MUNDO MILLOS
·1 June 2026
Canto de gol: un club de la gente

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Cumplir un sueño va en ciertas ocasiones más allá de un posible título. Y más con el orgullo de estar en la hinchada de un equipo con jugadores y un DT que sí representan a la gente y al barrio. Un club de la gente.
Eso es el Rayo Vallecano, el único club de Madrid que pudo llegar a una final continental en este 2026. Un equipo que, solamente hablando de este nuevo milenio, ha tenido que sortear primera (13 temporadas), segunda (6 temporadas) y tercera división (4 temporadas). Luchando contra todas las adversidades presupuestales, logísticas y futbolísticas, para reponerse desde el corazón y el orgullo de representar el barrio de Vallecas y sus seguidores.
El combate que deben librar el equipo y la hinchada es contra sus mismos dirigentes. El afamado Raúl Martín Presa es el presidente que cuenta con canciones propias de los Bukaneros, la barra popular del Rayo, que en cada partido le exige su dimisión por ser absolutamente opuesto a los ideales, objetivos y convicciones del club. Tribunas en el olvido estructural, sin electricidad en sus baños ni salidas de emergencia adecuadas; jugadores de ultraderecha contratados para jugar en un equipo antifascista; precios exorbitantes de boletería para sus fieles hinchas, sean socios o no; e instalaciones deportivas deplorables para sus jugadores y cuerpo técnico en donde los entrenamientos son a punta de corazón y amor propio.
Justamente ellos mismos emitieron en esta campaña 25-26 un comunicado denunciando esas irregularidades y condiciones paupérrimas en las que debe entrenarse un equipo de primera división que, además, competía en la Conference League europea. Incluso, las primeras líneas de la queja pública elogian la hinchada y piden para los hinchas un reconocimiento y mejores tratos por parte de la dirigencia. Pero ante toda adversidad, el joven Inigo Pérez sabe a qué club dirige (sabía, ahora que acaba de ser anunciado como nuevo estratega del Villarreal): uno en el que sus jugadores son y hacen parte de Vallecas, representan a su gente, comparten con ellos en los eventos históricos del Club y el barrio, parquean sus autos junto a los de los hinchas y se saludan todos antes de cualquier juego de locales.
Cada uno de ellos, cada jugador, cada utilero y cada miembro del cuerpo técnico saben que defienden una camiseta que representa la identidad, el orgullo y las convicciones personales y políticas de sus adeptos. Y a pesar de nunca tener el respaldo de sus dirigentes, esa conciencia de ser el hincha en el campo de juego es la que los llevó con fútbol, fiereza y orgullo a llegar a una final continental por primera vez en su historia.
Cumplir un sueño va en ciertas ocasiones más allá de un posible título. Los miles de hinchas que llegaron a Leipzig a acompañar al Rayo Vallecano no pudieron levantar la copa, pero festejaron la enjundia y la valentía de un grupo de jugadores y sus entrenadores que los representaron dignamente y con orgullo en la cancha, aunque cayeran frente al Crystal Palace. Ese mismo orgullo que se siente al haber comunión entre los del césped y los de las tribunas. El orgullo de pertenecer a un club de la gente. Ojala algún día Millonarios vuelva a representar en las canchas donde juega a sus hinchas incondicionales y orgullosos, quienes celebraremos 80 años con muchos golpes y dudas sobre lo que viene para las próximas campañas. Así no haya vergüenza ni autocrítica en las directivas, que volvamos a tener un DT y unos jugadores que sientan el escudo que visten y la hinchada que encarnan cuando patean un balón.
El canto de gol para acompañar esta columna es ‘Siempre Rayo’, de la banda española The Locos:
Carlos Martínez Rojas@ultrabogotano







































