Da igual la pelota
·11. Januar 2026
El Clásico de las cuentas pendientes

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·11. Januar 2026

La final de la Supercopa de España en Jeddah no es un clásico más. Barça y Real Madrid vuelven a encontrarse con un título en juego, pero también con demasiadas heridas abiertas como para reducir el duelo a lo meramente deportivo. El segundo clásico de la temporada llega cargado de tensión, con aroma de revancha y con un trasfondo institucional que añade todavía más picante a un enfrentamiento histórico.
Joan Laporta fue el primero en subir la temperatura en la previa. El presidente del FC Barcelona verbalizó públicamente lo que ya se intuía desde hace meses: “Las relaciones con el Real Madrid están totalmente rotas”. Una declaración contundente, sin diplomacia, que refleja el deterioro absoluto entre dos entidades que, si siempre fueron rivales acérrimos, ahora transitan caminos opuestos también fuera del terreno de juego. El caso Negreira, las acusaciones desde el entorno blanco y el pacto del Barça con la UEFA que enterró definitivamente la Superliga han marcado un punto de no retorno.
Pero si el contexto institucional añade ruido, el deportivo no se queda atrás. El Real Madrid logró romper esta temporada el dominio blaugrana en los clásicos con su victoria en la primera vuelta de Liga en el Santiago Bernabéu. Un 2-1 que aún escuece en el vestuario culé, como reconoció Èric Garcia en la previa: “Las bajas no eran una excusa”. Aquella derrota se produjo sin Joan Garcia ni Raphinha, dos piezas hoy fundamentales para Hansi Flick, pero también evidenció un problema de eficiencia en un Barça que dominó la posesión y los pases, sin traducirlo en goles.
El equipo de Flick llega a la final rechazando el cartel de favorito, aunque con mejores sensaciones colectivas y la ambición de confirmar la inercia ganadora del curso pasado. Enfrente, el Real Madrid de Xabi Alonso se juega mucho más que un título. La Supercopa aparece como un punto de inflexión para un proyecto todavía en construcción y supervisado de cerca por Florentino Pérez.
Ganar supondría para el Barça el cuarto título con Flick en el banquillo y un golpe de autoridad ante su eterno rival. Perder, en cambio, reabriría dudas y cicatrices que nunca terminan de cerrarse cuando el rival viste de blanco. Para futbolistas formados en la casa como Fermín, Cubarsí, Balde o Èric Garcia, este clásico no entiende de contextos ni de negocios: es personal. Y cuando hay cuentas pendientes, el fútbol suele dejar paso a la batalla.
Autor: Manuel Carmona
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