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La Galerna

·1 February 2026

2-1: Un penalti agónico enjuga el sindiós

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Pitada en el Bernabéu durante la alineación del Madrid. Minuto de silencio antes del comienzo en homenaje a Lucien Muller y Brad Branson antes del encuentro. Partido tétrico de los blancos, indefendible, contra un Rayo que acabó con nueve. Al final, un penalti tan claro como agónico enjugó el sindiós. Desolador.

El encuentro comenzó con bronca a Vinícius la primera vez que la tocó, el brasileño realizó una buena jugada y forzó un córner. Arbeloa había puesto en liza un once con Mastantuono por la derecha y Camavinga como lateral izquierdo de amplio espectro.


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A los cinco minutos, el marroquí Ilyas se coló hasta la cocina blanca y no marcó el primer tanto visitante no se sabe muy bien por qué, pues chutó fuera cuando era más fácil meterla. Pitos.

Instantes después, Bellingham se rompió. En plena carrera, se echó la mano a la parte posterior del muslo izquierdo. Gestos de fuerte dolor. Nueva lesión. Le sustituyó Brahim. Cuando el inglés se retiraba, unos le aplaudieron y otros le silbaron. Es probable que haya quien le culpe de la lesión o entienda que la había fingido; el mal momento que atraviesa el Madrid está destapando algunos hinchas peculiares que abroncan a los jugadores propios lesionados.

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Entonces Gumbau decidió darle un codazo en la mandíbula a Güler. Díaz de Mera estaba viéndolo a escasa distancia. No entendió que la acción era merecedora de tarjeta, quizá porque no hubo fractura maxilofacial. En la siguiente jugada, Gumbau agarró a Mastantuono cuando se marchaba al ataque y el árbitro tampoco entendió que fuese amarilla. En la línea del CTA.

Vini, mientras le seguían abucheando, realizó un jugadón y clavó un golazo. Se besó el escudo y animó a los aficionados.

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No tardó mucho Güler en crear otra ocasión. Batalla evitó lo que habría sido otro tanto espectacular.

El Rayo contraatacó con gran peligro, pero Fede Valverde corrió más que los dos atacantes rivales y salvó lo que parecía insalvable.

El Madrid estaba más alto. Si bien no era constante, había momentos en que sí y momentos en que no. El equipo tan pronto ilusionaba como preocupaba. Poco después, ya solo preocupaba.

Los de Arbeloa no se colocaron dos arriba porque Brahim creyó que era mejor intentar regalarle el gol a Mbappé que marcarlo él. Nunca es aconsejable no aprovechar las ocasiones nítidas. Contra ningún equipo.

Arda sirvió un pase gutiesco a Dean que lo dejaba mano a mano con Batalla, pero Huijsen se trabucó. La primera parte acabó con un par de ocasiones para el Rayo y el Madrid quemando tiempo jugando con Courtois. De nuevo, pitos.

Por otro lado, no sería raro que durante la primera mitad, en parte por el horario, en parte por las prestaciones del Madrid, más de un aficionado —quizá algún jugador— se hubiese echado una siestecita. De hecho, parte de esta crónica está escrita mientras estaba tan dormido como el espíritu y el talento de este equipo.

Encuentro tétrico de los blancos, indefendible, contra un Rayo que acabó con nueve

El encuentro se reanudó con la mayoría de los futbolistas despiertos, aunque no lo pareciese,  y con Ceballos en el campo. No prosiguió Asencio, probablemente debido a sus problemas en la tibia. Tres centrocampistas y un defensa en bajísima forma con alma de medio conformaban la zaga blanca.

El Rayo comenzó disparando desde lejos. Courtois intervino para alejar el peligro. La respuesta del Madrid, dos jugadas que concluyeron con derribos a Vini, fuera del área, y a Kylian, dentro. Este último, más claro. Penalti no señalado.

La respuesta: gol del Rayo. De Frutos, canterano del Madrid. Horrenda defensa. Más pitos.

Tchouaméni marró una ocasión para adelantar al equipo, su disparo desde el interior del área se marchó muy arriba.

En el 53', Gumbau segó a Ceballos. Se quedó en amarilla. Era la tercera acción de tarjeta de este futbolista. Un minuto más tarde, Vini y Mbappé acabaron en el suelo en la misma jugada. El árbitro y después el VAR dijeron que nanay.

Cerca anduvo Vini de marcar el segundo, pero el preciso centro de Güler lo remató con el hombro en lugar de con la cabeza.

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El Madrid estaba aún más desdibujado después del gol del Rayo. Arbeloa volvió a mover el banquillo y además realizó otro cambio: Gonzalo por Mastantuono. El Bernabéu abucheó a Franco y ovacionó al madrileño.

Courtois salvó el segundo ante Ratiu a lo Casillas frente a Robben. El desempeño del Madrid estaba siendo dramático, ni siquiera Mbappé pudo anotar a puerta vacía tras driblar a Batalla. Chutó al larguero.

El Rayo estaba haciendo lo que correspondía: aprovecharse de la debilidad de este Madrid y perder tiempo cuando podía. El Madrid, sin embargo, no estaba realizando nada de lo necesario para ganar el partido, salvo estar sobre el campo. Daba la sensación de que seguían jugando once, aunque no lo pareciese. Hay tostadoras que han disputado mejor un partido de fútbol que hoy este equipo.

Arbeloa retiró a Güler, el futbolista más lúcido, y a Huijsen, horroroso de nuevo, para dar entrada a Rodrygo y Alaba. Es lo que hay, es difícil buscar explicación a lo inexplicable.

A falta de diez minutos, Ciss entró de manera criminal a Ceballos. Le descoyuntó el tobillo con los tacos. Una acción que puede retirar a un futbolista de la profesión. Afortunadamente, Dani se recuperó y no marcó en la siguiente acción de milagro. Su disparo lejano se marchó ligeramente desviado. Batalla, tras perder tiempo de manera obscena, vio tarjeta.

No había ningún tipo de orden ni esquema en el Madrid. Jugaban todos mal a la vez al mismo tiempo. Tiene mérito tanto desastre. Entre tanto, otro palo, esta vez Camavinga de cabeza. Ni contra un Rayo con diez se imponía el Madrid en el Bernabéu.

El equipo estaba desquiciado. Los jugadores o bien se tiraban al llegar al área o bien remataban sobre los rivales, incluso sobre los propios compañeros. El desbarajuste era total.

Tiempo había, añadieron nueve minutos. Daba la sensación de que el Madrid no marcaría aunque el partido no se acabase nunca. Y no era descartable el segundo del Rayo.

Los blancos asediaban con cañones de papel. Rodrygo disparó al muñeco frente a Batalla.

En el 97, penalti a Brahim como un castillo. Lo anotó Mbappé casi en el 100. Era la única forma, que el rival la cagase (con perdón).

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El Rayo no lo llevó bien y Chavarría tiró a Rodrygo contra la valla publicitaria. Segunda amarilla y a la calle. Otro gesto feo de los vallecanos.

Se ganó al filo del abismo en un partido deficiente, desordenado, indigno, inaceptable, siniestro, bochornoso, ominoso y lúgubre. Nada que no haya repetido cíclicamente el Madrid antes de recuperarse y volver a lograr títulos. Hay muchísimo trabajo por delante en todos los ámbitos.

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