La Galerna
·17. April 2026
Cuando Santamaría secó a Peñarol

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En la ida de la final de la Copa Intercontinental de 1960 se midieron el mejor equipo de Europa, el Real Madrid, y el de Sudamérica, los uruguayos de Peñarol. Pepe Santamaría llevaba tres años en el conjunto blanco, y esta competición le permitía regresar a jugar a su tierra. El defensa tuvo diferentes actuaciones de leyenda en su etapa blanca en encuentros contra el Atlético de Madrid, Atlético de Bilbao, F.C. Barcelona o en la final de la Copa de Europa de 1958 contra el AC Milan. Pero aquella contra Peñarol concentró numerosos elogios en analistas, periodistas y medios de ambos continentes.

Santamaría se había hecho futbolista en las filas de Nacional y su gran rival deportivo siempre ha sido Peñarol, por lo que el partido suponía un desafío especial para el zaguero. A lo largo de su vida declaró siempre su amor por el cuadro carbonero, y es que cada partido contra su eterno adversario era una gran batalla. Como habló en la revista Túnel en 2016, la rivalidad entre ambos conjuntos uruguayos “es muy grande y va más allá de lo que sucede en el campo”. También en la revista uruguaya Estrellas Deportivas alabó esos partidos porque como ese “no hay otro en el mundo. Nuestra rivalidad es insuperable. Vivimos todo el año pensando exclusivamente en esos encuentros y ello provoca un estado tan especial que el jugador necesita mucha frialdad para superar con éxito ese compromiso. Los uruguayos, desde que nacemos, los de Nacional queremos ganarle a los de Peñarol y estos a los otros. Y así la tensión es cruel. El jugador llega a mortificarse y hay que estar realmente muy bien templado para superar ese ambiente”.
Santamaría se había hecho futbolista en las filas de Nacional y su gran rival deportivo siempre ha sido Peñarol, por lo que el partido suponía un desafío especial para el zaguero
Peñarol conquistó la primera edición de la Copa Libertadores en 1960 ante Olimpia de Asunción, y con la creación de la Copa Intercontinental desafió al cuadro madridista que ya era pentacampeón de Europa. El equipo carbonero contaba con una delantera excepcional que en Sudamérica había demostrado un nivel sobresaliente. El quinteto estaba formado por los uruguayos Cubilla, Hohberg y Borges, el argentino Linazza y el ecuatoriano Alberto Spencer. A Hohberg y Borges el central madridista los conocía bien, puesto que había compartido momentos con ellos en la selección uruguaya y los tres acudieron con La Celeste al Mundial de Suiza’54.

El partido se programó para el 3 de julio, nada más acabar la temporada en España, pero con Peñarol en pleno apogeo de su curso futbolístico. Apenas dos semanas antes habían levantado la Libertadores, mientras que los madridistas perdían en la final de la Copa ante el Atlético de Madrid. También era importante el factor climatológico, con una España recién entrada en el verano a la vez que en Montevideo comenzaba el invierno.

El equipo blanco viajó el 29 de junio, en un vuelo de 14 horas con escala en Buenos Aires, hasta llegar a Montevideo. Su recibimiento en el hidropuerto fue apoteósico, con las instalaciones abarrotadas de aficionados e hinchas que querían ver de cerca a los madridistas. Todos los periódicos abrían con información del partido y dos jugadores acaparaban la atención. Uno, Di Stéfano, el mejor jugador del mundo, al que todos querían ver en directo; y el otro, Santamaría, por volver a la ciudad que nació y enfrentarse a Peñarol, el gran adversario del equipo cuya camiseta se había enfundado durante una década en Uruguay hasta su fichaje por el Real Madrid.

La lluvia caída en la capital uruguaya durante las horas previas al partido y también en el transcurso del juego fue abundante, y afectó de manera decisiva al césped del estadio Centenario de Montevideo. El terreno de juego fue un auténtico barrizal en el que practicar un buen fútbol se hizo imposible. Pese al mal tiempo la expectación por el choque había causado sensación en Montevideo y, aunque la cifra de entradas vendidas de manera oficial era de más de 71.000, en las gradas, según las crónicas, se superaron los 80.000 espectadores.

Santamaría compartió zaga madridista con Pachín y Marquitos. El partido en general para los cronistas fue pobre en calidad, pero muy alto en cuanto a intensidad. Hubo varias ocasiones por ambos bandos y terminó empate a cero al imponerse las defensas a los ataques. Si en el aspecto ofensivo los elogiados por parte merengue fueron Di Stéfano y un Del Sol que sorprendió a muchos que no le conocían, en defensa se agigantó la figura de Santamaría, que recibió fantásticas críticas y loas a su actuación siendo clave, además, sacando un balón bajo palos. Al final del duelo habló con la prensa de su país y recalcó que “dentro de un conjunto como el aurinegro, que sabe jugar con el balón, se destacaron sobre sus demás compañeros los integrantes de la defensa, en particular Gonçalves y Salvador”. Agregó luego que “en España las posibilidades de ambos resultan más o menos como aquí en Montevideo”.
"Santamaría salía siempre victorioso. En el bloque defensivo español destaca. Es más jugador que el resto”
En España, en la crónica del diario Marca firmada por Nemesio Fernández Cuesta tuvo la mejor nota (de 3 puntos) junto a Di Stéfano, y su labor fue valorada como “eficiente conteniendo la ofensiva dirigida por Spencer”. En Pueblo, escribió Gilera que Santamaría lideró la “seguridad firme” en defensa. En el diario Ya destacaban que “taponó brechas y numerosos españoles aquí residentes aplaudieron su espléndida colocación”. En el diario Arriba el enviado especial Jaime Campmany ponía el foco en que “Santamaría fue un puntal del bloque defensivo”. Por su parte, en 7 fechas apuntaron que “destacó la figura de Santamaría brillando a gran altura”. Por último, la Agencia Mencheta en una crónica telefónica desde Montevideo describió el juego del central como “un auténtico control de la defensa, atento a su cometido y al de sus compañeros de línea”.
En publicaciones del viejo continente, como la revista francesa Football Magazine, se pudo leer que “la calidad defensiva del defensa central poderoso Santamaría progresa en cada partido”. Mientras que el famoso periódico italiano La Gazzetta dello Sport señaló que “el juego efectivo del central Santamaría era de todo menos extraño”.

Al otro lado del océano también se puso en valor el juego, la aptitud defensiva y el nivel de Santamaría, que se coronaba como el mejor defensa del mundo. En el periódico uruguayo El Bien Público este fue el comentario sobre su actuación individual: “Lo mejor de la defensa fue el rubio exzaguero tricolor. Lució mucho en el juego por elevación, y por bajo quitó siempre, siendo el ‘alma’ de esa defensa. Aunque su modalidad haya sido cambiada tiene la misma efectividad y un gran estado físico”. Por otro lado, en la revista argentina Goles le evaluaron como “barrera infranqueable como colaborador de su propia defensa y como paciente y agudo elaborador de ataques y generador de apoyo”. En otra publicación mítica del mismo país, El Gráfico, la crónica de Ernesto Lazzatti exaltaba al hispano-uruguayo en estos términos: “Santamaría, un número cinco que juega como zaguero centro, hace zona, no va tras la marcación de un jugador determinado sino que espera en las inmediaciones de su arquero a quien se proyecte como peligro inminente. En su función emplea movilidad, es dúctil en la obstrucción y el quite y cuando le dan tiempo trata de salir jugando”. En Chile, por ejemplo, la revista Estadio que “la delantera local no tenía entradas como las del rival porque Santamaría salía siempre victorioso. En el bloque defensivo español destaca. Es más jugador que el resto”.

Santamaría en su posición de defensa fue un innovador y creó un estilo diferente, en una época en la que los defensas eran fuertes, contundentes, rudos y sobre todo expeditivos en las marcas. Se complicaban poco, no intentaban jugar la pelota y su principal objetivo eran el despeje y que si pasaba el balón no lo hiciera el delantero. En varias entrevistas, cuando le preguntaban por su labor y sus características, Santamaría dejaba claro que era un central distinto al resto. En Don Balón afirmó que su principal característica era que “construía desde atrás. Yo empecé a hacer ese juego, creo que gustó, que dio resultado y por eso mantuve la titularidad. Yo jugaba más sobre el delantero centro en punta que hoy en día se mueve mucho, procura llevarse a su marcador; entonces se quedaba ahí y había que marcarlo y estar atento a los cruces de los laterales por si había extremos veloces. Yo procuraba quitarle la pelota al contrario y dársela al compañero mejor colocado o que no tuviera a su par encima. Fui un defensa técnico. Siempre he creído que el fútbol se construye desde la defensa”. Por su parte, en la revista Túnel le pidieron una definición como jugador: “Corría todo el partido. Fui un jugador muy trabajador. Muy esforzado en solucionar problemas dentro de la cancha. Iba bien por arriba y salía jugando por abajo. Fui volante central y back derecho. Mi misión siempre fue robar la pelotita y desde atrás jugarla bien. Y como defensor, jamás dejar que el atacante se acerque a menos de diez metros del área para que no sorprenda desde fuera del área”.
Dos meses después, Peñarol devolvió la visita a los madridistas y se llevó una goleada. Los blancos vencieron por 5-1, e inauguraron el palmarés del nuevo trofeo. Santamaría, en una entrevista años después en el diario Marca, explicó que aquel triunfo fue “uno de sus mejores recuerdos, un momento estelar y es probable que fuera la ocasión de terminar de proclamar al Madrid como el mejor equipo del mundo”.
Fotos: Alberto Cosín


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