Balonazos
·22 February 2026
El «Templo Aurinegro» no hace milagros

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·22 February 2026


Sin querer ser irónico, el futbol venezolano nos regaló, una vez más, una semana de contrastes profundos en San Cristóbal, el Deportivo Táchira, que venía de inflar el pecho tras superar a The Strongest en la Fase 1, se topó con la pared del realismo táctico. Caer 0-1 ante Deportes Tolima en Pueblo Nuevo repite lo que parece ser el síntoma de una enfermedad crónica que padecen los clubes venezolanos cuando cruzan la frontera, vale decir, de lo doméstico hacia lo continental.
Lo de Álvaro Recoba en el banquillo aurinegro empieza a generar un murmullo incómodo en las gradas, y no es para menos, pues el equipo da la impresión de vivir en una montaña rusa emocional: capaz de la épica en la fase previa, pero vulnerable ante un Portuguesa que, bajo el mando del propio «Chino» Recoba en una carambola del destino liguero, le arrebató puntos clave, sumado a un empate insípido frente a Trujillanos. Todo, hasta el momento, va de una combinación siniestra entre falta de plantel y un cortocircuito en la idea de juego. Duro, pero simple.
Para encontrar la última vez que el «Carrusel Aurinegro» realmente hizo ruido en la Copa Libertadores, tenemos que desempolvar los archivos de 2004. Aquel equipo del tempestuoso César Farías, que rozó las semifinales, parece hoy una leyenda urbana frente a la realidad actual. Desde entonces, junto a la gesta de Estudiantes de Mérida en el 99, los destellos han sido eso: chispazos de luz en un apagón competitivo que ya dura dos décadas. El problema no es solo la derrota, sino las formas.
El Tolima de Lucas González no necesitó de magia, sino de orden y oficio. Mientras el Táchira se diluía en posesiones horizontales y centros sin destinatario, el cuadro colombiano gestionó el reloj y aprovechó la desatención defensiva que Kelvin Flórez canjeó por gol al minuto 65. Es el guion de siempre: el equipo criollo propone con voluntad, pero el visitante dispone con jerarquía.

La pregunta que quema en los “corrillos” futbolísticos de San Cristóbal es inevitable: ¿Tiene futuro este proyecto? La llegada de una figura mundial como Álvaro Recoba buscaba darle ese salto de calidad mental al grupo, pero los números en el torneo local y este traspié internacional ponen la lupa sobre su gestión. Perder contra el «Penta» y empatar con los «Guerreros de la Montaña» evidencia que el equipo no ha logrado separar la ansiedad de la Libertadores de sus obligaciones en la Liga Futve.
El fútbol moderno no perdona las transiciones lentas ni la falta de «punch» en el último cuarto de cancha. Táchira extrañó la fluidez de sus volantes creativos y, sobre todo, ese «colmillo» necesario para cerrar los partidos en casa. Si Recoba no logra dar un golpe de timón en Ibagué, su proceso podría ser tan fugaz como una estrella de verano. La directiva suele tener paciencia corta cuando el «Templo Sagrado» deja de ser inexpugnable.
El panorama para la vuelta es sumamente complejo, ya que ir a Colombia a remontar requiere de una metamorfosis futbolística que no se ha visto en los últimos tres partidos. El Táchira necesita recuperar la memoria defensiva de Fratta y la chispa de Peñaranda si quiere evitar que esta Libertadores sea otro «pasé por aquí».
El futuro del aurinegro pende de un hilo delgado. En la Liga, el margen de error se está agotando; en la Copa, queda la épica o el olvido. La historia nos dice que los clubes venezolanos suelen quedar en la estacada en estas instancias, pero si hay un equipo capaz de romper la lógica —cuando se lo propone— es el de San Cristóbal. ¿Qué le deparará el destino a Recoba? La respuesta está a 90 minutos de distancia. ¡Veremos!









































