Camavinga, el talento que no sabe dónde vivir | OneFootball

Camavinga, el talento que no sabe dónde vivir | OneFootball

In partnership with

Yahoo sports
Icon: Un 10 Puro

Un 10 Puro

·12. April 2026

Camavinga, el talento que no sabe dónde vivir

Artikelbild:Camavinga, el talento que no sabe dónde vivir

Hay jugadores que lo tienen todo y no tienen nada. Eduardo Camavinga llegó al Real Madrid con 18 años y la etiqueta de generación. Zurdo, veloz, con ese descaro físico que solo da la inconsciencia de ser joven y no saber todavía lo que cuesta. Lo ficharon para el futuro y el futuro, cinco temporadas después, sigue sin llegar.

La crónica de su hundimiento tiene varios capítulos, pero el más reciente se escribió en el Bernabéu ante el Girona. Salió de cambio en el minuto 79. El estadio lo despidió con pitos. No es un dato menor: el Bernabéu es un público que sabe esperar, que tiene memoria y que, cuando abuchea, lo hace con conocimiento de causa. Esa pitada no fue un accidente. Fue un veredicto.


OneFootball Videos


El problema de fondo no es técnico. Es de identidad futbolística

Arbeloa lleva meses intentando resolver un acertijo que el propio Camavinga no sabe responder: ¿dónde rinde mejor? Lo ha probado de interior, de pivote, de mediapunta disimulado. Nada termina de cuajar. El técnico madridista lo explicó con la sinceridad de quien ya no sabe qué más hacer: "Él se siente muy cómodo de seis. Entiende que esa es la posición donde más rinde". El problema es que el Bernabéu, y los resultados, no terminan de confirmar esa autopercepción.

Deschamps tiene el mismo dilema en la selección francesa. Lo convoca siempre, juega poco o nada. Como si todos vieran en él algo que él mismo aún no ha sabido materializar con consistencia.

Hay una razón estructural detrás de este estancamiento, y no es solo responsabilidad del jugador. El Madrid lleva dos temporadas sin hoja de ruta clara en el centro del campo. Con Kroos y Modric, todo fluía porque había automatismos sedimentados durante años, una cultura táctica compartida que no necesitaba ser explicada. Ahora no existe ese mapa. Y en un equipo sin brújula colectiva, los jugadores que necesitan referencias para rendir —y Camavinga es uno de ellos— terminan funcionando a fogonazos: una jugada espectacular aquí, un error defensivo grosero allí, un pase en profundidad para Mbappé seguido de una pérdida en zona de riesgo que abre el campo al rival.

Irregular es la palabra. Inseguro, la sensación

En Mallorca fue señalado en el gol que dio el triunfo al equipo local: desajuste, pérdida de marca, descuido de un segundo que cuesta tres puntos. Ante el Girona, no tapó el disparo de Lemar desde la frontal que supuso el empate. Dos partidos, dos errores defensivos decisivos, dos avisos que Arbeloa no puede ignorar. Y de fondo, el partido de vuelta de cuartos de Champions ante el Bayern de Múnich esperando, con Tchouameni sancionado y el francés como principal candidato a ocupar su lugar en la medular.

La pregunta es si Arbeloa le va a dar esa confianza. La respuesta, a estas alturas, parece negativa. El Bayern no perdona los regalos. No es un equipo para experimentos ni para confiar en que un jugador que lleva semanas al borde del abismo de repente encuentre la versión de sí mismo que prometía cuando aterrizó en la capital con 18 años y el mundo por delante.

Hay algo casi trágico en su situación

Camavinga tiene 22 años y contrato hasta 2029. Sobre el papel, el tiempo está de su lado. Pero el fútbol no espera y los clubes tampoco. El Madrid lo ve estancado. No como un jugador que está pasando un bache, sino como uno que lleva demasiado tiempo sin evolucionar en los aspectos que más importan: visión táctica, fiabilidad en el pase bajo presión, consistencia defensiva. Las condiciones físicas siguen ahí —la velocidad, la potencia, el motor— pero el fútbol moderno le exige más que atletismo.

Hubo un tiempo en que Camavinga era la mejor noticia que podía recibir un madridista cuando su equipo iba perdiendo en una noche de Champions. Entró como revulsivo en las remontadas ante el PSG, el Chelsea y el City. Transmitía ese caos energético que un partido complicado a veces necesita. Era la Mentos en la Coca-Cola, el ruido cuando el equipo estaba mudo. Entonces tenía 19 años y la inconsistencia era un rasgo de juventud, algo que el tiempo corregiría.

Ahora tiene 22. Y la inconsistencia ya no es un rasgo de juventud. Es un perfil.

Su futuro en el Madrid depende de lo que haga en las próximas semanas. Hay equipos interesados. Hay directivas que contemplan la opción de venderlo en verano si el rendimiento no cambia. Da lo mismo el contrato largo. En el fútbol, cuando un jugador deja de convencer a la gente que toma las decisiones, los papeles son lo de menos.

Camavinga sabe bailar. Lo demostró en los vestuarios, en las celebraciones, en esos momentos donde el talento no necesita explicarse. El problema es que el fútbol se juega en el campo y allí, últimamente, la música no le está saliendo.

Impressum des Publishers ansehen