Un 10 Puro
·23. Juli 2026
La segunda estrella acerca el sueño: España gana fuerza para que la final del Mundial 2030 sea en el Bernabéu

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·23. Juli 2026

España levantó el domingo en Nueva York su segunda Copa del Mundo. Apenas unas horas después, la conversación ya había dado un salto de cuatro años. El éxito de la selección de Luis de la Fuente no solo ha devuelto a La Roja a la cima del fútbol mundial, sino que ha fortalecido uno de los grandes objetivos de la organización del Mundial 2030: que la final se dispute en el Santiago Bernabéu.
La decisión todavía no está tomada. FIFA mantiene abierta la pugna entre Madrid y el nuevo Gran Estadio Hassan II de Casablanca, el colosal recinto de 115.000 espectadores que Marruecos construye para convertirlo en el buque insignia del torneo. Pero el triunfo español ha introducido un argumento que hasta hace unos días no existía: por primera vez en la historia, el vigente campeón del mundo organizará el siguiente Mundial.
Ese hecho convierte la candidatura española en mucho más que una cuestión de infraestructuras o capacidad. Si el Bernabéu acogiera la final del 19 de julio de 2030, España tendría la oportunidad de defender el título mundial delante de su propia afición, una imagen inédita en un siglo de historia del torneo y con un enorme valor simbólico para la FIFA en el Mundial del Centenario.
A ese argumento deportivo se suma otro de carácter histórico que rara vez aparece en el debate. La candidatura que hoy desembocará en el Mundial de 2030 nació como un proyecto exclusivamente ibérico, impulsado por España y Portugal con el objetivo de devolver la Copa del Mundo a la Península más de cuatro décadas después de la edición de 1982. Solo con posterioridad, primero con la incorporación de Ucrania —que finalmente quedó descartada por la guerra— y después con la entrada definitiva de Marruecos, el proyecto adquirió la configuración actual. Es decir, el embrión del Mundial del Centenario fue hispano-portugués; el reino alauita se incorporó más tarde para reforzar una candidatura que ya estaba en marcha.
Esa circunstancia explica que, en determinados sectores del fútbol español, sorprenda la escasa presión institucional ejercida hasta ahora para que la final se dispute en Madrid. Mientras Marruecos ha convertido el Gran Estadio Hassan II de Casablanca en una auténtica prioridad nacional, movilizando recursos políticos y diplomáticos para defender su candidatura, en España no se ha percibido una ofensiva comparable en favor del Santiago Bernabéu.
Esa falta de implicación ha alimentado las críticas de quienes consideran que el Gobierno de Pedro Sánchez ha optado por mantener un perfil bajo en un asunto especialmente sensible para las relaciones con Rabat. Desde el giro diplomático sobre el Sáhara Occidental y el estrechamiento de la cooperación entre ambos países, distintas voces del ámbito deportivo e institucional han echado en falta un respaldo más decidido del Ejecutivo a la candidatura española para albergar el partido más importante del torneo.
Con todo, el escenario ha cambiado radicalmente tras la conquista del Mundial por parte de la selección española. La segunda estrella añade un factor que ninguna estrategia diplomática podía prever hace apenas unas semanas. Si la FIFA apuesta finalmente por el Santiago Bernabéu, el torneo del Centenario ofrecería una imagen inédita en la historia del fútbol: la vigente campeona del mundo defendiendo su corona delante de su propia afición.
En los últimos días, diferentes publicaciones especializadas internacionales han coincidido en señalar que la batalla por la final se libra prácticamente entre dos estadios: el renovado Santiago Bernabéu y el futuro Hassan II de Casablanca. Marruecos juega la baza de la capacidad, con un recinto llamado a convertirse en el mayor estadio de fútbol del planeta, también en plazas VIP, mientras que España responde con la experiencia organizativa, la tradición futbolística y un escenario que ya figura entre los recintos más avanzados tecnológicamente del mundo.
La propia Federación Española lleva semanas defendiendo que el partido más importante del campeonato debería disputarse en suelo español. El argumentario ha cobrado ahora una fuerza inesperada. No sería únicamente la final del Mundial; sería la final del Mundial del centenario con el campeón vigente jugando en casa si logra alcanzar el último partido. Un relato difícil de igualar desde el punto de vista deportivo y emocional.
La FIFA, eso sí, todavía tiene por delante varios meses, quizás incluso un par de años, antes de tomar una decisión definitiva. La distribución de sedes, las necesidades logísticas y el equilibrio entre los tres países organizadores seguirán formando parte de una negociación compleja. Casablanca mantiene una intensa labor de presión institucional y confía en que su nuevo estadio incline la balanza a favor de África.







































