VIP Deportivo
·15 January 2026
La escena del crimen

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·15 January 2026

Es usted el inspector jefe de la policía criminal. Recibe una llamada; un caso muy urgente. Un coche oficial se planta en su casa. Sale corriendo hacia la escena del crimen.
Varón, de tercera edad; en sus tiempos, el mejor en lo suyo; hoy, desfasado en un mundo demasiado moderno; comportamiento errático; los vecinos escucharon un disparo y llamaron. Su misión es clara, justificar si fue un suicidio o un asesinato; lo único que sabe es que estaba jugando a la ruleta rusa… él solo, sin nadie más.
Necesitamos que piense rápido. La víctima es muy célebre y todos los medios ansían saber qué ha ocurrido cuanto antes.
Vamos, rápido, todas las esferas de poder están impacientes. Decida. ¿Suicidio u homicidio?
¿Lo tiene?
Si cree que la víctima se ejecutó a sí mismo, sí, ha acertado, no había nadie más en la casa, no hay trazas de que pudo haberlo y, encima, estaba jugando a la ruleta rusa, en soledad. La próxima vez piense un poco más rápido o le acabarán destinando a la local a poner multas de estacionamiento.
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Crees que es obvio que nadie más participó en este suceso; de hecho, podría ser el episodio de «CSI» más corto de la historia. Sin embargo, te llevas un muy mal rato, pues reconoces al afectado; se llama Real Madrid, y todo el mundo quiere buscar a un culpable antes que aceptar que la entidad se ha hecho el harakiri.
Tras inspeccionar cada milímetro de la casa durante horas, estás preparado para recrear, delante del jefe del FBI, toda la escena del crimen. No sin gustarte un poco, empiezas a relatar.
«A las 21 h del domingo, Real Madrid extrajo un revólver de un cajón polvoriento y empezó a cargarlo. La primera bala que insertó es exclusiva, un modelo que se fabrica al no fichar un central joven con proyección desde Eder Militao (2019). En su cabeza, podría haberla evitado fichando dos defensas en el fin de su carrera (obviando que es una de las posiciones más lesivas); sonaba fantástico, pero, en el fondo, sabía que era una tontería. A la desesperada, quiso engañarse a sí mismo escondiéndola bajo los cromos de Huijsen y Asencio, pero no fue suficiente. La tenía intacta y visible en la caja. Terminó por introducirla.
En ese revólver hay bastantes huecos libres, por lo que, con tal de acortar la agonía, decidió que continuaría cargando, esta vez, con el cartucho de no sustituir a ninguno de sus dos únicos centrocampistas capaces de organizar el juego. Supuso que podría tirar con perfiles físicos que en nada se parecen al alemán o al croata, esperando a que, de alguna manera, los jugadores evolucionaran como si de Pokémon se tratasen. Esa bala la cargaba el diablo.
En la purga de sus pecados, coge la siguiente metálica. Esta vez la coloca en el extremo derecho del círculo, recordando aquel verano de 2015 junto a Lucas Vázquez; desde entonces, no ha fichado ningún atacante que juegue naturalmente por la derecha. Hace ya diez años, tiempo de sobra para darse cuenta. Sin embargo, en Chamartín, los parches no se cosen, se pegan con cola industrial y, resulta que si el artesano es italiano o francés, pueden mantenerse bien firmes durante lustros. No obstante, los maestros españoles como Benítez, Lopetegui o Xabi, que vienen de otras escuelas de costura más tradicionales y artísticas, desconocen esta tosca técnica.
Sigue hurgando en la caja; hay una bala un poco más blanda que las otras; le dejaría KO igualmente; sin embargo, ha adquirido cierta ternura al haber estado guardada en stock durante décadas. Se forjó cuando se apostó por usar la cantera única y exclusivamente como fondo de inversión y no como centro de formación de jugadores para el primer equipo. Cualquier obra de arte sin alma, sin corazón ni pasión, es, simplemente, un objeto más de mercadillo, un imán de nevera Made in China para turistas. Sabe perfectamente que una derrota del Madrid le duele más a jugadores como Carvajal, Nacho, Joselu o Asencio que a los Camavinga, Alaba o Mbappes . Es pura biología. No se criaron en el mismo entorno. No lo sienten igual.
El capitalino está lanzado. Rellena el siguiente hueco, esta vez, en honor a cargarse toda la escala salarial con el fichaje de Kilyan, un gran jugador, pero que habita en la misma posición que todos los efectivos de ataque de la plantilla. Tenía a Vinicius, Rodrygo y Brahim. Todos extremos izquierdos de formación; de los cuales, ninguno se siente cómodo por la derecha ni, mucho menos, de delantero centro. Tonto de él, hizo caso omiso a la razón y lo trajo pagándole el doble de salario que a ningún otro de la plantilla. El remordimiento es insoportable.
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Llevamos 5 balas y resulta que el modelo que tiene en la mano es un Revólver calibre 45 de la caballería de EEUU, 1873, níquel, con 6 espacios. Quizá se podría salvar. De eso va el juego…»
En mitad de tu discurso, llega una llamada urgente: Real Madrid no está muerto, lo han conseguido reanimar. Enormemente débil, ha conseguido explicar los hechos. Enhorabuena, acertaste recreando la escena del crimen, mas te equivocaste en un detalle muy importante. Esa pistola llevaba cargada bastante tiempo. Más de lo que crees.
Hay una razón que explica por qué no se disparó antes. En esa casa, hasta la fecha, Real no vivía solo; tenía dos familiares que se alternaban para cuidar de él y esconder el arma cada temporada. Uno se llama Zinedine y el otro Carlo. Pese a que nuestro protagonista ponía empeño en rebuscarla, estos salvadores siempre tenían un as bajo la manga para convencerle de no utilizarla. Se inventaban soluciones de toda índole que funcionaban, casi, milagrosamente. Fueron vitales, pero nunca osaron tirar esa pistola a la basura.
Desafortunadamente, ninguno de ellos soportó tan desagradable tarea y acabaron saliendo por la puerta. Al rescate vino un viejo conocido con la intención de cuidar de él, un donostiarra que prometía tranquilidad. En su inocencia, le dio la espalda y Real Madrid decidió cargar la última bala; esta, encima, venía cortada, con doble punta, para que fuese fatal. La primera punta sería ayudar al FC Barcelona, un enemigo sin honor que, cuando se repuso de su enfermedad, le atacó sin descaro. Esa jugada le hizo perder el amor de toda su familia y amigos.
La otra punta vendría de mimar a las estrellas, hacerles creer que están encima del club y, sobre todo, encima de este viejo amigo que venía a cuidar de él. El vasco, sobrepasado, no se percató de que tenía el cañón en el cielo de su boca.
Fue fatal; en el momento que accionó el gatillo, no había ninguna posibilidad de salvación.
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La bala está pegada. El daño es irreversible; solo nos queda rezar y esperar a ver si el galeno convocado para alargar la vida del club, un tal Álvaro Arbeloa, que acaba de examinarse del MIR, es capaz de enfrentarse a la cirugía más precisa que se ha demandado en Madrid en los últimos tiempos.
Imagen principal: (Photo by Dan Mullan/Getty Images).
Por: Ramón Morey.
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