Un 10 Puro
·13 March 2026
El Laporta más maniqueo

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·13 March 2026

Para bien y para mal, Joan Laporta nunca ha sido un gran amigo de la mesura. Él siempre ha sido más de rock and roll, del campo de las emociones, de convencer tocando el corazón, las entrañas. La actual campaña para elecciones presidenciales del FC Barcelona son la mejor y más radical muestra de ello.
Laporta siempre ha sido de extremos, pero quizás nunca tanto como ahora. Su discurso para vencer a Font se ha ido estableciendo en las últimas semanas: conmigo o contra mí. Y en esa ausencia de grises, en esa escala maniquea que en todo ve una lucha entre el bien y el mal, ha despreciado a varios hombres importantes.
El catalán, favorito para las elecciones del domingo, ha decidido que su estrategia sea hacer de menos a todo aquel que no esté de su lado. Sucedió con Xavi, leyenda de la institución y el primer de entrenador de su segunda etapa; el que se hizo cargo del equipo en sus horas más bajas. "Los mismos jugadores que perdían con Xavi, ahora ganan con Flick", dijo.
En parte Xavi se lo buscó al entrar de forma directa en la campaña, pero incluso sin posicionarse, algunos otros se ha llevado algún recado. Alemany, que asumió la dirección deportiva en el peor momento de la crisis económica, se llevó un desprecio mayúsculo tras darle la razón a Xavi: "Deco es mucho mejor que Mateo Alemany, porque Alemany puede saber de fútbol lo mismo que puedo saber yo".
Incluso un agente se llevó un recado. Laporta acusó a Iván De la Peña de "traidor" por la salida de Dro hacia el PSG. "Si Jorge Mendes hubiese tenido a Dro, no se hubiese ido. Si De La Peña hubiese tenido a Lamine, se lo hubiese llevado", aseguró, dejando de lado que fue con De La Peña, antes de irse con Mendes, que Lamine ratificó su compromiso con el Barça.
Laporta entendió que el camino en la campaña debía llenarse de barro -en eso sí que coincide con Font-. Una decisión cuanto menos cuestionable. Entró siendo enorme favorito y, aunque lo sigue siendo, llegará al domingo con más dudas de las que se podían esperar. Eso sí, al final, serán las urnas las que digan si sus radicalismos han valido la pena.









































