Anfield Index
·17 January 2026
Frustración: el dominante Liverpool no logra vencer al Burnley en crisis

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·17 January 2026

La tarde del Liverpool en Anfield estaba llamada a ser rutinaria. El contexto apuntaba a ello: un equipo buscando impulso contra otro aún en busca de certezas, un registro reciente dominante ante el Burnley y un estadio preparado para la inevitabilidad. Pero el fútbol, como tantas veces, eligió la complicación. Un penalti fallado, un bloque bajo tozudo y un gol tardío se combinaron para hacer que este duelo se alargara mucho más allá del pitido final.
Desde el inicio, el Liverpool monopolizó el balón, moviendo con paciencia al Burnley de lado a lado mientras el equipo de Arne Slot buscaba ritmo y profundidad. Los visitantes, dispuestos en un 3-4-3 compacto, se conformaron con absorber la presión y comprimir espacios. No fue bonito, pero sí intencionado. Este era un Burnley decidido a sobrevivir primero y creer después.
Esa fe fue puesta a prueba una y otra vez en la primera media hora, con Martin Dubravka emergiendo como protagonista temprano. El portero repelió intentos de Cody Gakpo y Florian Wirtz, mientras Dominik Szoboszlai merodeaba por la frontal buscando ángulos. El dominio del Liverpool, sin embargo, no se tradujo en un golpe definitivo.

Florian Wirtz, del Liverpool, marca el primer gol de su equipo. Liverpool v Burnley, Premier League, Fútbol, Anfield, Liverpool, Reino Unido – 17 Ene 2026 Liverpool Anfield Reino Unido
El momento clave llegó en el 32. Gakpo, recortando hacia dentro con intención, fue trabado por una pierna rezagada de Florentino. El árbitro señaló el punto de penalti sin dudar. Szoboszlai dio el paso al frente, sereno y seguro, con un historial desde los 11 metros que sugería fiabilidad. En cambio, el disparo se estrelló en el larguero; Dubravka estaba batido, pero el Burnley quedó a salvo.
En un partido definido por márgenes finos, el penalti fallado alteró la temperatura emocional en Anfield. Lo que debía ser desahogo se convirtió en tensión. El Burnley, envalentonado por su escapatoria, se mostró más firme, replegándose aún más pero con la renovada convicción de que la fortuna podía sonreírle.
El Liverpool siguió insistiendo, probando y reciclando la posesión. Finalmente, la persistencia tuvo premio. Curtis Jones, atento a un balón suelto tras otra parada de Dubravka, mantuvo viva la jugada y habilitó a Wirtz. Un toque para perfilarse, otro para rematar, y el alemán conectó un disparo contundente a la escuadra. El alivio recorrió el estadio. Había llegado el ansiado gol.

Al descanso, las estadísticas contaban una historia conocida: el Liverpool por delante en el marcador, cómodo en los goles esperados, y el Burnley apenas registrando amenaza ofensiva. Los datos de Opta sugerían que el duelo estaba prácticamente sentenciado. El fútbol, otra vez, no estuvo de acuerdo.
El Burnley volvió con mayor intención, presionando de forma selectiva y saliendo cuando el espacio lo permitía. Marcus Edwards, discreto durante largos tramos, empezó a encontrar huecos por la izquierda. El Liverpool siguió generando ocasiones —Gakpo, Wirtz y Szoboszlai rondaron el gol—, pero el segundo tanto se resistía.
Esa vacilación resultó costosa. En el 65, golpeó el Burnley. Florentino filtró un pase preciso hacia Edwards, que se internó en el área y definió raso, cruzado, ante Alisson con clínica precisión. El disparo tuvo un valor modesto de goles esperados, pero su impacto fue sísmico. El Burnley empató y, de pronto, la creencia recorrió sus filas.
El resto del encuentro transcurrió a un ritmo frenético. El Liverpool se volcó sin descanso, metiendo piernas frescas y cargando el área del Burnley con centros, disparos y jugadas a balón parado. Un gol de Hugo Ekitike fue anulado por fuera de juego. Alexis Mac Allister vio cómo le bloqueaban un intento. Szoboszlai volvió a probar a Dubravka. El Burnley se defendió con desesperación y disciplina, cuerpos al límite y segundos apurados con cuidado.
En la prolongación, la tensión volvió a su punto máximo cuando Federico Chiesa se enredó con Josh Laurent en el área. Las protestas fueron desestimadas. Poco después llegó el pitido, confirmando un empate que se sintió significativo para ambos, aunque por motivos distintos.
Para el Liverpool, fue otro recordatorio de que el dominio no garantiza comodidad. El penalti fallado se hizo grande, no solo como un instante, sino como símbolo de una tarde en la que el control nunca llegó a convertirse del todo en certeza. El Burnley, por su parte, abandonó Anfield con un punto forjado a base de resistencia y oportunismo, prueba de que incluso los relatos más improbables pueden imponerse cuando la fe se encuentra con la fortuna.
Este artículo fue traducido al español por inteligencia artificial. Puedes leer la versión original en 🏴 en este enlace.


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