Un 10 Puro
·29 June 2026
Martinelli premia la insistencia brasileña y evita el drama para la 'Canarinha'

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·29 June 2026

Dicen que tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. Puede que esa frase haya merodeado la cabeza de todos los futbolistas brasileños hasta el último minuto de descuento. Y, efectivamente, la fuente se ha terminado rompiendo.
Japón probó las mieles de un batacazo histórico. El golazo de Sano revolucionó la Copa del Mundo e hizo que los más de 210 millones de ciudadanos brasileños se comieran las uñas imaginando lo peor. El mal rendimiento de la pentacampeona y las constantes internadas niponas hacían creer que era posible ver a la mejor selección de la historia caer en dieciseisavos de final por primera vez.
Pero Ancelotti metió mano, y Brasil mejoró. La lesión de Paquetá obligó al ingreso de Endrick, y la Verdeamarela empujó más, acosó más, dominó más. Japón se difuminó y se resignó a resistir; pero la muralla es de China, no de Japón. 16 minutos, con varios sustos de por medio, fue lo que resistió el bloque defensivo en la segunda parte.
Desde entonces, Brasil buscó y buscó el segundo tanto sin descanso. Vinicius casi lo consigue con el que hubiera sido el mejor gol del Mundial, pero Suzuki metió la mano. Finalmente, cuando la prórroga parecía inevitable, Bruno Guimaraes encontró a Gabriel Martinelli dentro del área. El extremo del Arsenal entró al campo en el 66' y, media hora después, tuvo la chance que habrá esperado toda su vida. Recibió, controló, se acomodó y sacó un remate que hizo estallar el grito de euforia en las gradas, de enorme mayoría brasileña.
Casemiro fue uno de los grandes villanos y uno de los grandes héroes. El exfutbolista del Real Madrid fue el punto más bajo de un mediocampo unánimemente tosco, con tres futbolistas con más kilómetros que sutileza. El 5 de la Canarinha quedó retratado en un primer tiempo de terror para los suyos, pero consiguió reivindicarse poco después.
En una Brasil que se atascaba intentando colarse por los carriles internos ante una Japón muy firme, Casemiro fue más incógnita que respuesta. No estuvo lúcido con balón, dejó toques defectuosos y dio pases que poco aportaron. Más doloroso es que sus presuntas fortalezas hayan flaqueado, pues el gol de Sano que incendió momentáneamente el Mundial se produce por una mala lectura defensiva del pivote; saltó para presionar a Sano, pero el japonés lo pasó por el lado en velocidad con una facilidad pasmosa. Ese error le limpió la frontal al mediocampista, que agradeció el favor con un inmejorable disparo raso.
Sabiéndose deudor, Casemiro consiguió el perdón brasileño en tiempo récord. Casi lo logró en el primer tramo de la segunda parte con un cabezazo en el área chica, con el portero vencido, pero milagrosamente tres rebotes consecutivos sobre la línea mantuvieron el 0-1. Después de esa secuencia surrealista, Casemiro gozó de otra oportunidad clarísimo pocos minutos más tarde. Un centro quirúrgico de Gabriel lo encontró escondido en el segundo palo, y 'Case' retroalimentó con un testarazo que liquidó los reflejos de Suzuki. Volvía a la vida una Brasil a la que no le sobra nada.
El gol fue causa y consecuencia de la mejora de Casemiro y Brasil tras volver de los vestuarios. Pasó de estar muy superado por la presión y las transiciones niponas, a imponerse en la segunda parte. En parte por él se explica que los asiáticos hayan vivido los segundos 45 minutos tan lejos de la portería de Alisson.







































