El Blog Íntimo
·11. März 2026
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Tras la caída del rival directo —y de toda la vida— en Andahuaylas, y el sorpresivo ascenso a puestos de vanguardia de, precisamente, Los Chankas, la consigna aliancista era una sola: ganar y empezar a despuntarse. En esta carrera de largo aliento que es la Liga 1, opaca y tortuosa como pocas, pero al mismo tiempo alegórica y folclórica, resulta importante aprovechar cada oportunidad para sacar ventaja. Cada punto, cada gol, es vital.
Y aunque el rival de turno tenga los ribetes de un club que viene peleando del medio hacia arriba desde hace al menos un oncenio, la realidad mostraba a un cuadro en mal momento, imposibilitado —por sí mismo— de levantar cabeza, y que buscaba en Matute un poco de maná para mantenerse vivo en este durísimo RPG llamado fútbol peruano.
El Equipo del Pueblo, por su parte, venía de una pírrica victoria en tierras cajamarquinas que parecía dejar más dudas que sonrisas. Es que es el Alianza, pues. Ganar no basta. Hay que ganar bien, gustar, convencer. Lo de la “garra”, para nosotros, es cuento chino: una forma marketera, apenas, de rebautizar la champa. Nosotros tenemos otras exigencias. Para bien o para mal, así somos.
Y es por eso mismo que la victoria de anoche es tan significativa. Porque Alianza Lima ganó bien, gustó y convenció. Y porque hoy no solo estamos en la cima, sino que además —y quizá más importante— respiramos mucho más tranquilos.
Hablemos, pues, un poco más de este partido: con diferencia, el mejor de la era Guede.
El once titular, cuadro por cuadro
Pablo Guede dispuso un once titular que ya desde la previa se veía interesante: a pesar de la confirmada recuperación física de Guillermo Viscarra, se siguió apostando por la continuidad de Alejandro Duarte en la portería. Renzo Garcés, como líder defensivo, volvió a estar acompañado por Mateo Antoni en la zaga. Por izquierda, Marco Huamán —decisión que generó algunas dudas que, por supuesto, a estas alturas ya están más que disipadas—; por derecha, Luis Advíncula.
En el medio habría novedades: Esteban Pavez, como ancla, dispondría de dos interiores nominales, Fernando Gaibor y Alan Cantero. Luego veremos cómo funcionó en la práctica. Del mismo modo, Jairo Vélez aparecía como extremo por derecha, mientras que Kevin Quevedo haría lo propio por izquierda. Paolo Guerrero, de nueve y de capitán, como corresponde.
Con la vuelta de Advíncula a la línea defensiva, Guede dio un buen primer aviso de rendición ante lo fáctico: en efecto, Lucho no funciona de extremo. Es lateral. Y, aun sin destacar, como mínimo cumple en su función natural. Esto terminó fortaleciendo uno de los puntos donde Alianza se había mostrado mejor, además de aportar amplitud ofensiva con sus constantes trepadas.
Entendiendo que Garcés y Antoni siguen mostrándose como una pareja de centrales bastante solvente —aunque todavía preferiría la dupla Garcés-Chávez—, hablemos ahora de Huamán. En Cajamarca, como lateral derecho, había cumplido una actuación táctica impecable; ahora, por izquierda, parece tener incluso mejores aptitudes.
Por increíble —o exagerado— que parezca, estamos ante la versión juninense de Phillip Lahm. Aún cuesta explicar su rápida evolución. Vamos: no es que haya sido un punto especialmente bajo desde que llegó al club —aunque pocos levantaron la voz cuando se confirmó su salida—, pero si hubiera alcanzado este nivel entre 2024 y 2025 no habría habido forma de prestarlo a Cienciano, ni a nadie.
En todo caso, entre tantas hipótesis, me quedo con la que más mérito le concede: tal vez el buen Marco, que ya había sido presentado oficialmente en el Papá cusqueño, necesitaba este amago de partida para valorar más la gran oportunidad que representa estar en Alianza Lima. A partir de ahí, el resto es suyo. Y su esfuerzo podría verse recompensado con más y más partidos como titular, en un puesto abandonado por Miguel Trauco y en el que Cristian Carbajal todavía no ha logrado convencer.
Llegamos a la medular y aquí nos encontramos con el señor Pavez. El chileno es el jugador que nos faltaba. Atrás quedaron las épocas en las que debíamos conformarnos con el esfuerzo —valorable e inconmensurable, pero lamentablemente insuficiente— del buen Gianfranco Chávez.
Pavez conoce su puesto. Sin ser un velocista, se ordena para estar presente donde debe estar y llegar a todas las coberturas posibles. Recuerdo claramente una jugada en la que Nicolás Quagliata logró superar su marca y se iba por la derecha, mientras Pavez le hacía sombra a una distancia que parecía demasiado larga. De pronto, una muy buena barrida terminó con la incursión. Y ese es solo un ejemplo de su despliegue y entendimiento del juego.
En cuanto a la distribución de balón, su trabajo también es correcto. Todavía no ha llegado ese pase decisivo, mucho menos un gol, pero su contribución a la fluidez que necesita el equipo es innegable.
Gaibor terminó acompañándolo bastante en la primera línea, con algo más de libertad de posición, pero sin dejar de lado las funciones de marca. Como resultado, tuvimos del ecuatoriano un rendimiento correcto desde lo táctico, aunque intrascendente en lo que a ataque se refiere. Detecto, en ese aspecto, un temor a patear al arco que me recuerda inevitablemente a Sebastián Rodríguez. Ojalá pueda sacudirse de ello, pues no me quedan dudas de que Gaibor puede ser un jugador bastante determinante en los últimos metros.
En cuanto a Cantero, tampoco tenemos tan buenas noticias: luego de su prematuro prime, el argentino no ha podido redondear el partido que sus credenciales y talentos demandan —y, por qué no decirlo, también lo que se pagó por él—. Sin embargo, se dio maña para llevar cierto peligro al arco rival gracias a su tan característico cambio de ritmo. Tuvo una clara en el primer tiempo y contribuyó en la jugada del segundo gol.
Necesitamos más de ese Cantero: el tocado por Messi, el del golazo de último minuto en Huancayo. Lo necesitamos porque, qué duda cabe, es nuestro jugador distinto. Y lo necesitamos ya.
Permítanme pasar de Vélez, por ahora. Hay bastante que decir, pero luego.
Kevin Quevedo tenía la responsabilidad —y el deber— de hacernos olvidar, aunque fuera por un partido, a Eryc Castillo. En base a juego, ganas y buenas decisiones finales, lo logró. Participó en dos de los goles blanquiazules y estuvo involucrado en gran parte de sus incursiones de peligro, mostrando una versión más parecida a la que vimos de él en 2025.
Por supuesto, la cuota de gol —un plus importante— aún no aparece. Pero, de seguir así, quizá más pronto que tarde se reencuentre con la red.
Finalmente, Paolo Guerrero volvió al gol. Pero no solo al gol: volvió a ser ese jugador importante. Ese comandante que necesitamos en el frente de ataque. El que aguanta balones, el que es solidario con los compañeros. Y el que encuentra los goles como premio a su constancia, ubicación y despliegue.
No hablaré hoy de sucesos pasados, ni de perdones ni de resentimientos. Guerrero tiene que liderar este buque y su sacrificio abona a ello. Lo que quiero —y lo que todos queremos— es dejar de mirar a otro lado lamentando al que se fue y empezar a disfrutar al que se quedó.
De él depende, y parece estar consciente de ello.
Por lo pronto, ya hay algo que ha logrado —y que también había logrado Barcos—: que, pese a que le trajeron jugadores más jóvenes y, en la previa, titulares antes que él, al final el mejor sigue siendo el de siempre: el veterano.
Alianza Lima - Melgar | Que no sea solo una ilusión
Desde el principio, el cuadro victoriano impuso su ritmo ante un Melgar que no podía salir, generar ni hacer absolutamente nada superlativo. Alianza generaba, sí, ¡generaba! Después de tantas fechas, es bueno volver a ver algo así. Insinuaba peligro en cada llegada. Le daba trabajo a la defensa arequipeña y a Carlos Cáceda.
Y el primer gol (30') fue el justo premio para el que jugaba mejor, largamente. Para el que dominaba las acciones.
Luego vendría la gran Joel Alarcón, al que de todas maneras había que mencionar. Sí, el mismo que fue halagado la semana pasada por no sacar ninguna tarjeta amarilla en el Universitario - FC Cajamarca, a pesar de que Caín Fara estuvo cerca de dejar sin cuello a un jugador rival tras una, cuando menos, imprudente pierna alzada.
Tenía que mencionar a Alarcón porque el recuento lo obliga: cobró un penal estrictísimo, de esos que solo le cobran a Alianza, tras una supuesta falta de Advíncula en el área íntima. Jhonny Vidales lo convertiría en gol y empataría momentáneamente un partido en el que su equipo no merecía absolutamente nada. Y él lo sabía.
Por supuesto, Reynoso también, que desde el banco se olvidó de cualquier estrategia o replanteo para dedicarse íntegramente a reclamar, presionar y condicionar al arbitraje. Para su mala suerte, esta postura no pudo evitar los otros dos goles que Alianza le clavaría a los 66' y 84'.
El primero llegó tras una maravillosa jugada colectiva culminada por Vélez; el segundo, tras una brillante acción individual del propio Vélez que terminó en la oportuna aparición de Garcés, nada menos que el goleador aliancista en lo que va del año, con cuatro tantos en su haber.
Pero lo más importante de todo esto es el cómo. Alianza Lima justificó su victoria de principio a fin con un funcionamiento fluido en el que aparecieron las asociaciones y armonías que tanto exigíamos desde que inició la era Guede y que, en resumidas cuentas, casi nunca habían aparecido.
Asimismo, los protagonistas de los últimos metros estuvieron notablemente más acertados en sus decisiones finales. Esto le permitió al equipo estar siempre cerca del gol y lejos de cualquier peligro que el rival pudiera generar.
Salvo, por supuesto, si tienes a un árbitro como Alarcón y a un VAR al servicio de los oscuros intereses de siempre. Pero ya, dejemos eso de lado por un momento. Es hora de estar contentos y tranquilos, pues ya no solo nos acompañan los resultados, sino también ese funcionamiento que los justifica. Solo queda esperar que esto no sea flor de un día.
Alianza Lima es líder y, además, un justo líder. Y que lo sufra quien lo quiera sufrir.
Ni Peña ni Cantero: Vélez, el '10'
Tras la partida de Sergio Peña por los hechos ya conocidos, y tras aquellas primeras buenas actuaciones de Cantero, no eran pocos los que querían ponerle la '10' al sanjuanino. Sin embargo, lo visto ayer cambia todo el panorama.
Y es que Jairo Vélez se alzó anoche como aquel '10' prometido. Teóricamente un extremo que terminó volanteando por todo el frente de ataque, detectando oportunamente los espacios por donde penetrar se le haría menos complicado. Despistando rivales en base a habilidad y filtrando pases casi siempre certeros —uno de ellos, el del gol anulado a Guerrero—.
Y vio culminado su poema futbolístico con una mágica incursión ganando la raya tras un tiro de esquina, para luego habilitar al mejor posicionado.
Pero su inteligencia y rendimiento no se limitan solo a su incidencia en el ataque: Vélez fue la manija de Alianza Lima. Transitó por donde quiso y en todos lados fue opción de pase y señal de peligro para el elenco rival. Se portó como todo un crack, y no nos sorprendería que Mano Menezes, presente en uno de los palcos, haya quedado deslumbrado con su rendimiento. Ojo: hablamos de un jugador seleccionable.
Pero más allá de ello, lo cierto es que hacía mucho que no veíamos en el Alejandro Villanueva una actuación individual tan marcadamente superior. Parece, solo parece, que Guede le encontró la posición, y ahora solo queda desear que nunca más lo saque de ahí.
Próxima fecha
Alianza Lima tendrá una dura visita en Cusco para enfrentar al Real Garcilaso. Sobre el papel, un rival al que, con inteligencia y contundencia, se le podría ganar. Pero la altura será, quizá, el escollo más duro de este choque. Esperemos que siga la tendencia positiva aliancista en ciudades del altiplano.









































