La Galerna
·6 de marzo de 2026
1-2: El Madrid gana con el alma

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El Real Madrid aterrizó en Balaídos con una expedición integrada por los pocos supervivientes del accidente aéreo continuo que es la salud física blanca. Diez bajas. Es imposible desarrollar el potencial de una plantilla con tantas ausencias continuas. Arbeloa armó una alineación con lo que encontró en el kit de primeros auxilios. Si bien es cierto que se trataba de un once competitivo para ganar al Celta. Aunque también parecía imposible no pensar en el próximo choque contra el City. El balón echó a rodar y se comprobó que, incluso con media plantilla en el taller, el Real Madrid mantiene la incómoda costumbre de ganar, desde hace 124 años, aunque sea en el último minuto y de rebote.
Repitió Thiago, Asencio —tras el susto— se esforzó y formó junto a Rüdiger, y los laterales quedaron para Trent y Mendy. A rezar por su salud. El resto, lo disponible, con Brahim por delante de Gonzalo. En el banquillo, canteranos y Lunin, que llegó al Madrid poco después de hacer la comunión, así que cuenta casi como uno más.
El encuentro comenzó en directo, como siempre que se juega en Vigo. La primera jugada concluyó con un chut fuera de Borja Iglesias y juego brusco grave contra Tchouaméni. Jutglà le clavó los tacos en la rodilla. La roja ni estaba ni se la esperaba.
A los cinco minutos, el Panda repitió, pero en esta ocasión el disparo sí fue entre los tres palos. Y con muy mala intención. Thibaut salvó estirando su manopla izquierda a ras de suelo. Poco después, Courtois ejerció de libre y desbarató de cabeza un acercamiento peligroso.
La respuesta del Madrid fue un pase a un Vini que se batía entre varios defensas. Los ganó por velocidad y chutó según le derribaban. El balón rebotó en un palo, recorrió la línea y no entró. Al igual que contra el Getafe, ocasión tempranera no aprovechada. ¿La echaríamos en falta al final? ¿Hicieron penalti al 7 en la acción?
Tchouaméni fue el siguiente, lanzó dos torpedos. El último de ellos acabó en córner. En la botadura, Trent para Güler, Arda rasito a la frontal, y Aurélien la clavó al palo derecho de Radu. Gol de estrategia y tino. 0-1.

Para no perder la costumbre, Thibaut salvó milagrosamente un gol, de nuevo ante Borja. Extrañamente, anularon la jugada por fuera de juego que sí era.
El Madrid, a pesar de los ausentes, estaba tocando de manera más o menos aseada. ¿Perdería pronto el gas como últimamente? Después de dos derrotas consecutivas, nadie en el club se podía permitir no dar el cien por cien. O incluso más si eso fuera posible.
Thiago estaba siendo fundamental. Era como la pajita que asoma a la superficie cuando llevas tiempo debajo del agua. Acompañaba por la izquierda a Aurélien, pero ocupaba mucho campo. Según avanzaba la primera parte, fue interviniendo con menos frecuencia. En la segunda recobró protagonismo.
Pero el «plácido» encuentro que estaba viviendo el Madrid se vino abajo tras una acción lamentable de Trent. Defendió melifluamente, corriendo al Trent-Trent, frente a Williot, quien le ganó la espalda como si el lateral fuese un inmueble. El celtiña cedió a Borja y este marcó a placer desde cerca, sin que nadie le obstaculizase. Otro error defensivo que cuesta un gol. 1-1. Alexander-Arnold tiene peligro a menudo: en ataque, para el equipo rival; en defensa, para el propio. Aunque en la acción no estuvo mal solo Trent.
El Madrid se disponía con Vini y Brahim muy cerca de las líneas de cal, y con Güler y Valverde bastante adelantados. En otras ocasiones era Güler quien cerraba el costado diestro. Y a veces, Vini por dentro. Pero de lo importante, marcar, nada.
el Real Madrid mantiene la incómoda costumbre de ganar, desde hace 124 años, aunque sea en el último minuto y de rebote
A la media hora, Borja Iglesias entró temerariamente a Tchouaméni, que hubo de ser atendido. La acción fue tan fuerte que incluso Díaz de Mera mostró tarjeta amarilla, y no nos encontrábamos al final del partido con todo decidido. Ya había perdonado una roja, recordemos.
Jutglà dispuso de una buena ocasión, Antonio desvió a córner, pero el trencilla señaló puerta para el Madrid.
El Madrid tocaba, Tchouaméni atraía, como un agujero negro, toda esfera que se le acercase. Pero el equipo no creaba ocasiones claras. El partido se había convertido en un tiki-taka sin fuste. El Celta tocaba menos, pero disparaba con peligro. En el 45', Courtois realizó otra buena intervención para evitar el segundo gol local.
Empate a uno al descanso. Un imperial Tchouaméni —aunque mejorable en el tanto celtiña— no había sido suficiente para marcharse con ventaja. La jugada del gol en contra, para olvidar. Mejor, para recordar y que no se repita.

El encuentro se reanudó con un taconazo de Güler a Vinícius tan estético como estéril. Por el momento, todo continuaba igual. Pero a los pocos minutos el Madrid volvió a complicarse la vida atrás en varias ocasiones. Y en ataque la cosa no mejoraba.
Güler se sumaba a las pérdidas y el partido cada vez era más preocupante: el tiempo transcurría sin ocasiones y en el banquillo no había nadie con experiencia. Aunque en ocasiones hay que permitir que la juventud puje —y pujó—. Y, además, ¿acaso quedaban más opciones?
Arda fue derribado en el área. La jugada continuó y Thiago Pitarch la concluyó con un disparo que no llegó a término porque rebotó por el camino.
Fue lo último que hizo Güler. Arbeloa lo retiró para introducir a Palacios. El turco no se marchó contento. No había disputado un partido para el recuerdo, pero es uno de esos futbolistas que pueden desatascar un choque.
Sin embargo, con la salida del canterano el Madrid comenzó a presionar más y a aproximarse a la meta rival. Palacios gozó de una buena ocasión y Fede lanzó un misil que acabó en las Cíes.

En el 69, se paró el partido para que Díaz de Mera acudiese al VAR. Jutglà había despejado un balón en área propia con la mano a lo Maradona. O a lo Messi. O a lo Piqué. No admitía duda alguna, mas el colegiado se recreó frente a la pantalla durante demasiados segundos. Cuando parecía que iba a señalar el punto fatídico, pitó un empujón previo de Palacios. De esas acciones que se ven 27 veces en cada centro al área. Esta le vino de perlas a Mera para esquivar la pena máxima y, por tanto, para mantener su estatus.
En el 76', un regulero Brahim dejó su puesto a Gonzalo. La cabeza del canterano podía ser una buena arma para el final del encuentro.
El Madrid estaba mejor que el Celta, pero esto no se trata de estar mejor o peor, sino de meter la pelota dentro. Un razonamiento similar: se gane, se pierda, se juegue bien o se juege mal, es lícito exigir un arbitraje justo. Díaz de Mera —sin i ni erre— estaba dando un recital.
Aspas salió cuando restaban pocos minutos y lo primero que hizo fue reventar un balón contra el poste. Al Celta, repito, no le hacía falta tener el balón para crear peligro.
Arbeloa cambió a un buen Thiago por Manuel Ángel y a Asencio le mostraron amarilla por robar el balón, como el otro día a Tchouaméni.
El Madrid iba camino de sumar otro partido sin vencer. Los blancos estaban dando un recital de ganas estériles. El Celta no marcó el segundo porque Mendy intervino providencialmente, como contra el City aquella vez. ¿Acabaría igual? Sí.
En el último minuto, Valverde lanzó un cañonazo con el alma que terminó en gol tras tropezar en un codo celtiña.
Victoria importantísima por muchos motivos, entre los que destaca el anímico. Ahora, a por el Manchester City.
Getty Images
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