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La Galerna

·29. März 2026

Un hombre llamado Pájaro

Artikelbild:Un hombre llamado Pájaro

Buenos días. Domingo de Ramos. Cuando teníamos a Sergio Ídem en el equipo, hace ya unos cuantos años, solíamos aprovechar esa circunstancia para hacer juegos de palabras en tal día como hoy. Más de un portanálisis pergeñado en Domingo de Ramos se habrá titulado así.

Ya no está Ramos, uno de los jerarcas. Tampoco está Cristiano. Ni Benzema. Ni Modric. Ni Kroos. Ni Casemiro. Ni Marcelo. Ni Bale. Ni Isco. Ni Pepe. Ni Varane. Ni Casillas. Ni Keylor. En pocos años hemos dicho adiós a una generación de futbolistas irrepetibles, y ahora andamos entre la nostalgia más feroz y la no menos fiera resistencia a negarnos la grandeza.


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El que protagonizó más de una gesta y también nos dejó, pero ahora está de vuelta en su nueva faceta de entrenador, es Álvaro Arbeloa, y bajo su batuta parecen haberse recuperado señas de identidad tan valiosas que permiten soñar con reverdecer laureles. La esperanza es legítima, y al mando de la nave hay un hombre que nos hace pensar que no se trata de una esperanza disparatada. Álvaro estuvo en la etapa inicial de ese Madrid de gigantes y conoce, por tanto, en qué sentido hay que remar para que el actual llegue a parecerse a ese, Orejonas incluidas.

Junto a Álvaro hay un puñado de futbolistas sin la vitola aún de jerarcas, aunque algunos sí son firmes candidatos a adquirirla desde ya y otros tienen la calidad (y últimamente parece que también la personalidad) para merecerla. No son pocos los jugadores de la actual plantilla que ya han sido campeones de Europa con el Madrid. Entre ellos destacan Vinícius, Courtois, Bellingham, Carvajal, Rüdiger, Militao (a punto de volver tras su lesión), Camavinga, Tchouaméni… y Valverde, que con toda justifica ocupa portadas en estos días de parón semanasantero.

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Marca entrevista a Fede. Parafraseando el título de aquella película de Richard Harris, es Un Hombre Llamado Pájaro. Pajarito para algunos, Halcón para los que quieren enmendar la plana a los apodos de la infancia en aras de la madurez.

Sea como sea, es uno de los jugadores más espectaculares que ha tenido el Madrid contemporáneo. Ha ganado ya dos veces la Champions junto a otros muchos títulos y no se parece a ningún otro jugador de la historia del mejor club del mundo. Está bien, se parece un poco a Pirri, el propio Presidente de Honor del club aceptó de buen grado la analogía una vez, cuando la sugirió este portanalista. Pero a la excelencia técnica de Pirri y su brega constante en el centro del campo parece haber añadido el Pájaro un olfato goleador sin parangón. Pirri también marcó muchos goles, lo sabemos. Está bien, nos rendimos: Valverde podría ser el nuevo Pirri, con toques del más conspicuo papel de liderazgo y carácter determinante del mejor Steven Gerrard, que no jugó en el Madrid pero seguramente debió haberlo hecho.

Nos dice Valverde desde la portada de Marca que está en su “prime” y, si bien preferiríamos sortear anglicismos, nos parece que tiene toda la razón. De blanco, va de actuación soberbia en actuación soberbia, y con la selección charrúa acaba de silenciar Wembley marcando de penalti el gol del empate en el último minuto del Inglaterra-Uruguay. Lo que deseamos es que finalice cuanto antes este paréntesis absurdo y anticlimático llamado fechas FIFA, y que Valverde, Vini, Jude, Kylian, Thibaut, Aurelien y todos los demás estén pronto de vuelta para ocuparse de lo que de verdad importa ayudados por los nuevos meritorios, esos chicos de la cantera a los que Arbeloa está dando más cancha que nunca y cuya cabeza visible y más icónica es ese fenomenal centrocampista llamado Thiago Pitarch.

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As trae en portada a Thiago y su deseo de jugar con la selección española. Ha dicho no a la selección marroquí, donde también podía haber jugado en atención a sus ancestros.

A nosotros, como madridistas, y con todo el respeto, nos da completamente igual con qué equipo nacional se desenvuelvan los nuestros. Lo ideal, de hecho, siendo madridistamente egoístas, es que fueran apátridas y no se sometieran a los rigores de los insufribles parones de selecciones, con su capacidad anticlimática y el riesgo asociado de lesiones. Ojalá nuestros futbolistas fueran como el pirata de la canción de Espronceda cuya única patria era la mar, siendo la mar el Real Madrid.

Con este deseo utópico, y con las inanes portadas de la prensa cataculé, nos despedimos por hoy.

Feliz Domingo de Ramos.

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