En un momento dado
·8 February 2026
Dani Olmo ¿en la base?

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Pedri es trampa. Tanto en el césped como en el análisis. Pedri es el segundo mediocentro del Barça de Flick o, en todo caso, su segundo futbolista en la base del centro del campo. Junto al pivote, el canario se ha erigido en el faro y el metrónomo del conjunto azulgrana y ha multiplicado una influencia sobre su equipo, el rival y los partidos que lo ha catapultado definitivamente como referencia absoluta de la posición. En su caso, sin embargo, muy claramente la gallina va antes que el huevo. Pedri no juega en la base de la jugada para ocupar un determinado espacio dibujado previamente en el esquema, sino que es el esquema culer el que se ha adaptado para proporcionarle a Pedri el hábitat más favorecedor. Uno en el que participe más y en el que, normalmente, pueda hacerlo jugando de cara. Pedri no es el segundo mediocentro, el segundo mediocentro es Pedri. Suena parecido pero no es lo mismo. Por eso, en su ausencia, lo que mejor le ha funcionado a Hansi Flick no ha sido ocupar el vacío del canario con un futbolista habituado a la posición, sino con el que mejor replique el juego o, en todo caso, el impacto del 8 del Barça. No se trata de encontrar otro segundo mediocentro, sino de encontrar otro Pedri.
De este modo, ya que el principal impacto del canario sobre el juego del conjunto de Flick tiene que ver con la vertiente ofensiva, hace ya varias semanas que, en su ausencia, Hansi le ha entregado su lugar a Olmo. También mediapunta como originalmente lo fue Pedri, Dani no es mediocentro pero sí claridad, lectura y golpeo con el balón en los pies. No como Pedri, pero como Pedri. Así saltó el Barça al Camp Nou para medirse al Mallorca de Arrasate, con Dani Olmo en la segunda altura del mediocampo, cerca de Marc Casadó, y Fermín en la tercera, cerca de Lewandowski. Y en base a ello organizó también su planteamiento defensivo el equipo balear. Por resumirlo, podría decirse que el bloque visitante distinguía dos configuraciones distintas de sus parejas defensivas exteriores en función de los roles de los laterales y los extremos azulgranas, y también dos encargos diferenciados, por línea, a la hora de contener a los interiores culers. Poniéndole nombres: en la izquierda Mojica se emparejaba por fuera con Lamine y Jan Virgili por dentro con Koundé, mientras que por derecha el defensor más atrasado (Maffeo) iba por dentro con el extremo (Rashford) y el más adelantado (Morey) por fuera con el lateral (Balde).
Esto le permitía a Arrasate dibujar casi permanentemente una defensa de cinco atrás, que no sólo ensanchaba su última línea sino que añadía una pieza por dentro con la que atender la posición adelantada de Fermín. El objetivo del vizcaíno era que los movimientos profundos del interior derecho del Barça no hundieran a Mascarell o a Pablo Torre limpiando la diagonal de Lamine hacia la frontal, sino que, llegado el caso, fuera Valjent quien tomara el relevo. Un cinco contra cinco con Lamine, Fermín, Lewandowski, Rashford y Balde por un lado, y Mojica, Valjent, David López, Maffeo y Morey por el otro. Mientras el plan defensivo del Mallorca le daba a Fermín consideración de delantero, a Dani Olmo, en su rol de nuevo Pedri, lo leyó como centrocampista. Con Morey extraído de la línea de medios y reconvertido en carrilero debido a su vigilancia sobre Balde, el encargado de saltar sobre el de Terrassa fue Samú Costa, quien muy habitualmente se dibujó como el centrocampista más abierto a la derecha de su equipo. Un centrocampista para tapar al interior de segunda altura, y un defensor para hacer lo propio con el interior de tercera altura, con tal de que ninguna de las vigilancias obligara a que las líneas mallorquinistas tuvieran que girarse. Así fue el partido hasta que Dani Olmo decidió cambiarlo. O mejor dicho: hasta que Dani Olmo decidió que Rashford y Lamine lo cambiaran.
La decisión del catalán consistió en subir un peldaño su posición, abandonar la base para situarse a la espalda de Samu Costa y desde ahí amenazar desde la llegada el espacio abierto entre Maffeo y David López. Aprovechando que la tendencia más exterior del inglés llevaba a que el otrora lateral derecho visitante se juntara más a Morey que al central, para irrumpir sin balón en el interior del área. El movimiento de Dani tuvo dos consecuencias. La que primero impactó en el partido y antes se hizo notar en el marcador fue la de limpiarle la diagonal hacia la frontal a Rashford. Con balón en los pies del inglés, Olmo cortaba hacia arriba, empujaba a Samu contra la línea defensiva y habilitaba totalmente un pico derecho del área para el cual el Mallorca ya no contaba ni con volantes ni pivotes. A partir de ahí, Marcus podía conducir de fuera a dentro y habilitarse el disparo. El segundo impacto fue que, con Rashford amenazando el pico del área y Olmo encaramado como una segunda referencia entre líneas junto a Fermín, el poder de atracción del carril central del Barça se multiplicó, permitiendo que, también en la derecha, se aclarara el escenario para un Lamine que pasó a encontrar más y mejores situaciones de uno contra uno y para centrar su posición en ventaja. Cuanto más impacto ofensivo tenga Olmo, menos extrañará el Barça a Pedri. Y el sábado el espacio para hacerlo no estaba en la base.
– Foto: David Ramos/Getty Images









































