MuyDeFútbol
·2 June 2026
La metamorfosis

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·2 June 2026

Dícese que lo más complejo en la vida es decir adiós. La vía más orgánica y deseable es cuando la coexistencia no da más de sí y ambas partes lo asumen; la otra es más abrupta y dolorosa, con una única parte queriendo marchar. Lo bueno de la vida es que siempre trae consigo algo mejor. Estableciendo un símil con el fútbol, la marcha de Kylian Mbappé dejaba a priori un panorama desolador en el Paris Saint-Germain. Tras años de negación por que un día acabase, la estrella francesa partió y París se apagó. A su espalda dejaba incontables éxitos en Francia individual y colectivamente, pero en Europa era la antítesis. La Champions era una historia en espiral para los parisinos: distintos capítulos, con una final y alguna semifinal, pero siempre con el mismo trágico desenlace.
La llegada de Luis Enrique en 2023 supuso un cambio cultural y conductual en la plantilla. El asturiano abogaba por una armonía perfecta de los futbolistas, todo bajo su tutela. Podría decirse que la premisa era aquella expresión de «uno para todos y todo para uno»: nadie negocia ningún esfuerzo y todos cumplen un rol determinado, sin egos por delante. Sin embargo, Mbappé se mostraba escéptico a la hora de defender; ni siquiera una de las charlas motivacionales más recordadas en un vestuario donde se le comparó con Michael Jordan, quien lideraba con el ejemplo, causó efecto en el delantero. A su salida, el técnico español expuso que a partir de ese momento podría controlar todo lo que sucedía en el verde.
El elenco parisino funciona como un reloj: desde la defensa liderada por Pacho y reforzada por Nuno Mendes y Achraf Hakimi hasta la punta de lanza, con sinergias perfectamente construidas y continuas permutaciones posicionales. Todo pasa por el centro del campo, el mejor del mundo por encaje y rendimiento per sé.
Marquinhos, capitán del PSG, alzando la Champions League en la celebración de París. Fuente: PSG. Vía: X
Si algo destaca por encima de los éxitos de Luis Enrique en París no es que haya logrado instaurar un equipo hegemónico en Europa con dos Champions consecutivas. Tampoco que haya redefinido el ideario del fútbol mundial. Su mérito es haber reescrito la tragedia del PSG en Europa, un nuevo capítulo de redención para el club que parecía inalcanzable. Ha transformado la París desesperanzada futbolísticamente en la ciudad del amor. Ya lo dijo Franz Kafka en La metamorfosis, «todo ser herido se ve forzado a la metamorfosis». La figura de Luis Enrique, por tanto, resulta casi poética y encarna aquello de que cuando algo acaba, la vida se encargará de traer algo mejor.







































