La Galerna
·17 May 2026
Papá, cuéntame otra vez

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·17 May 2026

Papá, cuéntame otra vez
aquella historia tan bonita
en la que los periodistas
siempre hablaban de un Real
en el que todo era fiesta…
Sí, aquella historia en la que, una vez expulsada la anciana junta, tras perpetrar un año sin títulos, llegó un nuevo presidente que logró que solo se hablase del Madrid para dar buenas noticias.
Se volvieron a ganar dos ligas consecutivas después de muchos años sin hacerlo. Como cuando estaba Ramón Calderón. De hecho, podía intuirse un patrón por el que Barça y Madrid se repartían las ligas según les hicieran más falta. De esa forma, todo el mundo era feliz. Incluso al Atleti le tocaba ganarla una vez cada diez o doce años. Así, la liga siempre tenía interés para la gran mayoría de los aficionados. Desde el extranjero también se percibía como una competición muy potente. Algo parecido a la Premier League, en la que nunca había un favorito claro. Eso provocó que sus derechos televisivos se vendieran a todos los países de África y Asia y que el señor Tebas se hiciera inmensamente rico. Y como era una persona tan generosa, repartía mucho dinero entre todos los equipos. Sólo les pedía a cambio unos “poquitos” derechos televisivos de sus próximos trescientos años. Con eso podían seguir comprando a los grandes jugadores que no habían tenido suerte en la Premier, pero cuyo sueño siempre había sido jugar en España. De hecho, hasta rechazaban importantes ofertas de equipos italianos y franceses para poder venir aquí a triunfar.

Gracias a esta gestión, el Madrid por fin vio que no le quedaba más remedio que poner el foco en su cantera. Así se llenó el primer equipo de chicos españoles. Todos eran majísimos, además de muy accesibles para la prensa y con muy buena presencia. Por eso se hartaron de anunciar chocolatinas, agencias de viajes e incluso seguros de deceso. Todo el mundo los quería, porque además hicieron una selección española muy competitiva que, en realidad, era lo que le interesaba al público. Mucho más que el fútbol de clubes. Por fin podíamos sentirnos orgullosos como país al ver a jugadores de toda la geografía patria peleando por hacernos campeones a aficionados del Madrid y del Barça juntos. Era precioso.
Daba un poco igual que no se volviese a ganar la Copa de Europa. Lo importante era que, año tras año, se intentaba. La prensa siempre decía que aquel año sí tocaba. En octubre, el Real Madrid era colocado como el mejor equipo de Europa todas las temporadas. Y a pesar de que siempre se cayera en cuartos de final, como el juego era muy vistoso, para el aficionado era como una victoria. De hecho, nunca como en aquella época se vendieron tantos periódicos. La prensa escrita volvió a vivir días de gloria. Gracias a esas ventas y a sus correspondientes cupones, los aficionados pudieron disfrutar de las pantuflas del Real Madrid, un ajedrez con las efigies de los jugadores, platos, vasos y tazas con el escudo… incluso cuando ibas a El Corte Inglés a comprar cualquier otra cosa de merchandising que no era posible encontrar en un quiosco, te regalaban un ejemplar del ABC para que se lo dieras a tu padre. La tele también mejoró mucho. Real Madrid Televisión pasó a llamarse Iberdrola Televisión. Su presentador estrella, Javi Enríquez, comentaba los partidos mientras proporcionaba consejos de ahorro energético y trucos para seleccionar la mejor tarifa. Resultó ser un tipo con unas dotes comunicativas excelentes, tanto que acabó presentando el Estudio Estadio en TVE.
El ambiente político también experimentó una gran mejoría. Por fin los tan denostados políticos pudieron acercarse a los ciudadanos a base de compartir ruedas de prensa y actividades con algunos jugadores del equipo y demostrar que eran gente cercana que también sufría y disfrutaba con el fútbol. De hecho, insistieron mucho en que se retirasen todas las denuncias por aquellos hechos del pasado que involucraban al Barcelona y los árbitros en pos de una buena convivencia. Y vaya si se logró.
Así, el Madrid se convirtió en el preferido de todos los partidos políticos y al Bernabéu se lo rifaban para ser el escenario de los mítines de cierre de campaña, eso sí, sin música y hablando muy bajito para evitar molestar a los pobres vecinos. Fíjate si era estricta la norma, que hasta cuando volvió a España el Papa se le pidió que no hiciera la misa cantada.
Y así pasaron los años. La gestión económica era mejorable, pero ¿qué más daba? La solución era simple y pasaba por transformarse en sociedad anónima. Con la buena fortuna de que un jeque nada déspota compró el equipo. Entonces el Real Madrid era inmensamente rico y pudo volver a competir con los clubes poderosos de Europa, como el PSG o el Manchester City y así, treinta años después, llegó a ser de nuevo campeón de Europa…como cuando estaba Florentino.
Bueno, mejor déjate de cuentos, papá.
Getty Images y Gemini
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