Racing 1999: Cómo una charla telefónica permitió la mayor muestra de amor del fútbol argentino | OneFootball

Racing 1999: Cómo una charla telefónica permitió la mayor muestra de amor del fútbol argentino | OneFootball

In partnership with

Yahoo sports
Icon: Radio Gol

Radio Gol

·7 March 2026

Racing 1999: Cómo una charla telefónica permitió la mayor muestra de amor del fútbol argentino

Article image:Racing 1999: Cómo una charla telefónica permitió la mayor muestra de amor del fútbol argentino

El 7 de marzo de 1999 no fue un domingo cualquiera para el fútbol argentino. Fue el día en que Racing Club debía debutar ante Talleres, pero la quiebra institucional amenazaba con borrar al club del mapa. Aunque el equipo no pudo salir a la cancha, miles de hinchas colmaron el Cilindro de Avellaneda en una de las mayores demostraciones de fidelidad que se recuerden. Hoy, ese hito se celebra como el «Día del Hincha de Racing», pero detrás de esa jornada de resistencia hubo una trama secreta que casi impide el encuentro.

El intento de cerrar las puertas

Apenas 24 horas antes de la movilización, el 6 de marzo, la dirigencia residual encabezada por Daniel Lalín intentó frenar el aluvión de gente. A través de un comunicado enviado por fax, informaron que el estadio permanecería cerrado y recomendaron a los simpatizantes no asistir. La excusa formal era la falta de presupuesto para el operativo de seguridad, en medio de un caos judicial que buscaba, en el fondo, desmovilizar a la gente.


OneFootball Videos


La gestión que cambió el destino

La apertura del estadio se definió en una charla telefónica cargada de tensión. Liliana Ripoll, la síndico a cargo del proceso judicial, estalló al enterarse del comunicado oficial de la dirigencia. En una comunicación directa con el juez de la causa, Enrique Gorostegui, Ripoll cuestionó la decisión de mantener las persianas bajas.

Ante el argumento del juez sobre la falta de fondos para la seguridad, la síndico fue tajante: «No hace falta operativo, la gente no va a romper nada. Es más peligroso no abrir la cancha: se va a abrir como sea». Bajo su responsabilidad personal, Gorostegui finalmente cedió y dio el visto bueno.

Una victoria sin pelota

Ripoll ordenó habilitar el estadio de inmediato. Al día siguiente, el Cilindro se llenó de un sentimiento de pertenencia que desafió a la quiebra y a las frases lapidarias sobre la «desaparición» del club. Aquella tarde no hubo goles ni puntos en juego, pero la gente de la Academia ganó el partido más importante: demostrar que el club estaba más vivo que nunca.

View publisher imprint