó parte de este plantel. Ha tenido una temporada excepcional, está en forma y Brasil necesitaba un delantero capaz de ofrecer algo diferente», agregó Ronaldo.
«Entiendo que el entrenador tenga sus convicciones, pero yo habría puesto a Neymar de titular. Neymar podría haber convertido el primer penal y el partido habría sido otra historia», aportó Felipe Melo. «Nos faltó alma y espíritu colectivo. Esta camiseta es demasiado pesada para llevarla con este tipo de esfuerzo apagado. Necesitamos una reflexión profunda porque este rendimiento simplemente no estuvo a la altura de Brasil», completó Roberto Carlos.
Algo parecido a Ancelotti le ocurrió a Marcelo Bielsa en Uruguay. La Celeste se despidió en la primera ronda sin ganar un solo partido y las críticas más severas al rosarino de 70 años apuntaron a una supuesta incapacidad para comprender la idiosincrasia del fútbol uruguayo. Incluso trascendió que algunos futbolistas le pidieron modificar ciertos métodos y torcer su idea futbolística. El juego frenético, ofensivo y de presión alta que pregona el Loco chocó con una cultura futbolera acostumbrada a competir desde otro lugar: el de la resistencia, el sacrificio y, muchas veces, la sensación de inferioridad como punto de partida. Bielsa no le teme a nadie. Uruguay, en cambio, históricamente se ha sentido cómodo construyendo desde el papel de menos favorito.
«Bielsa contaminó el ambiente, nunca entendió dónde estaba y los jugadores nunca lo comprendieron. La tristeza que siento también es por los futbolistas, porque dejaron todo, pero no tuvieron la oportunidad de pelear de igual a igual con otras selecciones porque no tuvieron un entrenador que los guiara por el buen camino. Cambios inentendibles, tácticas inentendibles», disparó Diego Lugano.
En la vereda opuesta de Bielsa y Ancelotti puede ubicarse Gustavo Alfaro, quien acaso haya sido el más paraguayo de todos durante este Mundial. Es cierto que Paraguay no llegó a la Copa del Mundo con grandes pretensiones, pero el entrenador argentino entendió rápidamente cuál era el combustible emocional de su equipo y construyó desde allí. «Tengo 26 guerreros», repitió en casi todas sus conferencias de prensa. Y Paraguay respondió como indica su historia: luchó más de lo que jugó, resistió más de lo que propuso y compitió hasta el límite de sus posibilidades. Consiguió una clasificación épica contra Alemania y puso contra las cuerdas a Francia.
Pero el fútbol, se sabe, nunca ofrece respuestas definitivas. Las experiencias recientes de Bielsa, Ancelotti y Alfaro vuelven a poner sobre la mesa una pregunta tan vieja como vigente: en las selecciones, donde la identidad pesa tanto como el talento, ¿el entrenador debe enseñar una idea o, antes que nada, comprender el alma del equipo que le toca dirigir?
La discusión seguirá abierta. Habrá quienes sostengan que Bielsa y Ancelotti fracasaron por cuestiones futbolísticas y quienes crean que nunca lograron interpretar el ADN de Uruguay y de Brasil. Lo cierto es que, en tiempos en los que el fútbol parece cada vez más globalizado, este Mundial volvió a recordar que las selecciones nacionales de mayor calibre siguen siendo, ante todo, una cuestión de identidad. Tal vez por eso España, Francia y Argentina dominan el deporte en los últimos años.
/ElClarin







































