La Galerna
·1 April 2026
Entrenadores del Real Madrid (XVI): Carniglia (II)

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Continuación de la primera parte de la pieza dedicada a Carniglia.
Tras finalizar la campaña 1957-58, la plantilla se marchó de vacaciones y quedó citada para volver a los entrenamientos el 1 de agosto. En la secretaría técnica causó baja Ipiña y entró el húngaro Osterreicher, mientras que en la plantilla había colgado las botas el capitán Miguel Muñoz y se incorporaron, entre otros, Chus Herrera, Miche, el uruguayo Héctor Ramos y Ferenc Puskas, una estrella mundial cuyo rendimiento era una incógnita después de un año parado por una sanción de la FIFA tras exiliarse de su país. El fichaje del magiar no gustó demasiado a Carniglia por su estado físico al estar pasado de peso. Cuando Antonio Calderón, el gerente, se lo comunicó, le respondió: “¿Ah, sí? ¿Y qué hacemos con su barriga? Calderón replicó firme: “La barriga se la quita usted, ese es su trabajo”.

Carniglia en la báscula con Rial
La pretemporada comenzó con cuatro partidos en Sudamérica donde se incorporaron Domínguez, Santamaría, Rial y Di Stéfano, que se perdieron los primeros entrenamientos. Un partido se disputó en Brasil, otro en Uruguay y dos en Buenos Aires. En el segundo en la capital argentina, ante River, el técnico alineó a una delantera mítica formada por Kopa, Puskas, Di Stéfano, Rial y Gento. Durante la campaña, y por distintos motivos, no sería el ataque más utilizado, y aparecerían juntos en el once mucho menos de lo esperado.

Delantera mítica: Kopa, Rial, Di Stéfano, Puskas y Gento
Carniglia volvió de la gira “orgulloso por ser preparador del Madrid, y después de sus actuaciones, todavía más”, y su trabajo físico con Puskas empezaba a dar sus frutos. En el choque ante San Lorenzo, marcó sus primeros tantos y en el Trofeo Carranza mostró una buena versión anotando cuatro goles al Wiener SK austriaco en semifinales. La Liga era un objetivo importante del club porque nunca en la historia se había ganado por tercera vez seguida, pero aquel año el equipo pinchó. No así en la competición que empezaba a ser fetiche: la Copa de Europa.
En la competición doméstica, los madridistas vivieron momentos de buen fútbol, en algunos casos espectacular, con otros mucho más discretos que costaron puntos. La línea no fue regular ni constante, y eso impidió el título ante un Barça de Helenio Herrera que falló menos que los blancos. El Real Madrid consumó grandes goleadas en casa al Gijón y el Atleti con cinco goles, seis a la Real Sociedad, ocho al Osasuna y Sevilla o diez a la UD Las Palmas. Sin embargo, las derrotas fuera contra el Barça por goleada, Atlético de Madrid y Atlético de Bilbao fueron una losa importante. Tampoco se consiguió ganar en Atocha y Mestalla, y por cuatro puntos de diferencia se dijo adiós a la Liga.
Carniglia, durante más de mes y medio entre febrero y abril de 1959, tuvo que dejar la disciplina diaria del equipo por culpa de un cólico nefrítico. Primero se hizo cargo de la situación en los entrenamientos su segundo José Moleiro y más tarde, de forma interina, el entrenador fue Miguel Muñoz. El día 24 de febrero el argentino fue operado en el sanatorio de Nuestra Señora del Rosario por el doctor Hidalgo, que le extirpó un cálculo de un riñón. En total estuvo ausente nueve partidos entre la Liga y la Copa de Europa.

El argentino había estado presente en la primera eliminatoria europea ante el Besiktas, que fue muy dura. En el choque en el Bernabéu hubo expulsiones por cada bando, mucha intensidad y se pudo ver en acción a la delantera mítica blanca para ganar por 2-0. En la vuelta, el empate a uno en Estambul dio el pase a los merengues. La siguiente ronda, contra el Wiener SC, seguía de baja por la operación y se encargó de la preparación Muñoz. El Real Madrid se trajo un empate del Prater, a Puskas expulsado y a Muñoz protagonista en una tangana. Dos semanas más tarde el Real Madrid apabulló a los austriacos con siete goles en el coliseo blanco.
Yiyo retornó para la igualada eliminatoria de semifinales contra el Atlético de Madrid. En cada feudo ganó el equipo local y se tuvo que recurrir a un desempate en La Romareda. Un partido que decidió Puskas marcando el 2-1 antes del descanso, y también Domínguez con sus intervenciones evitando en los últimos minutos otra prórroga. Tras el partido, Carniglia declaró que “para el Madrid siempre suponen todos estos partidos una final. El Atlético luchó mucho, pero terminó defendiéndose. Merecimos un tercer gol, y ha sido una pena no haberlo logrado”.

Carniglia con el equipo en el Metropolitano, 1958
La final celebrada en Stuttgart iba a tener un viejo conocido como adversario: el Stade de Reims. Los franceses, con el mítico Albert Batteux en el banquillo, ya no tenían a Kopa, que estaba en el cuadro blanco, pero tras su salida se había erigido como en gran estrella del equipo el atacante Just Fontaine. El partido tuvo una ausencia inesperada en la figura de Puskas por una decisión del entrenador Carniglia que Bernabéu aceptó, pero no olvidó. El argentino era de la opinión de que la presencia de Puskas podría predisponer a los aficionados alemanes en contra del Madrid, ya que la familia del magiar había renunciado a su origen germano. Además, el delantero estaba recién recuperado de una lesión, llegaba muy justo al encuentro y el entrenador temía que se pudiese resentir durante el juego y dejar al equipo con diez.
En la previa sobre el choque, Yiyo manifestó que “no será un partido fácil, ya que el Stade de Reims atraviesa un momento espléndido de juego, moral y preparación”. Los franceses, con muchos internacionales en sus filas, buscaron una revancha que no llegó. No fue el encuentro más brillante de los madridistas con un Kopa cojo a los quince minutos, pero que se acabó haciendo con la victoria por 2-0. Mateos hizo el primer gol y buscó el segundo en un penalti que erró. Luego, Di Stéfano, que no fallaba marcando en finales, logró el tanto de la tranquilidad. El Real Madrid era campeón de Europa por cuarta vez y Carniglia afirmó a los medios que “la lesión de Kopa trastocó el juego, pero en la segunda mitad el equipo ha mandado en el terreno. Estoy muy satisfecho del triunfo, hemos superado con amplitud a los franceses”.

Copa de Europa 1959

En la última competición del año, la Copa, en esta ocasión el techo fueron las semifinales. En primera ronda doblegaron con facilidad al Extremadura. En octavos, se repitió la final del año anterior, pero esta vez los blancos fueron muy superiores al Atlético de Bilbao, venciendo en la ida y la vuelta. En cuartos, el triunfo en casa contra el Sevilla fue suficiente para pasar a unas semifinales en las que el Barça demostró estar de dulce, ganando en Chamartín y también en el Camp Nou.
Antes de terminar la temporada se produjo un acontecimiento especial con el homenaje a Miguel Muñoz. Fue en un Bernabéu repleto y con un invitado de categoría: el Santos de Pelé. Un choque que atrajo mucha atracción y congregó a periodistas de muchos lugares del mundo. El célebre capitán no jugó, pero sí se invitó a estrellas de otros equipos como Del Sol del Real Betis o Gaínza del Atlético de Bilbao. El partido fue atractivo y con muchos goles, se resolvió con 5-3 para los blancos.

Carniglia en el banquillo
Una semana después del homenaje a Muñoz, el técnico argentino dejó la entidad madridista. El diario Marca publicó el 24 de junio que el conjunto blanco le propuso la prórroga de su contrato por una temporada más y el argentino pidió unos días para pensarlo. La oferta era generosa, puesto que se le ofrecía, al parecer, doblarle las condiciones vigentes. Carniglia estaba en Roma y allí también negociaba con un equipo italiano. Finalmente, el argentino decidió aceptar la oferta muy jugosa de este conjunto, que era la Fiorentina, y en una reunión con la directiva madridista en la noche del 25 de junio se despidió de la junta agradeciendo el comportamiento que habían tenido con él. Carniglia expuso que prefería la oferta viola porque su creencia era que el entrenador no debe ni puede desgastarse con su permanencia durante muchos años en una sociedad. Después, también se despidió de los jugadores, a los que dio un discurso muy emocionado exaltando las virtudes y camaradería de la plantilla que había tenido a sus órdenes.

Yiyo prosiguió su carrera como entrenador durante casi dos décadas, entrenando sobre todo en el calcio. Allí dirigió a la Fiorentina, Bari, Roma, AC Milan, Bolonia y Juventus. También tendría un breve paso por el Deportivo de la Coruña, San Lorenzo en su país o el Girondins de Burdeos. Su mayor conquista fue la Copa de Ferias con el cuadro giallorossi en 1961.
Fotografías: archivo de Alberto Cosín
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