Major League Soccer
·19 June 2026
El primer triunfo mundialista de Canadá también le pertenece a MLS

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·19 June 2026

Durante cuarenta años, Canadá no persiguió una alegría en un Mundial. Persiguió una prueba de que podía pertenecer al máximo torneo del fútbol.
No la encontró en México 1986, desde donde regresó sin goles y sin puntos. Tampoco en Qatar 2022, donde la historia se repitió después de una espera de 36 años.
El empate 1-1 ante Bosnia y Herzegovina hace apenas unos días fue apenas una grieta en esa narrativa: el primer punto mundialista de su historia.
La victoria seguía siendo una frontera invisible. Hasta este jueves. En Vancouver, Canadá cambió el tono de su historia con una goleada histórica 6-0 sobre Qatar, firmó su primera victoria en una Copa del Mundo y cerró la segunda jornada del Mundial 2026 como líder del Grupo B con cuatro puntos.
No fue solo un resultado. Fue una escena que llevaba años preparándose sin que nadie lo nombrara en voz alta. Porque cuando uno intenta entender cómo una selección que pasó décadas mirando los Mundiales desde afuera terminó convirtiéndose en uno de los proyectos más sólidos de Concacaf, aparece una coincidencia demasiado consistente para ignorarla. La mejor selección de la historia de Canadá no nació en un Mundial. Nació durante la era MLS.
Las historias deportivas suelen comenzar con una estrella. Esta debería comenzar con un calendario. Canadá jugó su primer Mundial en 1986, y MLS nació en 1996.
Mientras eso ocurría, una generación de niños canadienses empezaba a crecer viendo algo que sus padres nunca habían tenido. Clubes profesionales de primer nivel, academias, centros de entrenamiento, canteras, una ruta visible hacia el fútbol profesional.
Pero lo que estaba en ciernes no era una generación, sino una infraestructura. Sistemas y caminos formativos y profesionales que pueden cambiar más historias que un grupo de estrellas.
Hay una imagen que explica buena parte de lo ocurrido en Vancouver.
No aparece en los festejos. No aparece en el marcador. Está escondida en la alineación.
Muchos de los futbolistas que participaron en la noche más importante de la historia del seleccionado masculino canadiense tienen una conexión directa con MLS.
Algunos son jugadores actuales de nuestra liga. Otros pasaron por clubes de la liga en el pasado. Otros se desarrollaron en academias vinculadas al ecosistema profesional norteamericano.
Comenzó con el gol del delantero Cyle Larin (que hace una década era uno de los jóvenes más brillantes de la liga en Orlando City), incluyó un tanto de Nathan Saliba (excanterano de CF Montréal), y se coronó con un triplete de Jonathan David (la actual estrella de Juventus, que aún no pasó por el ecosistema de MLS).
En el XI titular estaban nombres de nuestra cotidianeidad, como los del arquero Maxime Crépeau, el defensor Richie Laryea y el mediocampista Stephen Eustáquio.
Y cuando la mirada llega al banco de suplentes, la historia se vuelve todavía más evidente. Jesse Marsch jugó en la temporada inaugural de la MLS en 1996 y fue parte de la Selección de Estados Unidos. Más tarde entrenó en nuestra liga, justamente en la franquicia de Montréal y en Red Bull New York, su era más exitosa en Norteamérica... hasta ahora.
Ayudó a desarrollar talento dentro de ella. Y ahora dirige a la selección que acaba de conseguir la primera victoria mundialista de Canadá. No parece un detalle. Parece un destino.
Cuando Toronto, Vancouver y Montréal llegaron a la MLS, nadie hablaba de ganar partidos en los Mundiales. Las conversaciones hablaban de otras cosas: expansión, mercados, cantidad de público, estadios, posicionamiento de las franquicias.
Pero mientras el negocio crecía, ocurrió algo más importante. Canadá empezó a construir profundidad futbolística.
¿Cómo se registró esa evolución?
En los últimos años, el crecimiento comenzó a notarse:
La victoria sobre Qatar del jueves por la noche termina de completar el cuadro. Porque los resultados ya no aparecen de manera aislada. Empiezan a formar un patrón. Lo que la Selección de Canadá logró el jueves por la noche en Vancouver es histórico por donde se lo quiera ver. El 6 a 0 fue la mayor goleada conseguida por un equipo de Concacaf en la historia de las Copas del Mundo.
Quizás por eso esta no es solamente una historia canadiense. Es una historia regional. La transformación del fútbol en Canadá ocurrió dentro del mismo ecosistema que cambió la relación de Norteamérica con este deporte.
Durante años, el fútbol norteamericano intentó convencer al resto del mundo de que estaba creciendo. Canadá acaba de ofrecer una evidencia difícil de discutir.
Desde hace tiempo, MLS fue medida por los jugadores que llegaban: David Beckham, Thierry Henry, Zlatan Ibrahimović, Lionel Messi. O Sebastian Giovinco en Toronto, Thomas Müller en Vancouver o Didier Drogba en Montréal.
Todos ayudaron a cambiar la percepción de la liga. Pero este Mundial 2026 está planteando una conversación diferente.
¿Qué pasa cuando una liga empieza a ser medida por las selecciones que ayuda a construir?
Canadá no ganó un partido mundialista solo por el hecho de que MLS existe. El fútbol es demasiado complejo para explicarlo de una sola manera.
Pero también resulta difícil ignorar que el mayor logro en la historia del fútbol canadiense llegó cuando maduró la primera generación formada completamente dentro de la era MLS.
Y quizás ahí esté la verdadera noticia.
Canadá celebró una victoria que esperó durante cuarenta años. MLS vio algo más. El resultado de una apuesta que comenzó tres décadas atrás paga dividendos para el fútbol canadiense, con una Selección que se ilusiona con la posibilidad de estar en la próxima ronda.
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