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·19. April 2026

Locura en la Premier: Haaland hunde al Arsenal y Guardiola sueña con la remontada

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Manchester City y Arsenal jugaron lo más parecido a una final que puede existir en una liga. El último pinchazo de los gunners abrió un halo de esperanza del equipo de Guardiola para remontar la lucha por la Premier League, y vaya que lo han aprovechado. Los cityzens mostraron más fútbol y más jerarquía y ahora sus opciones de campeonar se han incrementado exponencialmente.

Los celestes llegaron a este domingo sabiendo que solo les servía ganar. La desventaja era de seis puntos; con un partido menos que el Arsenal, recortar a tres puntos se puede traducir en empatar las cifras si ganan también el próximo miércoles frente al Burnley. Lo cierto es que ahora solo dependen de ellos mismos para ser campeones. Si ninguno de los dos vuelve a perder puntos hasta el final del curso, el campeón se decidirá por la diferencia de goles. Una carrera emocionante.


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Aunque en los primeros minutos del partido el Arsenal consiguió asfixiar con su presión alta y el Manchester City se vio ahogado en su propio campo, la genialidad de Rayan Cherki lo cambió todo. El equipo de Guardiola controlaba la posesión, pero no era capaz de hacer daño. Bastó una intervención del francés para sacudirse; recibió el balón en la frontal, avanzó, se abrió un pasillo entre el mar de defensores y clavó un disparo cruzado. Un golazo que animó a un Etihad Stadium que no tardaría en ser silenciado.

Mientras en las gradas seguían procesando la jugada de Cherki, en el césped Gianluigi Donnarumma hundió a los suyos. El portero italiano intentó salir jugando por dentro y fue sorprendido por la presión de los gunners. Havertz se tuvo fe, corrió, metió la pierna, desvió el pase de Donnarumma y el balón terminó entrando en la portería celeste. Menos de dos minutos pasaron entre un gol y otro.

Lejos de derrumbarse por el blooper de su guardameta, el City mostró su mejor versión del encuentro. Dominaron. Neutralizaron la presión del Arsenal y se plantaron en campo contrario. Y la defensa de Arteta no los podía contener. Encontraban espacios entre líneas, amenazaban con Doku por banda izquierda y el tacto de Cherki le daba sentido a todo. Estuvieron cerca del segundo, tuvieron ocasiones, pero no llegó la segunda alegría antes del descanso.

Tras volver de los vestuarios, el City mantuvo su protagonismo. El Arsenal les cedió el balón, se refugió atrás y se aferró a unos contraataques que pocas veces llevaron peligro hasta entonces. Los visitantes sabían que un empate era más que suficiente para sus objetivos y jugaban en base a ello. Los sky blues se acercaban, rodeaban el área rival y generaban peligro, pero la zaga londinense consiguió gestionar la amenaza incesante.

Y entonces, cuando mejor estaba el Manchester City, llegó el momento del Arsenal. Como nunca antes en el juego, los gunners asustaron con un par de transiciones ofensivas. Olieron sangre y se lanzaron. Al 59', Havertz tuvo en sus botas la oportunidad de liquidar la Premier, pero en el mano a mano Donnarumma se redimió de su grave error en el 1-1 y le dio otra vida a los mancunianos.

El acoso del Arsenal no terminó ahí, pues apenas dos minutos después Eberechi Eze hizo temblar la portería con un disparo lejano que se estrelló en el travesaño. El City estaba al borde del abismo, pero justo ahí apareció el salvador que necesitaban. Al minuto 65, Doku metió la pelota al área; O'Reilly recibió y buscó a Rodri, que entraba para rematar, pero no llegó; detrás del español estaba ni más ni menos que Erling Haaland, con la posición ganada, para con un zurdazo vencer a David Raya y poner todo de cabeza otra vez.

Ahora volvía a ser el Arsenal el que ponía su temporada en peligro. El Manchester City, aprovechando el envión anímico, buscó sentenciar el triunfo, pero los de Arteta se salvaron. Tras la ráfaga de golpes de los norteños, los capitalinos sacaron un gancho que por poco noquea al rival; desde el balón parado, el principal sello de identidad de este Arsenal, Gabriel cabeceó un centro y su remate chocó en el palo. El City volvía a ver a los ojos a la muerte.

Los de Arteta intentaron volver, pero no mostraron argumentos futbolísticos suficientes. No fueron capaces de dominar, de empujar al City. De hecho, sucedió todo lo contrario; fue el City el que consiguió tramos de tranquilidad y respiro en un partido de un ritmo frenético. Pasaban los minutos y los gunners no intimidaban, pero todo puco cambiar con un cabezazo de Havert al 96' que se fue rozando el larguero. Todo quedó en susto para Guardiola y el pitido final de Anthony Taylor hizo estallar la fiesta de una afición que ahora se siente capaz de otra épica remontada.

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