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La Galerna

·2 de marzo de 2026

0-1: Impotencia lacerante del Madrid

Imagen del artículo:0-1: Impotencia lacerante del Madrid

No es habitual que el Madrid juegue un lunes ni que asalte la titularidad un Thiago Pitarch en el centro del campo. Ambas situaciones se dieron esta noche en el Santiago Bernabéu. Tras ilusionarnos en los minutos que había tenido, Arbeloa le dio la oportunidad —fue lo único destacable del encuentro—. Otro joven, Gonzalo, acompañó de inicio a Vini en la punta de ataque. Tras unos breves instantes no malos, el partido se convirtió en una pesadilla para el Madrid, dominado en todo momento por un Getafe que no necesitó apenas el balón para imponerse por 0-1.

Los blancos comenzaron con ímpetu efímero y, tras un robo, el siete efectuó el primer disparo de la noche. Fuera. Rodrygo asistía, ya desde el banquillo, con un nuevo look capilar que le confiere un aspecto un tanto chernobílico. Los azulones empezaron repartiendo estopa. Nada que no entrase dentro de lo previsto.


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Rico gozó de una buena oportunidad a los diez minutos. Empalmó solo un balón llovido al área madridista. Por fortuna la cosa acabó en córner. Gonzalo respondió con un control orientado y disparo de nueve puro. A continuación, Thiago recuperó la pelota en campo getafense y dejó a Vini solo frente a Soria, mas el meta desvió los centímetros necesarios para que no entrara.

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El Madrid se mostraba dinámico —fue un espejismo—. En construcción, Trent, Valverde, Güler se trenzaban las posiciones para fomentar la circulación del esférico. Fede continuaba en la buena tónica que luce tras el papel asignado por Arbeloa. Vinícius generaba, a pesar de que el Geta lo estaba friendo a patadas, muchas ni señaladas. Thiago se desenvolvía como si llevara varios trienios cotizando como oficial del primera en el centro del campo blanco. Los microbrotes verdosos de marchitaron nada más ver la luz.

Güler inventó una ocasión clarísima tras marcarse una ruleta en área azulona, pero ya sabemos que los porteros rivales hacen siempre el partido de su vida en el Bernabéu. Las oportunidades llegaban más por acciones aisladas que elaboradas, las buenas sensaciones iniciales se habían desventado rápidamente.

El Getafe siempre lo pone muy difícil, Bordalás mantenía sus líneas más prietas que el neopreno de un submarinista. Los blancos chocaban contra ellas como gametos masculinos contra el látex. Los azules seguían dando palos como si no hubiera mañana. Arambarri cazó abajo a Güler con tanto ímpeto que le pegó un ojazo con el brazo de Arda, acción que provocó dolor a ambos. Cada vez que un jugador visitante sufría un contacto —existente o inexistente— rodaba por el suelo de manera grotesca, puro Masía style.

Rico protagonizó dos acciones destacables, no en lo futbolístico, consecutivas. Primero fingió en campo propio y cayó abatido cuando Rüdiger pasó cerca. Después, Antonio cayó involuntariamente sobre él, impactando la rodilla en la mandíbula. Acción fortuita que alguna persona especial, como Mr. Chip, reclamó como roja.

Pero ese juego le dio fruto a los de Bordalás. Satriano voleó con el exterior un balón que le cayó tras una pugna aérea entre Aranbarri y Tchouaméni y lo coló por la escuadra. 0-1 con pocos minutos por delante para el final de la primera mitad. El fútbol es implacable, siempre premia a quien aprovecha sus oportunidades y castiga a quien no.

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Las prestaciones del Madrid habían ido decreciendo con el paso de los minutos. La esperanza se había tornado en preocupación ante la falta de contundencia arriba y abajo. Los de Arbeloa se chocaban una y otra vez contra la barrera profiláctica del Getafe sin intentar siquiera variar el método de ataque. Es difícil obtener resultados diferentes si siempre se hace lo mismo.

Descanso. 0-1. Sensación preocupante.

Quirante, otro mamífero especial al igual que Mr. Chip, incidía en la misma idea que este sobre la jugada entre Rüdiger y Rico. El equipo de intoxicación sincronizada funciona como un reloj, como un Rolex.

El Madrid comenzó la segunda parte con ganas, pero seguía cometiendo imprecisiones que boicoteaban la creación y la defensa. El Getafe, cuando el Madrid dudaba atrás, se lanzaba como una víbora. Después, se replegaban como un autobús. Mientras tanto, seguían pegando a Vini. Un Vini que había perdido todo el gas y no ganaba un duelo.

En el 54', Carvajal, Huijsen y Rodrygo se preparaban en la banda para entrar. Lo hicieron por Trent, Alaba y Thiago. Pitos para el cambio de Pitarch, el eslabón más débil, y aplausos para el jugador, que había disputado un buen partido.

EL MADRID FIRMÓ UN ENCUENTRO TÉTRICO

Cerca del minuto 60, un exterior de Vini cayó a Rodrygo cerca de la meta. Quizá mediatizado por su peinado radioactivo, el brasileño no acertó a colarla y la bola acabó en córner.

El Madrid quería, pero hacía un juego de tacto torpe como un amante inexperto. Tenía más encerrado al Getafe, pero no lo ponía en serios aprietos, como un amante impotente.

Huijsen, bisoño y desmemoriado, se ganó una amarilla que le impedirá estar disponible en Vigo, dejando al equipo solo con Rüdiger y Alaba como centrales puros.

Cuando iba a cumplirse el 70', Mastantuono ocupó el lugar de Güler. Muñiz Ruiz se mostraba tan acertado como el Madrid, en apenas un instante se comió una tarjeta de Milla, un empujón obvio a Carreras y se inventó una amarilla a Tchouaméni. Psicodélico, si no supiéramos lo que hay detrás.

A esas alturas del encuentro todo era desesperante. Los blancos, el árbitro y los azulones, que fingían y perdían tiempo como es costumbre en ellos. También pegaban a Courtois e incluso los miembros del banquillo obstaculizaban a Vinícius.

Rüdiger pudo empatar de cabeza a la salida de un córner. El remate se marchó desviado por centímetros. Muchos incluso cantaron gol. Era un quiero y no puedo de manual. Es lo que hay.

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Soria desbarató un cabezazo de Rodrygo tras un excelente servicio de Mastantuono y Carvajal se trabucó en su intento de introducir el rechace sin portero.

Dean seguía como un flan y sus errores eran constantes. La impotencia del Madrid era lacerante. Algunos espectadores se iban y Arbeloa quemaba su última baza con Brahim. Retiró a Tchouaméni.

En el 90', Mastantuono malgastó otra oportunidad clarísima del Madrid. Disparó desde cerca flojo y mal. El tiempo se acababa y el Madrid estaba entre desquiciado y anestesiado. No había atisbo de capacidad ni de peligro. El Getafe dominaba absolutamente el partido.

En el último minuto, roja directa a Mastantuono. Le dijo algo a Muñiz Ruiz, quien detuvo el partido y expulsó al argentino. Poco después, Liso vio la segunda amarilla por desplazar el balón.

El choque concluyó sin ninguna ocasión más para el Madrid y con la sensación de que era imposible siquiera que la creara. Partido tétrico de los de Arbeloa que se quedan a cuatro puntos del Barça.

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