Daily Cannon
·27 May 2026
El Arsenal vuelve a ser el mejor de Inglaterra y ya nadie lo discute

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·27 May 2026


Foto de Michael Regan/Getty Images para la Premier League
Marquen la fecha y la hora. El domingo 24 de mayo de 2026, en Selhurst Park, Martin Odegaard levantó el trofeo de la Premier League mientras el Arsenal conquistaba su 14.º campeonato de liga.
Con el Aston Villa derrotando al Manchester City en el último partido de Pep Guardiola al mando, el Arsenal ha terminado la temporada con una ventaja de 7 puntos, la diferencia hacia la que siempre parecía que nos dirigíamos, aunque no siempre lo pareciera.
Así que el título quedó sentenciado a tiempo para el último partido de la temporada y la semana pasada pude hablar con LBC News sobre ello. Como la mayoría de vosotros que estáis leyendo esto, estoy seguro, yo tenía que tomar una decisión sobre lo que Jo y yo íbamos a hacer el domingo. Por un lado, nuestro primer título de la Premier League en 22 años sin duda pedía la madre de todas las celebraciones en el norte de Londres. Sin embargo, solo había un lugar donde yo podía estar en un día como el domingo.
Y ese era con mi tío Stevie, mi tía Val y su hijo Josh.
22 años antes, yo estaba sentado en el salón de Stevie con lágrimas en los ojos, rebosante de orgullo mientras Patrick Vieira levantaba aquel hermoso trofeo, sin darme cuenta de que, más que un nuevo comienzo glorioso, estaba viendo el final de 8 años de trabajo.
En fin, 22 años después, me parecía totalmente lógico pasar el día con Stevie, que al día siguiente del empate del City en Bournemouth me había enviado un mensaje cargado de emoción hablando de lo “bonito y cruel” que era haber transmitido su obsesión a la siguiente generación. Se refería a Josh, seguro, pero estoy bastante convencido de que también se refería a mí. Y quizá incluso a su hijo mayor, James, que de algún modo se las había ingeniado para acabar en Bristol, lejos de todos, durante el fin de semana.

Foto de Michael Regan/Getty Images para la Premier League
Cuando llamé a Stevie el sábado para decirle que iba a pasarme por allí, le pregunté si ya estaba bajando de las nubes y me dijo que no, que algo así tardaría un tiempo en disiparse. Y obviamente tenía toda la razón, quiero decir, está clarísimo, porque una semana después todos seguimos sintiéndolo, ¿no?
Pero me hizo pensar en la importancia de ganar y en la absoluta avalancha de endorfinas que inundó mi cuerpo cuando sonó el pitido final en Bournemouth la semana pasada. La reacción casi exactamente opuesta a las sensaciones que me habían invadido solo ocho días antes, antes de la más dulce de las intervenciones del VAR en el London Stadium.
Ya sabéis, como aficionado del Arsenal que ha visto a su equipo poner contra las cuerdas durante dos años a uno de los mejores equipos de la historia, dirigido por el segundo mejor entrenador de la historia de la Premier League, enseguida te das cuenta de que nadie te da crédito por ser solo muy bueno. No recibes ningún reconocimiento por casi ganar la liga; de hecho, ocurre justo lo contrario. Mis amigos en Leeds me lo han dejado abundantemente claro.
Esas burlas de “otra vez segundos” han dolido tanto porque golpean de lleno la idea misma de que, como Sísifo, estábamos condenados a empujar eternamente esa roca cuesta arriba, llegando muy cerca de la cima, pero sin terminar nunca de conseguirlo. Comentaristas como Joe Hart podían ver cómo habíamos rendido toda la temporada en comparación con el City y aun así decir que esperaban que el City rematara el trabajo. Sí, en parte porque el City ya lo había hecho antes, pero implícito en ese juicio estaba que al Arsenal le faltaba carácter.

Foto de Michael Regan/Getty Images para la Premier League
Pues bien, ahora hemos demostrado que sí lo tenemos y, si este 14.º título de liga me ha dado un extra de energía, una mayor firmeza en el pecho, entonces solo podéis imaginaros lo que habrá supuesto para estos jugadores haber logrado por fin llevar esa roca hasta la cima.
Supongo que ni siquiera hace falta imaginarlo. Se veía en las celebraciones del domingo la euforia de confirmar por fin que el Arsenal no solo es muy bueno jugando al fútbol, sino el mejor de Inglaterra.
La próxima temporada, si y cuando la cosa se apriete, nadie nos mirará preguntándose si seremos capaces de culminarlo, porque ya tienen la respuesta. Y más importante aún, los propios jugadores ahora saben que pueden hacerlo. Mikel Arteta ahora lo sabe, ya lo ha hecho.
Viajar por Londres hasta casa de Stevie fue una experiencia preciosa, camisetas del Arsenal por todas partes, y de camino a Clapham Junction para enlazar hacia Isleworth nos pusimos a hablar con dos Gooners que se habían arriesgado comprando entradas hospitality para Selhurst Park allá por enero. Una apuesta de 800 libras que les salió redonda.
Cuando llegamos a casa de Stevie, lo saludé con un abrazo y las palabras: “¿Cómo estás, campeón?”
Yo —nosotros— hemos esperado esto durante muchísimo tiempo.
También llevaba muchísimo tiempo esperando ver y disfrutar un partido con Stevie sobre el que pudiéramos estar totalmente relajados. Voy a ser sincero, y no creo que nadie espere otra cosa, no podría contaros gran cosa de este paseo bajo el sol en Selhurst Park, que pasó entre una bruma de interminables Cruzcampo, Asahi e incluso algo de Jubel. Gabi Jesus, en el estadio donde realmente empezó hace cuatro años el camino hacia este título, falló unas cuantas ocasiones y luego marcó una. Madueke marcó otra.
Algún tiempo después, encajamos uno y luego otro, pero el VAR nos salvó una última vez.
Pero este partido no iba de eso, solo iba de que Martin Odegaard, Mikel Arteta y el equipo pusieran las manos sobre el trofeo de la Premier League. Y, después de 22 años esperándolo, el Crystal Palace, por lo demás unos anfitriones ejemplares, nos hizo esperar todavía más al final del partido.
La cobertura de Sky, en ese interregno interminable, se concentró de forma desconcertante en el Spurs. Buh, se salvaron.
¿Fue quizá un poco raro que Stan y Josh pusieran las manos en el trofeo primero? Tal vez, aunque sin su apoyo firme a su entrenador en los días más oscuros de 2020, quién sabe dónde estaríamos ahora.

Foto de Michael Regan/Getty Images para la Premier League
Las celebraciones, ante un fondo visitante abarrotado, fueron estruendosas y prolongadas. Como debía ser. Todos los que se han puesto la roja y blanca aportaron algo, y fue fantástico ver ahí a Benny White incluso con la rodillera. Mientras Mikel Arteta, vestido con nuestra roja y blanca, era lanzado hacia el cielo azul del sur de Londres por sus jugadores, era difícil no pensar en Arsène Wenger y en cómo temías por su integridad cuando lo manteaban sobre el césped ya con más de sesenta años tras ganar la FA Cup de 2014.
Arsène había hecho muchísimo por crear el club que existe hoy, pero también había creado las condiciones que llevaron a nuestra caída. Entre ellas, la creciente desconexión del club con la gente que lo sostiene, los aficionados. Se notó que fue Mikel Arteta —un antiguo capitán de Arsène— quien hizo que las celebraciones del domingo se acercaran lo máximo posible al fondo visitante.
Los jugadores volvieron a conectar con la afición, igual que yo he vuelto a conectar con Stevie. Una vez más, resonaron con fuerza sus palabras en aquella primera rueda de prensa de hace seis años y medio sobre volver a conectar a la afición con los jugadores.
Aunque no con tanta fuerza como ese fondo visitante mientras veía a los jugadores juguetear delante de ellos. Tendré que volver a verlo todo otra vez en algún momento, porque hubo demasiado que asimilar, pero mis tres momentos favoritos que sí pillé fueron David Raya con sus guantes de portero, la cara de Declan Rice cuando Martin Odegaard levantó el trofeo y la alegría desatada de Bukayo Saka mientras este club, su club, celebraba volver a la cima del fútbol inglés. Todo en su sitio.
Hagan lo que hagan estos jugadores a partir de ahora, siempre serán los jugadores que acabaron con nuestra espera para volver ahí, y por eso tendrán mi agradecimiento eterno. Quizá algún día tengan su propia sección en las paredes de nuestro estadio.
Uno pensaría que una primera Champions League en Budapest el sábado sellaría casi con total seguridad ese asunto.
¡Nos vemos en la proyección!
Este artículo fue traducido al español por inteligencia artificial. Puedes leer la versión original en 🏴 en este enlace.







































