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La Galerna

·25 February 2026

2-1: Vini baila y aplaca la histeria

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Primer encuentro con vértigo Champions. El 0-1 suponía una ventaja demasiado corta. Aunque nunca se sabe si es mejor la tensión que proporciona un resultado así o la relajación que conlleva uno mejor. Lo malo es cuando sucede lo peor de cada escenario, como ocurrió durante la primera mitad. La segunda no fue un dechado de virtudes, pero sí suficiente para doblegar a un áspero Benfica. Como hacen los grandes, Vini apareció para bailar, aplacar la histeria y empujar al Madrid hacia los octavos de la Champions.

El Madrid comenzó jugando con Courtois, quien descorchó un pelotazo hacia el campo contrario. El Benfica había poblado más el mediocampo. El Madrid no había cargado ni más ni menos que otros días ninguna zona del rectángulo de juego. Equipo habitual con Rüdiger, sin Huijsen y con Gonzalo ante la ausencia de Mbappé.


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El primer ataque con peligro corrió a cargo del Benfica. Un fuera de juego luso que acabó en córner a favor de ellos mismos. Cosas. El Madrid respondió con una combinación entre Güler y Vinícius que concluyó con el brasileño derribado en el área por la zaga portuguesa. Como Vini había tocado primero, la patada de Otamendi fue gritada como «¡piscinazo!» por Carlos Martínez. Ya sabéis, si es a favor del Madrid, no es penalti porque se trata de una jugada residual. Si es en contra, pena máxima siempre. Hay ejemplos por doquier. Recientes y menos recientes.

El partido olía raro, como a cerrado. El Madrid había comenzado con la sangre de horchata y el Benfica se colaba con facilidad. En el 13', Asencio casi marcó en propia meta, salvó Courtois in extremis, pero Silva empujó el rechace y empató la eliminatoria. No extraño a nadie el tempranero gol luso, pero fastidió y mucho.

Solo un par de minutos tardó el Madrid en recoger el jarrón roto. Valverde la puso en el punto de penalti y Tchouaméni remató de primeras como un semidiós: por ejemplo, Heracles; o como un dios: verbigracia, Kroos. Thibaut lo celebró a lo Bodo en la Séptima.

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A pesar de haber recogido los trocitos de porcelana, la pieza no estaba muy bien recompuesta y además los de Arbeloa la habían colocado otra vez al borde de la cómoda. El Benfica seguía llegando con mucho peligro. El Madrid defendía con la eficacia de una comisión de investigación del Congreso y le costaba más poner en aprietos a Trubin.

El Madrid se colocó de nuevo por delante por mediación de Arda, pero solo durante un par de minutos. El tiempo que tardó el VAR en poner dos moñecos cualquiera, el blanco con un grano por delante del rojo, sin mostrar el momento del pase. Fuera de juego. Nuevo acto de fe. Hasta el trío de ecuánimes comentaristas de Movistar no entendía la anulación del segundo gol blanco.

Las dos jugadas más importantes del encuentro se habían saldado con decisiones desfavorables para el Real Madrid. La del fuera de juego prácticamente ni la repitieron. Curioso.

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Después, nueva parada cuántica de Courtois. Una de aquellas de la final de la Catorce que tuvo el detalle de rescatar para el partido de hoy. El Madrid dominaba con una clarísima sensación de peligro del Benfica.

Güler intentó meter otro gol, uno que dieran por válido, mas el pie de un defensor colorado se lo impidió. Arda encauzaba intermitentemente el juego de ataque de los de Arbeloa apoyado por un enorme Tchouaméni, con un juguetón Vini y un hoy más activo en ataque Fede, quien enganchó una de las suyas en el 45' pero, de nuevo, rebotó en el jersey de hombres tejido por Mou desde la cabina de retransmisión.

Primer tiempo jugado por los blancos a no hundirse y flotar en lugar de a nadar para ganar la orilla.

El Madrid dominaba con una clarísima sensación de peligro del Benfica

La segunda mitad comenzó con una jugada elaborada por Arda y Trent que desperdició Fede. El capitán toreó el balón en lugar de empujarlo a gol.

Otamendi no quería que se desmadrase la cosa y en cuestión de décimas de segundo tiró a Vini y endiñó una tarascada de aúpa a la espinilla de Aurélien. Al timorato y parlanchín Slavko Vinčić no le quedó más remedio que mostrar, al menos, una de las dos amarillas. Instantes después, Asencio cabeceó alto mientras le dificultaban el salto agarrándole la camiseta.

A la vuelta, Trent llegó como un convoy de alta velocidad a rebañar un balón que iba a ser chutado con mala intención contra la portería blanca. El propio Alexander-Arnold recortó y la colocó con clase, pero ajustó tanto que el disparo raso salió fuera por un pelo.

En la segunda mitad el Madrid estaba mejor. O el Benfica menos bien. O al revés. O cuarto y mitad de cada cosa. En todo caso, ni mucho ni poco ni todo lo contrario. De hecho, los portugueses no se colocaron 1-2 porque un gran chut con el exterior de Silva rozó en Asencio lo justo para acabar en el larguero de Thibaut.

El Benfica retomó la presión que había puesto en barbecho desde el 45'. Según Woody Allen: «En mi casa mando yo, pero es mi mujer quien toma las decisiones». El Madrid parecía él. Los portugueses, la esposa.

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Quedaban más de 25 minutos. Se antojaba una eternidad comparable a una de las interminables sagas fílmicas que tanto gustan hoy (a quienes les gustan).

Por si fuera poco, un choque entre Rüdiger y Carreras nos sobresaltó. La rodilla del lateral golpeó fuerte el pecho de Antonio. Tras ser atendido, el alemán se recuperó.

Fede no aprovechó una buena oportunidad. Se plantó solo frente a Trubin, pero no anduvo ni rápido ni habilidoso.

Vinícius, víctima de insultos racistas en la ida, fue el verdugo de la eliminatoria. Justicia

La mala suerte se había cebado con los blancos. Camavinga y Asencio chocaron en el aire y cayeron muy mal, especialmente Raúl, que primero convulsionó y después se quedó inmóvil. Le colocaron un collarín y se tomaron bastante tiempo para depositarlo cuidadosamente sobre la camilla para evacuarlo. Ojalá sea lo más leve posible, pero el aspecto no es bueno.

Mastantuono y Alaba sustituyeron a Camavinga y Asencio.

Una recuperación y un pase excelente de Valverde permitió a Vinícius correr, meterla y bailar. Baila, Vini, baila de nuevo.

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Guler y Gonzalo salieron del campo para dejar su lugar a Thiago Pitarch y César Palacios. Nuestro corazón se asomaba al borde del esternón cuando un taconazo rozó el poste izquierdo de Courtois.

A todo esto, el Madrid había expulsado antes de terminar el encuentro a un impresentable captado por las cámaras ejecutando el saludo fascista en la grada. Igual que otros equipos, ¿verdad?

Quedaban nueve minutos de añadido y Álvaro Arbeloa protegió a otro Álvaro, Carreras, apercibido de suspensión y lo cambió por Fran García. Mientras, rezábamos por que ni Tchou ni Vini fuesen amonestados.

El Madrid eliminó a un complicadísimo Benfica. Vinícius, víctima de insultos racistas en la ida, fue el verdugo de la eliminatoria. Justicia.

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