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·19 July 2026
¿Permitirá Trump que España sea campeona del mundo?

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·19 July 2026


Redacción Aliado Balonazos
La final entre España y Argentina debía ser el duelo definitivo entre dos generaciones, dos estilos y dos campeones continentales. Sin embargo, la intervención de Donald Trump en una decisión disciplinaria de la FIFA, su protagonismo en la entrega del trofeo y su conflicto abierto con el Gobierno de Pedro Sánchez han introducido una pregunta incómoda: ¿podrá el fútbol mantenerse al margen de la política?
España y Argentina disputarán este domingo 19 de julio la final del Mundial de 2026 en el estadio de Nueva York-Nueva Jersey, situado en East Rutherford. La Roja llega después de superar por 2-0 a Francia, mientras que la vigente campeona remontó ante Inglaterra para alcanzar otra final liderada por Lionel Messi.
Sobre el césped, el argumento parece perfecto: el fútbol asociativo y técnico de España contra la experiencia competitiva de Argentina; Lamine Yamal frente a Messi; Luis de la Fuente contra Lionel Scaloni. Fuera del campo, sin embargo, la figura de Donald Trump se ha convertido en un protagonista imposible de ignorar.
El primer motivo de inquietud para una parte de la afición española es un episodio que ya pertenece a la historia de este Mundial.
Folarin Balogun, delantero de Estados Unidos, había sido expulsado en el partido de dieciseisavos de final contra Bosnia y Herzegovina. La tarjeta roja implicaba una suspensión automática para el encuentro siguiente, pero Trump llamó personalmente al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y le pidió que revisara el caso. Horas después, la comisión disciplinaria suspendió el castigo y permitió que Balogun jugara contra Bélgica.
Trump reconoció públicamente la conversación. Según explicó, él “solo pidió una revisión” porque consideraba que la acción no había sido una falta. La FIFA sostuvo que sus órganos disciplinarios habían actuado de manera independiente y justificó la decisión mediante una disposición de su código que permitía dejar la sanción en periodo de prueba.
Eso no evitó la tormenta. La federación belga, dirigentes europeos y antiguos responsables del fútbol cuestionaron la excepcionalidad de la medida. Una organización de defensa de los derechos presentó posteriormente una denuncia ante el Comité Olímpico Internacional para que se investigara si Infantino había incumplido las normas de neutralidad política.
El episodio demuestra algo relevante: Trump tiene acceso directo a Infantino, está dispuesto a intervenir públicamente y puede conseguir que un asunto disciplinario sea reconsiderado en cuestión de horas.
Infantino confirmó que Trump participará en la entrega de la Copa del Mundo al capitán vencedor, rompiendo con el protocolo utilizado en las últimas ediciones.
La relación entre ambos lleva tiempo provocando críticas. Infantino otorgó a Trump el primer Premio de la Paz creado por la FIFA, ha realizado numerosas visitas a la Casa Blanca y ha elogiado públicamente su actuación internacional. La FIFA también abrió una oficina en la Trump Tower de Nueva York, un vínculo institucional y simbólico poco habitual entre la dirección del fútbol mundial y un dirigente político en ejercicio.

A esa relación con la FIFA se añade el deterioro de los vínculos entre Trump y Pedro Sánchez.
El conflicto comenzó a hacerse especialmente visible cuando España rechazó el objetivo impulsado por Trump para elevar el gasto militar de los miembros de la OTAN hasta el 5 % del producto interior bruto. Después de la cumbre de La Haya de 2025, el presidente estadounidense acusó a España de querer viajar “gratis” dentro de la Alianza y amenazó con hacerla “pagar el doble” mediante medidas comerciales.
La tensión creció en 2026, cuando el Gobierno español se negó a permitir que Estados Unidos utilizara las bases de Rota y Morón, así como el espacio aéreo español, para operaciones relacionadas con los ataques contra Irán. Trump reaccionó amenazando con cortar el comercio bilateral y declaró: “No queremos tener nada que ver con España”. También sostuvo que España no tenía “absolutamente nada que necesitemos”.
En la posterior cumbre de la OTAN en Ankara, Trump calificó a España de “socio terrible” y ordenó preparar posibles restricciones comerciales. Horas después moderó parcialmente su discurso al reconocer el aumento de la contribución española a la Alianza. Sánchez, por su parte, aseguró que había mantenido una conversación cordial con él.
La identidad del adversario aumenta el componente político. España no se enfrenta únicamente a la selección de Messi, sino al país gobernado por uno de los aliados internacionales más cercanos de Trump.
Javier Milei fue el primer dirigente extranjero que se reunió con Trump después de su victoria electoral de 2024 y ha cultivado desde entonces una relación de afinidad ideológica y personal. Ha participado en actos vinculados al movimiento conservador estadounidense, ha repetido el lema “Make Argentina Great Again” y ha presentado a su país como un aliado firme de Washington.
Esa relación también se ha traducido en medidas concretas. Estados Unidos respaldó financieramente al Gobierno de Milei y ambos países firmaron en febrero de 2026 un amplio acuerdo comercial que reforzó su alianza política. Trump ha definido públicamente al presidente argentino como un aliado, mientras Milei lo ha descrito como un “gran amigo” de Argentina.
Existe, no obstante, un detalle que debilita la imagen de una celebración política coordinada: Milei anunció que no viajará a la final. Su explicación no fue diplomática, sino supersticiosa. Ha visto desde la residencia de Olivos todos los partidos ganados por Argentina y no quiere romper su ritual.

Pedro Sánchez tampoco asistirá al encuentro. La explicación oficial transmitida por Moncloa es que debe viajar a Argelia el lunes y que la logística hace incompatible ese compromiso con un desplazamiento de ida y vuelta a Nueva Jersey. España estará representada por la ministra responsable de Deportes y por la Casa Real.
Felipe VI cumplirá la promesa realizada durante el torneo y acudirá acompañado por la reina Letizia, la princesa Leonor y la infanta Sofía, según las informaciones difundidas en España sobre la composición de la delegación real.
La ausencia de Sánchez, cómo no, ha provocado interpretaciones políticas: su conflicto con Trump, la distancia que algunos medios atribuyen al presidente respecto de la selección y el riesgo de compartir palco en un momento de tensión diplomática.
El caso Balogun ya había provocado acusaciones de favoritismo, protestas institucionales y un debate mundial sobre la independencia de la FIFA. La presencia de Trump en la final, su amistad con Infantino y Milei y sus ataques recientes contra España han proporcionado ahora material para teorías, memes y sospechas que probablemente continuarán incluso después del pitido final.
La expectación también se refleja en el mercado de pronósticos. Reuters informó de que el Mundial de 2026 ya estaba batiendo récords de actividad antes incluso de comenzar las eliminatorias y que algunas estimaciones situaban el volumen global de apuestas por encima de los 50.000 millones de dólares. La misma tendencia se aprecia en proyectos especializados de menor tamaño dentro del nicho de las apuestas, que registran un creciente interés por los análisis y pronósticos deportivos.
No hay pruebas de que Donald Trump pueda decidir quién será el campeón del mundo. La final será dirigida por árbitros, disputada por futbolistas y determinada por goles y decisiones tomadas sobre el terreno de juego.
Pero la confianza alrededor de una competición no depende únicamente de que sus reglas sean justas: también depende de que lo parezcan. El caso Balogun, la cercanía entre Trump e Infantino y la presencia del presidente estadounidense en la entrega del trofeo han hecho que cualquier acción polémica pueda interpretarse bajo una lente política.
España tendrá delante a la campeona vigente, al equipo más competitivo de la era reciente y posiblemente a la última versión mundialista de Lionel Messi. Ese debería ser un desafío suficiente. Sin embargo, cuando el balón comience a rodar en Nueva Jersey, millones de personas se harán una pregunta que habría resultado absurda hace apenas unas semanas: ¿quién es realmente el principal rival de España en esta final, Messi o Trump?







































