La Galerna
·26 February 2026
Vini, el hombre de todos los momentos y todos los lugares

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·26 February 2026

El Real Madrid llegaba al partido más importante del año con las bajas de dos de sus tres estrellas, además de la del defensa que está llamado a transformar el juego del Madrid jugando el balón desde atrás. Está claro que la plantilla es mejorable, falta como está de cierta profundidad en el centro del campo, pero si hay un fichaje que se necesita es el de quien pueda hacer que el resto de fichajes estén sanos.
Para eso ha vuelto Pintus, para eso y para tenerlos a tono físicamente. El tono físico parece estar mejorando; con lo de las lesiones seguimos regular. La mala fortuna tiene que tener algo que ver. Eso y la crispación con la que están disputando una temporada muy cargada en la que cada encuentro se convierte en un desafío ante toda la raza humana, como cantaba Mercury. Miran atrás y el comienzo de esta temporada se les confunde con el final de la anterior, como sucede con tierra y firmamento en la calima. Por delante, en cambio, se distingue perfectamente lo que hay: el Mundial. De manera consciente o inconsciente, influye también.

Así, con bajas de tanto peso, llegaba el Madrid al partido, y con eso ganó. El primer tiempo fue malo. Los blancos fueron un manojo de nervios hasta el gol visitante, otro manojo de nervios hasta que lograron empatar y un tercer manojo de nervios de ahí al descanso. Mejoraron en el segundo tiempo, donde hicieron lo que había que hacer, es decir, controlar, contemporizar y, en una de esas, sentenciar. Esto último tuvo lugar de botas de Vinicius, el hombre de la eliminatoria, ayer magníficamente acompañado por Tchouaméni y Valverde. Vini se puso por mochila al estadio que aún, por sectores, le abuchea, y ensayó ante ellos el mismo baile que en Lisboa, ese que presuntamente provoca y explica (casi, casi justifica, ¿verdad?) los ataques racistas. Si él considerara esa danza una provocación, no lo ensayaría ante su propia afición, ¿o sí?
El madridismo te tiene en un altar si ganaste la Champions y ya te marchaste. Si ya la ganaste pero sigues con nosotros, en cambio, tu Champions ganada no sirve para nada. Solo cuenta la próxima
Arbeloa ha dado permiso a Vini para ser el hombre de este momento y este lugar, como dice el Narrador del Dude al comienzo del Gran Lebowski, y el brasileño hace lo contrario a esconderse. En realidad, ha sido el hombre de todos los momentos y todos los lugares, aunque se le siga considerando un meritorio bajo sospecha de un carácter conflictivo. Primero, no es nada conflictivo si lo ponemos espalda contra espalda con el verdadero conflicto social que su persona ha revelado. Segundo, si fuera conflictivo habría que llegar a un acuerdo de mínimos con esa personalidad flamígera, porque si te la cargas te cargas también al jugador. Se acaba de poner a la venta la biografía “Juanito. El 7 infinito”, escrita por Salva Martín con la colaboración del hijo del mito. Recorre tú 45 años en sentido inverso y dile a Juan que tiene que cambiar. Luego, reza para que no te haga caso y no se difumine el fenómeno, pues si te obedece lo arruinarás.

Vini no es el problema que nos venden, pero si lo fuese habría que abrazar el problema con los matices que quisiéramos ponerle, dado que no hay otro como él. Ha ganado dos Champions siendo decisivo en ambas, y lo ha sido también en otro buen puñado de títulos. El otro día me enteré de que ha marcado o asistido ante once equipos campeones de Europa. Al principio pensé que era una errata. Qué va. Ha marcado o asistido ante Liverpool, Milan, Inter, Bayern, City, PSG, Barcelona, Benfica, Ajax, Chelsea y Juventus. Once. No sé quién más tiene a su edad ese historial, prueba curricular de futbolista de partidos grandes.

En realidad, no hay nada nuevo en Vini. Ya con 18 años, recién desprecintado, se negó a dar acuse de recibo ni de lo mala que era la temporada ni de lo bisoño que él estaba. Nadie ha mostrado desde tan joven una personalidad mayor, de forma que no debería sorprendernos que ahora sea capaz de estar sin inmutarse en el centro de todas las dianas, incluidas (ay) las que dardea la propia parroquia. De momento, con la ayuda de unos pocos compañeros, ha llevado a este Real Madrid en crisis a octavos de Champions, que es donde debe estar, y casi él solito, hacedme caso, es capaz de hacer ganar la XVI a la afición del club que adora. Ahora falta la biyectiva, o sea, que esa afición le tenga también a él como el jugador de sus sueños, pero esas cosas solo las hace el madridismo a título póstumo. El madridismo te tiene en un altar si ganaste la Champions y ya te marchaste. Si ya la ganaste pero sigues con nosotros, en cambio, tu Champions ganada no sirve para nada. Solo cuenta la próxima. Y en esa crueldad se eterniza la historia sagrada del mejor club del mundo.
Getty Images









































