La Galerna
·10 February 2026
En un John Deere hacia la victoria final

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·10 February 2026

Todos los que alguna vez hemos tenido relación con el campo —me refiero al campo de verdad y no al que el urbanita se imagina cuando piensa en echar un fin de semana— conocemos la marca John Deere. Es el fabricante de tractores por antonomasia. Sus máquinas son robustas, fiables. Están hechas para que duren toda la vida, como se hacían las cosas antes.
Si Valverde, Tchouaméni y Camavinga fueran tractores, quizá serían tractores John Deere. Desde luego, los dos primeros sí, pues son fiables y robustos, jugadores para toda la vida, en particular Valverde. No sé yo si Camavinga, que lleva casi dos años con la consistencia en su juego de una vía de tren arreglada por el Gobierno de coalición y de progreso…
Recuerdo que una vez Toni Kroos se amoscó con Bernardo Schuster por decir que tenía la movilidad de un tractor. Y eso que Kroos, más bien, se parecía a uno de esos aviones de combate tipo Harrier, caracterizados por su «empuje vectorial». Que, en palabras de la Wikipedia, «es la capacidad de una aeronave u otro vehículo para dirigir el empuje de su motor en una dirección distinta a la paralela al eje longitudinal del vehículo».

Siendo, pues, muy generosos, el Madrid tiene un centro del campo poblado de tractores John Deere. En Valencia pudimos disfrutar de la puesta en escena del que será el mediocampo con el que el Madrid de Arbeloa enfrentará al Benfica por algo más que una plaza en los octavos de final de la Copa de Europa, pues de esa eliminatoria dependerá en buena medida la pelea por el título de liga, las altas y las bajas que se acometan en verano e incluso la próxima carrera electoral por la presidencia del club y, sobre todo, la salud mental de millones de personas en todo el mundo.
Contando con que alguien sano y con las dos piernas (y sus rodillas) en su sitio, esté disponible para jugar de lateral derecho, el trío Valverde-Camavinga-Tchou será el de la partida en el eje, el triángulo que estará en la base del juego del equipo en los partidos más importantes del año.
El Madrid está para ir tirando y para eso, este centro del campo es perfecto, porque ayuda a que atrás se consolide algo y que adelante se pueda crecer en torno al tándem Güler-Mbappé
Una nota al margen: el Madrid cuenta, ahora mismo en su plantilla, con los dos mejores laterales del fútbol europeo en la última década. Sin embargo, ninguno parece estar para titular, lo cual no deja de ser un chiste más bien amargo. Teniendo en cuenta que Carvajal, después de su devastadora lesión y con la edad que tiene, a lo mejor no llega ya ni al cincuenta por ciento del extraordinario jugador histórico que fue; y que Trent tiene esa cara desnortada y temerosa que se les pone a las estrellas inglesas de la Premier en cuanto salen de aquel ecosistema tan característico y brit del fútbol de las islas, ¿qué planificación deportiva soporta esto?
En Mestalla vimos un adelanto de lo que ese Madrid de hormigón, músculo y afrotrap puede darnos. Consistencia, desde luego. También aburrimiento. El Madrid tuvo en Valencia el ritmo y el dinamismo de un tractor labrando una parcela. Más que empuje vectorial, su centro del campo tuvo empuje centrípeto, empujaba hacia dentro y a nosotros, que lo veíamos desde el sofá de nuestra casa, nos empujaba a la cama: al proceloso mar de los lunes, a los grises afanes cotidianos, a la levedad del tiempo ordinario…

No es un Madrid que haga soñar, desde luego, más bien lo contrario. Pero a estas alturas el madridista ha de ser consciente de que no está para soñar sino para evitar tener pesadillas. Hay que ser humilde. Hay pocas cosas peores, para un madridista, que cortarle las alas a su imaginación: se me ocurre que un empate a cero y que lo entrene un vasco. El Madrid está para ir tirando y para eso, este centro del campo es perfecto, porque ayuda a que atrás se consolide algo y que adelante se pueda crecer en torno al tándem Güler-Mbappé.
Entre Valverde, Tchou y Camavinga apañan las coberturas, por lo que se puede contar con alguna alegría de los laterales «largos». Ya lo vimos con Carreras, que por momentos parecía incrustado en los tres cuartos de campo como un mediapunta más. Esto evoca las grandes praderas en las que habitaron los mejores laterales de la historia del Madrid: Roberto Carlos, Marcelo, Carvajal…
El John Deere nunca va a correr como un Ferrari, pero ¿es eso lo que ahora hace falta?
También se le ve un poco mejor a Huijsen, que se atreve incluso con conducciones largas y a subir hasta la bombilla del área del contrario. Su envergadura y su toque de balón son sus mejores bazas de cara al futbolista que podría ser y que probablemente será. Su mili está siendo dura. El Madrid es una bomba que pone a prueba hasta el carácter sosegado y chill de los zoomers. De esta temporada puede salir un jerarca. Me acuerdo de los primeros años en el Madrid de Ramos o de Marcelo.
En base a esa «formación tortuga», con Asencio-Huijsen sujetando y el triángulo antedicho flotando sobre ellos, el Madrid puede crecer. Sin ambiciones, recordando casi la defensa de 5 de Del Bosque en el 2000, con carrileros abiertos y joviales… —con peores mimbres el Madrid ha ganado una Copa de Europa—, aunque este año habrá que ir viendo. El John Deere nunca va a correr como un Ferrari, pero ¿es eso lo que ahora hace falta? Todos los equipos campeones han empezado por sellar la portería propia. Y aunque el verbo sellar es mucho verbo para este Madrid, desde las victorias sufridas y el agonismo zidanesco se puede construir algo, por más que sea algo de emergencia.
¿Acaso no vive el Madrid en un estado de emergencia permanente?
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