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·13. Februar 2026

¿Qué más se puede decir que no se haya dicho antes? (por @NachoJOsorio1)

Artikelbild:¿Qué más se puede decir que no se haya dicho antes? (por @NachoJOsorio1)

Por Ignacio Osorio

Hace algunas semanas – tres para ser más exacto- comenzó una nueva edición del Campeonato Nacional de Primera División, más conocido actualmente como Liga de Primera, torneo que como es costumbre está conformado por 16 clubes que compiten por ser el mejor del país.


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Su último campeón, Coquimbo Unido, busca reverdecer laureles y demostrar que lo suyo no fue un hecho fortuito. Por su parte, los tres grandes, alejados del estrellato, buscan volver a viejas costumbres. Por un lado, Colo-Colo, que en un contexto de transición (y de crisis económica), intenta salir del estado caótico en el que se sumió a sí mismo, por responsabilidad de sus dirigentes, barra brava y jugadores, y volver a ser el Eterno Campeón, levantando con ello su estrella 35. En cuanto a la Universidad Católica, intentará hacer del Claro Arena su fortaleza de manera definitiva, después de pasar por un etapa de incertidumbre que incluyó el pasar parte del campeonato pasado fuera de su casa. Por último, Universidad de Chile – tras una inversión considerable en lo económico y jugadores- no ha iniciado de buena manera la andadura de Paqui Meneghini, sobre todo – para variar- por culpa de esos mal llamados hinchas, “Los de Abajo”, barra brava que quemó las instalaciones del Estadio Nacional en el encuentro contra Audax.

Pero no solo las barra bravas son uno de los viejos males que esta nueva edición vuelve a traer consigo a las canchas chilenas, sino que también el mal y poco atractivo desempeño deportivo. En lo que va de campeonato, si bien es reciente, la tónica pareciera no ser distinta a lo vivido en el último torneo (y en el último y el último): equipos lentos, poco dinámicos, imprecisos con balón e incapaces de jugar a un ritmo más alto, incluso con jugadores con algo de sobrepeso, los cuales no denotan haber pasado por una pretemporada, al igual que sus escuadras las cuales reafirman la continuidad en la jugabilidad presentada durante lo que pasó y va de nuestra Primera División.

El campeonato chileno, lejos de crecer – aunque fuere de manera lenta pero progresiva-, o se estanca, o involuciona, siendo incapaz de mostrar un espectáculo acorde a lo que uno esperaría a un trabajo dirigencial deportivo que busca volver a posicionarse como un espacio competitivo. Lejos de eso, los clubes presentan – como medida estándar- bajo nivel de inversión, desarrollo en la presencia de sus juveniles, mal fútbol y experiencias estadio que están lejísimos de ser acordes a un fútbol que alguna vez fue Campeón de América (hecho del que se cuelga la dirigencia actual de la ANFP). Con todo esto, cabe preguntarse: ¿Qué futuro tiene la Selección Nacional realmente? Pues pareciera que a lo menos es incierto.

¿Qué decir que no se haya dicho anteriormente en este y otros medios y espacios de comunicación? Poco, pues los diagnósticos están claros hace años y lo que falla es, realmente, una dirigencia capaz – tanto en lo general como en lo particular- que implemente planes de evolución, tanto lo formativo como en lo profesional, elevando la exigencia de quienes son parte de la Primera División. Tan solo así, a lo mejor, podamos alguna vez competir nuevamente a nivel internacional.

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