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·15 April 2026

Cinco minutos borraron una noche de Champions casi perfecta

Article image:Cinco minutos borraron una noche de Champions casi perfecta

A las 36 segundos de partido, Arda Güler recibió el regalo de Manuel Neuer —un balón que el portero alemán entregó con una torpeza inexplicable— y lo clavó en la esquina izquierda del arco. El Allianz Arena enmudeció. El Real Madrid, que llegaba a Múnich con un gol de desventaja y tres semanas de noticias negativas a las espaldas, empezaba la noche exactamente como nadie había previsto.

Lo que vino después fue un partido que no merece ser contado solamente como una derrota.


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El Bayern respondió con lo que mejor sabe hacer en casa: un balón parado, Kimmich desde la esquina, y Pavlovic solo en el área pequeña para poner el 1-1 en el minuto 6. El estadio respiró. El guion parecía retomar su cauce natural. Un equipo alemán ordenado, sólido y anclado en su localía frente a un Madrid que durante muchos minutos del primer tiempo no supo si atacar o defender, que cedió la posesión y esperó.

Pero Güler volvió a aparecer. En el 29, con una falta al borde del área que cobró como si llevara diez años haciéndolo en el Bernabéu, clavó el balón en el ángulo mientras Neuer se movía hacia el lado equivocado. Era su segundo gol de la noche. En Champions. En el Allianz Arena. A los 19 años.

Kane empató en el 38 con la eficiencia fría de quien no necesita mucho espacio para ser determinante. Y Mbappé, que había fallado tres veces antes de eso, aprovechó una asistencia de Vinicius en el 42 para poner al Madrid 2-3 arriba y con la eliminatoria vuelta del revés. El primer tiempo terminó con cinco goles, el global empatado a cuatro y la sensación de estar viendo algo que no debería estar pasando.

La segunda parte fue otra historia. El Madrid se replegó, administró, intentó sostener lo que tenía. Vinicius tuvo el cuarto en el 63 y lo desperdiciócon un disparo que no encontró ni el arco. Mbappé también perdonó. Valverde remató desde la media luna y Neuer apareció de nuevo. El marcador no se movía, pero algo en el equipo empezaba a tensarse.

Camavinga ingreso en el 62 por Brahim. Entró en el momento en que el partido más exigía saber exactamente qué hacer y dónde estar. En el 74 cometió una falta sobre Kane que el árbitro castigó con amarilla, luego  este retrasó un cobro y fue la segunda tarjeta de la noche. Una decisión discutible — la falta existió, pero el rigor de la expulsión fue exagerado para lo que se había visto en el campo. El Madrid, que había llevado el partido con orden durante casi una hora de la segunda parte, tuvo que defender los últimos minutos con diez.

Y ahí llegó la pesadilla.

Luis Díaz, que en el Bernabéu ya había marcado en la ida, puso el 3-3 en el 89. El empate que devolvía la ventaja al Bayern en el global. Olise cerró el marcador en el 94, ya en el descuento, con el Madrid sin fuerzas y sin tiempo para responder. Bayern 6, Madrid 4 en el global. El Madrid, fuera.

Lo que queda de esta eliminatoria, más allá del dolor inmediato, son dos cosas que merecen ser sostenidas.

La primera es Arda Güler. Dos goles en la vuelta, partidazo en la ida. Una eliminatoria de cuartos de Champions que su equipo terminó perdiendo, pero en la que él apareció cuando nadie más aparecía, cuando el partido era ancho y difícil y había que tener personalidad para decidirlo. Güler se está convirtiendo en ese jugador que en los partidos grandes no desaparece sino que se agranda. Calidad y personalidad de nivel Real Madrid. El club necesita saber cómo construir alrededor de eso.

La segunda es una pregunta incómoda que el verano tendrá que responder. El Madrid compitió. Tuvo momentos. Tuvo a Güler. Pero también mostró, una vez más, que cuando el partido se complica y el equipo necesita solidez colectiva para cerrarlo, algo falla. No es un problema de nombres. Es un problema de identidad. Y eso no se resuelve solo con un mercado de fichajes sino con decisiones más profundas y, probablemente, más dolorosas.

El Allianz apagó las luces con el Bayern en semifinales. El Madrid vuelve a casa con una actuación que, en otro contexto, hubiera sido motivo de orgullo. Esta noche, solo es una despedida.

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