Balonazos
·23. Juni 2026
Confieso que he vivido…

In partnership with
Yahoo sportsBalonazos
·23. Juni 2026


Del libro de memorias del poeta chileno, Pablo Neruda (1904-1973) tomó este título «Confieso que he vivido…» para esta croniquilla, que me inspira haber asistido a la epopeya de un pequeño gigante del fútbol mundial, Lionel Messi.
Desbaratando los prejuicios inoficiosos, de esos que en sus frustraciones personales proyectan una imagen negativa de todo lo que no complace sus obsesiones, ese argentinito que nos ha hecho la vida con sus cabriolas y goles, nos puso los pelos de punta con su accionar en dos partidos de la cita orbital que se juega en este momento.
Que si pecho frío. Que FIFA le regala todo. Que por qué no lo expulsaron en el primer juego, a un tipo que le han dado sopotocientas patadas en su vida, y se le fue una pierna. Y pare de contar.
No me cuenten de los que no vi, sino de los que estos ojos han visto.
A Messi que lo veo hace 20 años por televisión, y en Puerto La Cruz lo vi de cerca, en carne y hueso. Precisamente, la noche en la que lo patrulló Tomás Rincón y la Vinotinto terminó ganando con el gol del vasco Amorebieta.
Lo vi en las copas frustradas de Brasil 2014 y Francia 2018. Pero la revancha llegó en su épica coronación en Qatar 2022.
No pensé que llegaba en esta forma, luego de irse al fútbol de USA, atraído por la oferta de Beckham al Inter de Miami. Ese torneo que parece un cementerio de elefantes, donde van a morir las grandes figuras en declive.

Se equivocaron y el “enano” rosarino sigue marcando una época, en la que, a pesar de las insanas comparaciones con Cristiano Ronaldo, uno no tiene nada que ver con el otro.
Messi es un genio, un extraterrestre. Cristiano es un atleta consumado. Los disfruto a los dos.
Si Argentina puede retener el título, ya es otro asunto. Pero ya Messi se encumbró como el mayor anotador en la historia de los Mundiales de Fútbol, destronando al alemán Klose.
Y no se extrañen que entre Messi, Mbappé y Haaland , con las disparidad de fuerzas en este mundial populista, pueda estar la quiebra el récord de 13 goles en un solo torneo, lograda por el francés Just Fontaine.

De Pelé, al que vi por primera vez en blanco y negro en México 70, con la mejor selección de todos los tiempos, en el único televisor de casa del vecino que había en mi barrio.
Y lo tuve un día en una rumba, a mi lado, en Caracas en el Hotel Hilton, repartiendo abrazos y firmas. Gracias a la invitación del negro Jurandir, un brasileño que jugó mucho tiempo en Venezuela y montó unos negocios donde la caipirinha desbordaba las mesas.
A Maradona, ese malandro de fábula, tanto dentro como fuera de la cancha, que marcaba goles con las manos y otros que ni la inteligencia artificial podría inventar, lo tuve saltando a mi lado y lo entrevisté en la previa de aquel Venezuela vs Argentina en San Cristóbal, camino a México 86.
El flaco Nelson Carrero, supuestamente lo había marcado bien, pero lo sufrimos. A pesar del gol más emocionante de la historia de la Vinotinto, con aquel “sanbombazo” –invento de Lázaro Candal- de René Torres, que le rompió el arco a Fillol, y un cabezazo magistral de Herbert Márquez, perdimos honrosamente, como se decía por aquel entonces.
Lo cierto es que Diego terminó ganando la segunda estrella para Argentina en el 86, y su leyenda de chico malo y atorrante, se maquilló con sus ejecutorias dentro de los rectángulos y sus declaraciones, de vez en cuando, de reivindicación del futbolista, ante el reino de la FIFA.
Pelé, Maradona y Messi… Cuándo aparecerá otro igual. Todos suramericanos. Reyes nuestros, de un continente de sueños y esperanzas, donde el fútbol es capaz de matar el hambre.







































