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·28 May 2026
La madre de todas las finales: así califican en Argentina el partido entre Boca Juniors y U. Católica

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De las finales de Boca ya se dijo mucho, hasta el hartazgo. Que se suceden, que son cada vez más frecuentes y -lo que es peor- que ninguna de las que tuvo que afrontar en los últimos años fue una final en sí misma, sino que la mayoría de las veces se trató de partidos decisivos, pero autoniflingidos por errores propios de arrastre.
En este caso, tal vez más que nunca entre los antecedentes más cercanos, el camino que lo llevó a depender de una victoria ante la Universidad Católica había comenzado de la mejor manera, ante el mismo rival al que recibirá este jueves pero en condición de visitante. Y entre esa victoria y la que siguió en la Bombonera ante Barcelona de Ecuador la sensación era que la fase de grupos estaba casi resuelta para los de Claudio Ubeda.
Sin embargo, el ya conocido derrotero xeneize en los tres partidos siguientes le complicó las cosas y lo dejó en un punto de no retorno, pero no ya para el futuro inmediato en la Copa, sino también en muchas situaciones que a partir del pitazo final de su despedida de la fase de grupos pueden empezar a verse muy distintas dependiendo del resultado del partido.
Por ejemplo, con lo que suceda en relación al puesto de Ubeda a cargo del equipo. Si bien muchas lecturas lo ubican sin chances de continuidad, descartarlo sería adelantarse por demás a la reacción ante una posible victoria que clasifique al equipo a los octavos de la Copa Libertadores.
Es que lo que llevó al DT hasta este punto del camino no fueron precisamente los resultados sino mucho más las formas. Y si Boca llega a ser convincente en su último compromiso del semestre, tal vez la balanza de Sifón se termine inclinando a su favor.
Sobre la obviedad de qué pasaría con el entrenador en un escenario de eliminación no hay que agregar que el hecho más de que el replanteo abarcaría también otras cuestiones, al margen de la falta de certezas de dónde buscarán fuerzas los que comiencen el próximo semestre para soportar otro año sin desarrollo al más alto nivel.
Por eso, para evitar males mayores, la expectativa está puesta en ganar. Y para eso es importante que la lectura a la hora de definir el planteo haya sido la de ubicar como tercer hombre del mediocampo a Ander Herrera, en pos de tener un mejor diálogo futbolístico con Leandro Paredes.
Por el resto, las modificaciones serán las obligatorias, entre el cambio nominal en la zaga (Marco Pellegrino por el suspendido Ayrton Costa) y la llegada con la lengua afuera de Miguel Merentiel apenas para sentarse en el banco de suplentes, dejándole su lugar al Changuito Zeballos.
El riesgo, sin embargo, no sólo radica esta vez en la impotencia o la impericia propia, sino que enfrente Boca tendrá esta noche un rival directo. Él rival directo, mejor dicho, que depende de no ser doblegado para ser quien sigue en carrera.
Y que tendrá la oportunidad histórica de darle otro golpe de nocaut a un gigante al que otro golpe lo sentaría de cara a una realidad difícil de asimilar: la de asumir que las expectativas previas son -en los últimos años- lógicamente muy lejana.
Aunque, claro está, todo ese panorama oscuro puede quedar atrás si el receso lo encuentra al Xeneize planificando su camino a la Séptima con mucha más confianza que como lo hizo en lo que va del año. Con siete finales por delante, es cierto, pero con mucha experiencia en afrontarlas y. de vez en cuando, ganarlas.
/Olé de Buebos Aires







































