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·11 May 2026

La Sub-17 devolvió la jerarquía al fútbol venezolano

Article image:La Sub-17 devolvió la jerarquía al fútbol venezolano
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A fuerza de alegrías y también de sinsabores, el fútbol venezolano ha aprendido que la gloria no es cuestión de improvisación, pues lo ocurrido la noche de este sábado 9 de mayo en Villeta, Paraguay, fue mucho más que una simple victoria por la mínima ante Colombia.

El zapatazo imponente de Andrea Suárez al minuto 24, ese rebote cazado con el hambre de quien sabe que el futuro está en juego, es la firma de una generación que devuelve a Venezuela a la élite mundialista Sub-17 tras una década de espera.


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Con este boleto al Mundial Marruecos 2026, la Vinotinto femenina suma su cuarta asistencia a citas universales en esta categoría, consolidando una estructura que sigue siendo la cantera de sueños más productiva del país.

Un historial que impone respeto

A ver, no es cuestión de casualidad ni suerte, así lo apreciamos: Venezuela ya conoce el sabor de los Mundiales Sub-17 y Sub-20, tanto en la rama femenina como en la masculina, pues cómo olvidar aquel histórico subcampeonato Mundial Sub-20 en 2017, cuando de la mano de Rafael Dudamel se estuvo a solo un paso de llegar al propio cielo.

Hazañas como esta demostraron que el talento siempre está allí, brotando en cada cancha de pueblo y en cada academia del país. En esta ocasión las muchachas dirigidas por Dayana Frías han ratificado que, cuando hay orden táctico y convicción, la jerarquía sudamericana -históricamente dominada por potencias- se puede desafiar de tú a tú.

El valor de asistir al Mundial Sub-17 en Marruecos no reside solo en el torneo per se, sino en el roce internacional que estas «chamas» adquieren. Es el fogueo necesario para que, en un futuro cercano, sean ellas quienes nutran a la selección absoluta, rompiendo todos los techos y manteniendo viva la llama de un fútbol que se niega a ser simple espectador.

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La obsesión del Mundial de mayores

Mientras se celebra con jolgorio este éxito juvenil, es imposible no mirar de reojo el calendario, el próximo mes se da el pitazo inicial al Mundial 2026 en México, Estados Unidos y Canadá y allí, lamentablemente, la Vinotinto masculina de mayores volverá a ser el gran ausente, marcando el contraste más agudo de la realidad balompédica de estos lares.

Es la paradoja venezolana: ser exportadores de talento juvenil, subcampeones del mundo en categorías formativas y constantes animadores en juveniles femeninos, pero el «Mundial de los grandes»: ese, el de los “biyuyos”, sigue siendo una frontera inalcanzable.

La clasificación de la Sub-17 femenina debe servir como un combustible y no solo como consuelo. La importancia de estas categorías radica en que son el termómetro del éxito futuro.

Ser capaces de vencer a Colombia en un repechaje a muerte y de plantarse ante las potencias del continente: el reto de la absoluta masculina no es una utopía, sino una meta que requiere la misma disciplina y entrega que mostraron las guerreras la noche de este sábado en el estadio Ameliano.

Marruecos 2026: Una cita con la historia

Ahora el camino apunta al norte de África, y Venezuela regresa al escenario mundialista con la responsabilidad de representar a un país que respira fútbol, por más que el béisbol rinda mayores frutos, claro está.

El desafío para la dirigencia y el cuerpo técnico es garantizar que este grupo de jugadoras -desde la solidez defensiva de Dariana Medina hasta la chispa de Junesky Flores- llegue en su punto máximo de maduración; clasificar fue el primer paso; competir y trascender es el siguiente nivel que estas atletas merecen alcanzar.

En conclusión, lo de Paraguay fue un bálsamo de esperanza. Mientras el país se prepara para ver por televisión el inicio de la cita en Norteamérica, las chamas recuerdan que la bandera tricolor y de las ocho estrellas sí tiene un lugar reservado en el banquete de la FIFA.

El gran reto sigue allí, latente, pero con triunfos como este, la convicción de que «mano, tengo fe» dejo de ser un simple eslogan para convertirse en una realidad tangible de la verdadera identidad deportiva venezolana. ¡Veremos!

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