La Galerna
·19 January 2026
Esto es Esparta

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Estas citas reflejan la mentalidad espartana de valor extremo, disciplina férrea y un profundo sentido del deber hacia Esparta.
Estas fueron las palabras que nos dijo a Jesús Bengochea y a mí, hace ya unos años, mi tocayo, en un restaurante del centro de Madrid. Hablábamos de la vida, del fútbol, de su carrera, del futuro. Pero no fue tanto el contenido de la frase lo que se me quedó grabado sino la forma de decirla: la cadencia de la voz, la serenidad, la absoluta seguridad con la que fue pronunciada. Esa manera de decirlo lo explicaba todo. Ahí estaba ya ante nosotros el entrenador del Real Madrid.
He tenido la suerte de conocer a Álvaro desde cerca, a través de amigos comunes que fueron al colegio con él. Tanto él como su familia siempre han sido generosos, cercanos, profundamente leales a su entorno desde la infancia y la adolescencia. Y lo siguen siendo hoy, quizá incluso más. En lo personal, siempre me han tratado como a uno más de los suyos. Y eso no se olvida.
Álvaro Arbeloa es el Real Madrid; el Real Madrid moderno, el club que ha inventado para nosotros nuestro presidente y el que nos quiere dejar. Álvaro es su espartano, quien encierra en sí mismo todos los valores del club: compromiso, sacrificio, identidad, competitividad y una idea muy clara de lo que significa defender este escudo.

Muchos dicen: “es el nuevo Mourinho”, “es un Mou 2.0” he llegado a escuchar. No. Álvaro no es Mourinho primero, ni segundo, ni tercero. Álvaro es Álvaro. Y eso es lo verdaderamente importante. Ha sabido absorber lo mejor de cada entrenador que ha tenido a lo largo de su carrera, pero sin perder nunca su propia personalidad.
Nunca se ha callado. No se calló como jugador y no se ha callado como entrenador. Eso le ha costado críticas, incomprensión y no caer bien en determinados sectores; incluso dentro del propio madridismo. Pero la realidad es que Arbeloa es exactamente la persona que este club necesita ahora.
Álvaro es el héroe que Gotham necesita. Nuestro Bruce Wayne y nuestro Batman. Un superhéroe dispuesto a pelear por todos: por los pro-Arbeloa y por los anti-Arbeloa. Le da igual. Va a ir a la batalla con todos. Es Leónidas y su fiel ejército caminando hacia las Termópilas, sabiendo que quizá no haya regreso, que no hay marcha atrás.
El día que dijo “sí” a esta petición del club, aceptando el reto tal y como se le planteó, estoy seguro de que no era exactamente como lo había soñado. Pero jamás habría dicho que no a su Real Madrid. Nunca habría dicho que no a su afición, a su presidente, a su entorno, a su equipo.

Máxima asociada a la formación espartana y a su obsesión por la disciplina.
Y en ese camino no está solo. A su lado está Julián Carmona, su segundo entrenador y amigo de la infancia. Juntos forman una dupla que, sin ruido, sin focos innecesarios, ha ido escalando desde abajo en las categorías del club hasta llegar a la cima de la montaña.
“Porque solo si has estado en el valle más profundo puedes comprender de verdad lo que significa alcanzar la cima más alta”. Esta idea define —y definirá— el camino de nuestro nuevo entrenador en el Real Madrid.
Pase lo que pase, con resultados buenos, malos o intermedios, Álvaro Arbeloa no va a dejar indiferente a nadie. Él sabe mejor que ninguno de nosotros dónde está. Conoce la situación del club, entiende a la afición, comprende todo lo que hay detrás: la presión, el ruido, la batalla mediática permanente, incluso esa lucha constante contra el propio poder que representa el Real Madrid.

Idea recurrente en Esparta: la calidad, el honor y la disciplina frente al número.
Vivimos en una especie de “Guerra de las Galaxias diaria” en la que somos el centro del universo y todos orbitan alrededor con una sola idea: ir a por nosotros. Hay quien cree que este es un momento de debilidad y por eso se atreve a atacar ahora. Curiosamente, cuando se ganaban tres Copas de Europa seguidas, permanecían escondidos en una galaxia más allá de las puertas de Tannhauser.
Mi tocayo no va a flaquear en este contexto, quien piensa eso es que no le conoce. No se va a esconder. De puertas para adentro será elegante, pero directo, de puertas hacía fuera, igual. Reflexivo, pero contundente. Escuchará, pero tomará decisiones. Algunas gustarán, otras no. Será querido y será odiado. Él lo sabe y lo acepta.

Paradoja central de la educación espartana.
Y cuando todo esto pase, cuando llegue mayo, el buen tiempo vuelva a Madrid y la ciudad se llene de ilusión camino de unos cuartos o unas semifinales de Champions, veremos cómo muchos de los que hoy critican —al entrenador, al presidente, al club— querrán subirse al caballo blanco que conduce a otra final de la Copa de Europa. Y se les dejará subir. Álvaro les dejará. El presidente les dejará. Pero todos sabremos quiénes estuvieron y quiénes no, quiénes son de verdad del Real Madrid y quiénes solo aparecen cuando huele a gloria.
Él aceptará a todos, porque conoce perfectamente la idiosincrasia del club y la de su afición. Esta Liga se va a disputar contra el Barcelona. Se puede ganar o se puede perder, pero hay algo seguro: se va a competir. Hay factores que condicionan el camino. El equipo, físicamente, no está en su mejor momento. Veremos qué sucede. Ha vuelto Pintus, que nunca debió irse, y eso ya marca un punto de inflexión.
Empieza una nueva etapa. Una etapa que, más allá del miedo o la duda, deberíamos vivir con ilusión. Porque siempre que en el Real Madrid se ha vivido un detonante de este calibre —como lo fue Mourinho, como lo fue Capello en su primera y segunda etapa— el club ha reaccionado. Y ahora estamos ante el siguiente gran impacto de las últimas tres décadas.
Estamos ante una mezcla de la exigencia de Capello, la calma y el cerebro de Carlo, el carácter y la raza de Mourinho y de algo más profundo: la esencia de alguien de la casa que se ha preparado toda su vida para este momento.
Así que, caminemos juntos, espartanos.
Hala Madrid.
Gemini y Getty Images









































