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·18. April 2026
La Copa se escapa en los penaltis

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Después de 13 años, por fin llegó el día. El Atlético de Madrid volvía a disputar una final de la Copa del Rey en La Cartuja, esta vez ante la Real Sociedad. La afición rojiblanca se ubicó en el Gol Norte del estadio, aunque no estaban todos los hinchas, ya que miles de atléticos se desplazaron hasta Sevilla para animar a los pupilos de Diego Pablo Simeone. En el ambiente, una especial ilusión se palpaba y desde varias horas antes, los soldados del Cholo fueron alentados por los suyos desde la grada.
El encuentro no pudo comenzar de forma más amarga para los colchoneros. Apenas habían transcurrido 14 segundos cuando la Real golpeó primero. Un balón largo mal defendido permitió a los donostiarras generar la primera acción ofensiva, culminada con un certero cabezazo de Ander Barrenetxea que dejó sin respuesta a Juan Musso. Un inicio no esperado que obligó al Atlético a tener que remar desde el primer momento
Lejos de venirse abajo, los pupilos de Diego Pablo Simeone reaccionaron apoyándose en la inspiración de Ademola Lookman. El atacante nigeriano, el jugador más activo durante todo el primer tiempo, encontró el premio en el minuto 18. Tras recibir en la frontal, se acomodó el balón y firmó un disparo cruzado ajustado al palo que devolvía la igualdad al marcador y encendía la final.
A partir de ahí, el partido entró en una fase de intercambio de golpes, aunque con ligero dominio en la posesión para el equipo rival. Los de Matarazzo lograron asentarse mejor sobre el césped, generando peligro especialmente por las bandas, con un Barrenetxea muy incisivo y un Guedes participativo.
El Atlético, por su parte, continuó buscando profundidad por el costado izquierdo, nuevamente con el extremo nigeriano como principal argumento ofensivo. Sin embargo, los hombres del Cholo mostraron ciertas dudas en defensa y no terminaron de encontrar continuidad en su juego, dependiendo en exceso de acciones individuales.
Cuando todo parecía encaminado al empate al descanso, llegó la acción que volvió a inclinar la balanza. En el minuto 43, el colegiado señaló penalti tras una acción en la que Musso llegó tarde en su salida. Desde los once metros, Oyarzabal no falló y, con gran sangre fría, engañó al guardameta argentino para poner el 1-2 justo antes del intermedio.
El gol supuso un golpe psicológico importante para los rojiblancos, que habían conseguido equilibrar el partido tras el tempranero tanto inicial. Con ventaja en el marcador, el equipo donostiarra se marchó al descanso con un tanto de ventaja, aunque a la final todavía le quedaban 45 minutos para el final.
Tras el paso por vestuarios, los rojiblancos trataron de dar un paso adelante, aunque les costó generar peligro con claridad. La Real supo contener las acometidas rojiblancas y buscar opciones al contragolpe. El Cholo movió el banquillo en busca de soluciones, introduciendo a jugadores como Sorloth o Baena, pero el equipo no terminaba de encontrar fluidez en los últimos metros.
Cuando el título parecía inclinarse del lado donostiarra, emergió la figura de Julián Álvarez. El delantero argentino firmó uno de los goles de la noche con un zurdazo espectacular desde la frontal en el minuto 83, igualando el choque y llevando la final a un tramo decisivo cargado de tensión.
El Atlético de Madrid incluso tuvo ocasiones para culminar la remontada antes del final del tiempo reglamentario, con opciones claras del ariete noruego y Cardoso, pero la falta de precisión mantuvo el empate. Así, la final se marchó a una prórroga en la que el cansancio y el miedo a perder pesaron más que la ambición.
Durante el tiempo extra, ambos equipos gozaron de oportunidades para desnivelar la balanza. Julián estrelló un balón en el larguero y el equipo blanquiazul respondió con varias llegadas peligrosas, obligando a Musso a intervenir con acierto. Sin embargo, el marcador no se movió y la final de la Copa del Rey se decidió desde los 11 metros.
En la tanda, los nervios hicieron acto de presencia desde el inicio. Marrero se convirtió en protagonista al detener lanzamientos clave, mientras que la Real mostró mayor temple en los momentos decisivos. Finalmente, Pablo Marín transformó el penalti definitivo que otorgó el título al club vasco.
Los colchoneros, que firmaron una final de carácter y resistencia, se quedaron a las puertas de levantar el trofeo tras un partido en el que supo sobreponerse a la adversidad. La derrota deja a los rojiblancos sin premio tras una batalla que tuvo de todo, pero la temporada todavía no ha terminado y pueden llegar a suceder grandes cosas todavía. Si algo ha demostrado este equipo, es que siempre se levanta, así que pueden tener por seguro que el Atlético de Madrid volverá derrochando coraje y corazón.









































