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·30 January 2026

El torneo de verano no inició en Bolivia: ¡los clubes con sanción en FIFA no podrán jugar!

Article image:El torneo de verano no inició en Bolivia: ¡los clubes con sanción en FIFA no podrán jugar!

Lo que debía ser una fiesta deportiva para marcar el comienzo de la temporada del fútbol profesional en Bolivia terminó convertido en un verdadero papelón institucional. El tan esperado Torneo de Verano 2026, que estaba programado para abrir oficialmente la actividad futbolística del año, fue suspendido de último minuto por tener clubes sancionados en FIFA y querer poner jugadores «nuevos» en su plantilla, desatando confusión entre clubes, jugadores, hinchas y organizadores.

La suspensión se produjo en la víspera del debut, después de que los equipos se prepararon, los estadios se acondicionaron y varios aficionados se ilusionaron con un inicio competitivo. El cronograma del torneo, con clásicos regionales y partidos llamativos para calentar el ambiente antes del campeonato liguero, se vino abajo en cuestión de horas, dejando en evidencia la falta de coordinación y de comunicación entre los órganos que rigen el fútbol nacional.


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La noticia cayó como un baldazo de agua fría. Clubes que ya tenían logística lista, delegaciones que viajaron y públicos que ocuparon localidades, se vieron de repente sin partido. Los dirigentes no tuvieron otra opción que explicar un desorden, el torneo no se puede jugar con clubes que infringen la regla, si están sancionados en FIFA, no pueden habilitar jugadores incluso si se trata de un torneo amistoso.

La sensación general es de frustración. El Torneo de Verano tenía una función clara: poner en marcha la temporada, darle rodaje a los planteles, verificar refuerzos y ofrecer espectáculo a la hinchada. Sin embargo, lo que perdurará de este episodio es el desconcierto y la imagen de un fútbol nacional que no logra coordinar ni siquiera la primera competencia del año.

La suspensión inesperada deja al descubierto la falta de planificación y de instrumentos básicos de calendarización y organización, que deberían estar resueltos meses antes. El torneo, concebido como una antesala al campeonato oficial, ahora queda en el limbo —sin fechas claras ni garantías—, y la pelota se aleja de la cancha mientras la gerencia del fútbol boliviano se enfrenta a una pregunta difícil: ¿cómo se administra un certamen que no llega siquiera a comenzar?

Para los aficionados, el golpe es uno más a su pasión: no solo se pierde la oportunidad de ver fútbol en enero, sino que el fracaso organizativo empaña la credibilidad de quienes deben velar por la competencia y por el espectáculo que hace latir a miles cada fin de semana.

En definitiva, un inicio de temporada que prometía emociones terminó en confusión y desorden, con el sello de un clásico papelón que deja al fútbol boliviano en el centro de las críticas y la necesidad urgente de orden, planificación y profesionalismo.

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