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·21. Juni 2026

El banco salvó a Alemania: remontada épica y pase a 16avos ante Costa de Marfil

Artikelbild:El banco salvó a Alemania: remontada épica y pase a 16avos ante Costa de Marfil

Hay verdades en el fútbol que no pueden discutirse: nunca hay que dar por vencidas a las grandes selecciones, y eso incluye a Alemania. En una tarde canadiense que rozó el drama absoluto para el tetracampeón del mundo, la selección de Julian Nagelsmann tuvo que bajarse del pedestal, sufrir el rigor físico de un rival colosal y apelar a la mística de su camiseta para revertir un partido que parecía un laberinto sin salida. Al final, el premio fue gigante: un triunfo reconfortante que los mete de cabeza en los dieciseisavos de final del Mundial.

El inicio del encuentro mostró la partitura que todos esperaban, pero con una Alemania demasiado expuesta en el retroceso. La maquinaria europea arrancó encendida, avisando con un cabezazo venenoso de Kai Havertz, que el arquero Yahia Fofana desvió con una estirada monumental. Hubo incluso un grito ahogado cuando Aleksandar Pavlović mandó la pelota a la red tras un tiro de esquina, pero el árbitro principal detectó una falta previa sobre el arquero marfileño y apagó los festejos.


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Costa de Marfil leyó el mensaje rápidamente y no se amedrentó. Apoyados en un despliegue físico extenuante y transiciones directas comandadas por la velocidad eléctrica de Yan Diomandé, los africanos adormecieron el circuito de juego germano justo después de la pausa de hidratación. El golpe táctico se transformó en realidad tras una notable combinación colectiva por la banda izquierda; un desborde letal terminó en un centro venenoso, un desorden en el corazón del área y un rebote providencial que el capitán Franck Kessié mandó al fondo de la red.

A partir de ahí, la frustración teutona mutó en desconcierto. La tecnología le ahogó un segundo grito de gol a Havertz por una falta previa de Jamal Musiala en la recuperación de la pelota y, por si fuera poco, Nico Schlotterbeck tuvo que dejar el campo por lesión. Alemania se marchaba al descanso confundida, herida y contra las cuerdas.

El complemento arrancó con la misma tónica de peligro. El combinado marfileño tuvo en sus pies dos contragolpes clarísimos para liquidar el pleito, pero la juventud e inexperiencia les jugó una mala pasada en la definición. Y lo pagaron caro.

Viendo que el barco se hundía, Nagelsmann pateó el tablero de manera radical mandando a la cancha un triple cambio que cambiaría el destino de la tarde: Jamie Leweling, Nadiem Amiri y Deniz Undav saltaron al césped con el cuchillo entre los dientes. La apuesta de laboratorio funcionó de inmediato. Amiri aceleró a fondo por el carril derecho y lanzó un centro envenenado que Undav conectó con un cabezazo letal, devolviéndole el alma al cuerpo a la parcialidad europea.

El tramo final se convirtió en un drama de ida y vuelta de alta tensión, pero el desgaste físico empezó a pasarle factura a los africanos frente a la jerarquía de un banco alemán que oxigenó al equipo. Cuando el empate parecía sellado y las pulsaciones devoraban el ambiente en el tiempo de descuento, apareció el ADN competitivo de los germanos. Undav se acomodó en el centro del área, con la frialdad de los elegidos, y sacó un zurdazo seco y potente que dejó sin opciones a Fofana.

Doblete, locura en el banco de suplentes y pasaporte en mano. Alemania sufrió de más, pero expuso sus credenciales de serio aspirante a la copa. Ahora cerrará el grupo con tranquilidad ante Ecuador, mientras que Costa de Marfil deberá jugarse la vida y el pase frente a Curazao en la última jornada.

Crónica: Susana González López

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