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·24. Juni 2026
Suiza le ganó 2-1 a Canadá y ambos van a 16 avos, en tanto que Bosnia eliminó a Qatar y queda a la espera (Videos)

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El triunfo le permitirá permanecer en territorio canadiense para disputar los dieciseisavos de final, donde se medirá a uno de los mejores terceros clasificados procedentes de los grupos E, F, G, I o J. Canadá, en cambio, deberá abandonar su ciudad sede y trasladarse a Los Ángeles para enfrentarse al segundo clasificado del Grupo A, una posición que aún estaba por definirse pero que tenía a Corea del Sur como principal candidata.
Más allá de la clasificación, que para ambos equipos estaba prácticamente asegurada tras la segunda jornada, el encuentro se transformó en una batalla por el control del destino. La amplia diferencia de goles que separaba a Suiza de Qatar y a Canadá de Bosnia y Herzegovina, los únicos equipos con opciones matemáticas de alterar el orden de la tabla, eliminaba cualquier posibilidad de especulación. El objetivo era inequívoco: terminar como líder y obtener, al menos sobre el papel, un recorrido más favorable en las rondas de eliminación directa.
Esa intención quedó reflejada desde el primer minuto. El partido comenzó con un ritmo elevado, mucha intensidad física y una presión constante en cada sector del campo. Tanto suizos como canadienses entendieron que el premio justificaba el desgaste. Sin embargo, durante buena parte de la primera mitad, el dinamismo del juego contrastó con la falta de eficacia en las áreas.
Suiza fue la primera en acercarse con peligro. Breel Embolo, habilitado por Ricardo Rodríguez, desperdició un mano a mano ante Maxime Crépeau y, en la continuación de la acción, Johan Manzambi tampoco logró capitalizar el rebote tras encontrarse con la resistencia de Cornelius. Canadá respondió poco después con una ocasión similar. Cyle Larin quedó solo frente a Gregor Kobel, intentó eludir al guardameta y terminó desaprovechando una oportunidad inmejorable, aunque la jugada dejó la sensación de una posible posición adelantada que no fue revisada por el VAR.
Con el paso de los minutos, el encuentro fue elevando la temperatura emocional. Las disputas físicas comenzaron a multiplicarse y aparecieron acciones cargadas de tensión. La más comentada tuvo como protagonistas a Granit Xhaka y Larin. El delantero canadiense retrasó deliberadamente la ejecución de una falta al desplazar el balón y el mediocampista suizo reaccionó de forma impulsiva, terminando por golpear la pierna de su rival cuando intentaba poner la pelota en movimiento. El árbitro eligió una salida intermedia, mostrando tarjeta amarilla a ambos jugadores y evitando que el incidente escalara.
En el tramo final del primer tiempo, el juego recuperó algo de fluidez ofensiva. Canadá encontró espacios en transición y volvió a inquietar con Larin, que intentó definir al segundo palo tras una buena carrera, pero se encontró con una acertada intervención de Kobel. Del otro lado, Embolo reclamó penalti por un agarrón dentro del área de Luc de Fougerolles, una acción que generó debate y que en otros campeonatos probablemente habría recibido una interpretación distinta. Antes del descanso, Ahmed tuvo la última oportunidad para los anfitriones tras una excelente asistencia de Jonathan David, aunque su remate careció de la potencia necesaria para superar al guardameta suizo.
Todo cambió después del entretiempo. Lo que había sido un duelo equilibrado durante cuarenta y cinco minutos comenzó a inclinarse rápidamente hacia el lado europeo. Y el principal responsable fue Johan Manzambi, la gran figura de la noche. El extremo suizo, incisivo y desequilibrante desde el inicio, encontró recompensa a su actuación apenas comenzada la segunda mitad. Tras recibir en velocidad por la banda derecha, llegó hasta la línea de fondo y envió un pase preciso hacia el corazón del área. Allí apareció Rubén Vargas, completamente libre de marca, para controlar y definir con tranquilidad, estableciendo el 1-0 que colocaba a Suiza al frente del grupo.
El impacto del gol fue evidente. Canadá perdió claridad, bajó su intensidad competitiva y quedó atrapada en un momento de desconexión que Suiza aprovechó con inteligencia. Mientras los locales buscaban respuestas desde el banquillo, los dirigidos por Murat Yakin comenzaron a administrar el partido con una mezcla de paciencia y contundencia.
La sentencia llegó mediante una fórmula simple pero efectiva. Un balón largo de Jaquez volvió a desordenar a la defensa canadiense. Embolo utilizó toda su potencia física para imponerse a los centrales, proteger la pelota y girar con autoridad antes de asistir a Manzambi. El jugador del Friburgo definió con un remate raso que superó a Crépeau y firmó el 2-0. Más allá de la colaboración discutible del portero canadiense, el gol confirmó una actuación sobresaliente del joven atacante, que ya acumula tres tantos y una asistencia en el torneo. Una cifra que lo instala entre las revelaciones de la competición y que recuerda los registros de Xherdan Shaqiri, último futbolista suizo en alcanzar tres goles en una Copa del Mundo, durante la edición de 2014.
Con dos goles de ventaja y el control emocional del encuentro, Suiza parecía tener asegurada una victoria tranquila. Sin embargo, el Mundial volvió a demostrar que ningún partido está completamente resuelto. La pausa de hidratación alteró el ritmo del juego y los cambios introducidos por ambos entrenadores modificaron el escenario. Apenas reanudadas las acciones, Saliba aprovechó una desconcentración de la defensa helvética para ganar un balón dentro del área y asistir a Promise, que convirtió en su primer contacto con la pelota para devolver la incertidumbre al marcador.
El descuento revitalizó a Canadá y transformó los últimos minutos en un ejercicio de resistencia para los europeos. Con el liderazgo del grupo todavía en juego, los coanfitriones lanzaron un asedio final que estuvo cerca de dar resultado. Promise tuvo dos oportunidades claras y Johnston también dispuso de una ocasión prometedora, pero la falta de precisión terminó condenando a los norteamericanos.
El pitazo final confirmó mucho más que una victoria. Ratificó la solidez de una selección suiza que ha sabido crecer en el torneo y que combina experiencia, disciplina táctica y nuevas figuras capaces de marcar diferencias. También dejó a Canadá frente a un camino más complejo, obligado a abandonar Vancouver y afrontar un cruce de mayor exigencia. En un Mundial donde los detalles suelen definir trayectorias, Suiza entendió mejor que nadie la importancia de esta última jornada y obtuvo una recompensa que podría resultar decisiva en las semanas venideras.

/Sigfrido Rademacher. Foto: selección de Suiza







































