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La Galerna

·5 de noviembre de 2024

1-3: Un Madrid tétrico enciende todas las alarmas

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El Madrid se sume en la melancolía

Todos somos Valencia. Siamo tutti Valencia. Sobrecogidos por el estruendoso minuto de silencio del Bernabéu por las víctimas de la DANA mortal, presidido por una enorme bandera de la Comunidad Valenciana, ni 22 copas de Europa pudieron eclipsar el inmenso dolor de Valencia y España entera que aún llora por el lodazal de muerte y destrucción que las riadas e inundaciones han dejado a su paso por la piel de toro. Ya sabemos que para los gerifaltes de Liga y UEFA lo del temporal ibérico son cuatro gotas, el chou debe continuar a cualquier precio, que los bolsillos de los popes del balompié no se llenan solos. De hecho, lo primero que sonó esta noche, bajo una atronadora pitada de la parroquia merengue, fue el himno de la Champions. Así que, dadas las circunstancias, nobleza obliga.

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Y como rezaba Fantantonio en las paginas de La Galerna, esta noche el Madrid debe jugar como en los momentos más altos de su historia: por todos los españoles. No estaría el Real tristemente a la altura.


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En frente nada menos que el Milan Associazione Calcio, un gigante futbolístico del Viejo Continente, un rival del que siquiera evocar su nombre generaba pesadillas en el merengue ochentoide. Lejos quedan sus días de gloria o los disparos desde Reggiolo con los que Ancelotti descerrajaba el arco de Paco Bayo en la manita de San Siro. Hoy camina flácido por los campos de Europa cual ciruelo, otrora vigoroso, de Silvio Berlusconi. No hay más que recordar a Schevchenko o fijarse en Morata para cerciorarse que si Madrid no se despeñó por este mismo desfiladero de Il Cavaliere fue gracias a su Florentinezza. Aun así, Milano e Milano, nadie —salvo el de siempre— pude presumir de detentar siete Orejonas en sus vitrinas.

El Madrid trató de sacudirse la melancolía con un arranque enérgico protagonizado por Mbappé, tan voluntarioso como atropellado. Morata, plañidero, gemía por un plantillazo de Tchou del que pronto se cobraría colchonera venganza, Rüdiger mostraba su hilera de dientes sonriente a sus marcadores en cada jugada a balón parado y todo parecía para una bonita noche de otoño en el Bernabéu. No sería así.

A los doce minutos, el rossonero Thiaw despachó con un empujoncito al fornido Tchouaméni tras saque de esquina para, testarazo mediante, fusilar a Lunin bajo los palos. De nuevo, río arriba. Y otra vez Aurélien, bajo los focos de la sospecha, pusilánime aún con la inyección de confianza de Ancelotti. Para ahondar en su miseria, Morata le devolvería la tarascada con una patada alevosa. Lo debió de aprender en el Atleti.

El Madrid se tomó mal el gol y trató de enmendarlo con inmediatez. De nuevo Mbappé se topó con el estrambótico y provocador Maignan, el meta milanista con ínfulas de René Higuita, presto siempre para un roto o un descosío, pero triunfal casi siempre. A pesar de sus aspavientos no pudo evitar el empate de Vini, panenkoparadinha incluida, desde los once metros a los 19 minutos. El penalti, cometido sobre el propio Vini, fue claro tras atropello de Emerson y un fantástico uno-due madridista dentro del área.

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Con menos tensión en el marcador, airadas protestas de Morata sobre el penalti, y una zaga milanista en permanente zozobra ante las acometidas de Vinícius, parecía cambiar la dirección del viento. Y como sucedió al principio, tampoco fue así. Al contrario, fue Lunin quien tuvo que dar cumplida respuesta a latigazos lejanos de los italianos, abajo, en estirada felina; arriba, en valerosa salida. El Madrid, por el contrario, con Modric incapaz de hacerse con la batuta, Tchouaméni opacado y Mbappé cual Guadiana, se sumergió en su tristemente habitual atonía de esta temporada.

Tanto lo hizo que a los 39 minutos una pérdida de Tchouaméni ante la que reaccionó con el mismo ímpetu que una octogenaria perdiendo el autobús, permitió recibir a Leao dentro del área. Gambeteó, confundió de nuevo a Aurélien, y disparó seco. Lunin pudo sacarla, no así el posterior remache de un rencoroso Morata que hizo ademán de cerrarse los labios para celebrar el segundo tanto del Milán, ahora por delante en el marcador y ante un rival que se marchaba entre pitos al túnel de vestuarios.

Allí se quedaban Tchouaméni y, sorprendentemente, Valverde. Entraban en su lugar Brahim y Camavinga. Tocaba a rebato Carletto y el Madrid, tan acostumbrado a caminar sobre el filo de la navaja, abrazó el frenesí con todo un segundo tiempo por delante. Un ardor del que pudo salir malparado en el intercambio de acometidas con los milanistas. Primero fue Lunin, con una mano paranormal para detener un violento testarazo de Rafael Leao, después, Militao, aguantando, sólido, un mano a mano contra el mismo adversario. Por el lado blanco, Bellingham y Mbappé, fallones, malograban cada ocasión de la que disponían. Modric, exhausto, dejaba su lugar a Ceballos en busca de algo más de brío en la presión. Lo primero que hizo el bueno de Dani fue darle una pequeña coz a Morata que rodó y lloró por el suelo durante unos cuantos minutos. El Madrid, en cualquier caso y cual pollo sin cabeza, seguía sin robar un balón. A cambio coleccionaba amarillas a pares a cargo de Lucas Vázquez y Militao.

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Esta no era la noche. Al filo de los 75 minutos el Milán supo avanzar entre las torpes y desordenados intentos del Madrid por recuperar la pelota, el balón llegó a la banda a Leao que, una vez más, desarboló cual adulto a infante a un superado Lucas Vázquez. Reijners recibió en el área chica y fusilo a un metro de Lunin. 1-3 y muy mala pinta. Rodrygo y Fran García entraban por Bellingham y Mendy. Sin noticias de Güler, por cierto, y no es una novela de Eduardo Mendoza.

Lo que verdaderamente extraterrestre hubiera sido empatar o ganar este partido. En el 80´, frontera de la zona Cesarini que tan bien conocen los italianos, parecimos estar cerca. Un balón colgado por Ceballos provocó la aventura del estrafalario Maignan que despejó el balón a los pies de Rüdiger que, en pintoresca volea, ponía el momentáneo 2-3 en el marcador. Y decimos momentáneo, amigos galernautas, porque mientras servidor escribía este párrafo el VAR anulaba el tanto de Antonio por fuera de juego.

Sea como fuere parecemos encaminados a jugar un extraño playoff entre el noveno y el vigesimocuarto de esta competición incomprensible contra el Ludogorets de turno.

A ver si el camino a la decimosexta va a ser así, aunque no lo parece.

Getty Images.

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