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La Galerna

·21 de abril de 2026

2-1: Ganó el Madrid, condolencias a DAZN 

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En un partido soso, donde el lamer de heridas muniquesas se prolongó del primer minuto al último, el Madrid se impuso al Alavés con dos goles de Mbappé y Vinícius.

Registramos un comienzo emocionante con el recibimiento a los campeones de la Youth League y el minuto de silencio en honor a Santamaría, con su familia en el palco. Poco edificantes, sin embargo, fueron las tonterías de los comentaristas de DAZN, hablando de que habían traído el “silbómetro” para registrar los pitos del llamado respetable. No iban desencaminados, con Vinícius, Carreras y Mbappé, por este orden, como principales destinatarios de las iras del personal. La mala leche daznera alcanzaba a Camavinga, sentado en el banquillo y por tanto susceptible de protagonizar primeros planos maliciosos.


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El Madrid dominaba los primeros minutos, aunque era el Alavés quien protagonizaba las incursiones más peligrosas. No obstante, un balón en profundidad de Güler, marca de la casa, obligaba a Sivera a salir a los pies de Vinícius. El Madrid ofrecía su versión blanda, informe, fofa, es decir, la que le hace perder ligas, lejos de la más jerárquica y corajuda que le hace no ganar la Champions.

Güler se movía mayoritariamente por la izquierda y Bellingham mayoritariamente por la derecha. Moverse no deja de ser un concepto relativo. En comparación con las ancianas del asilo de la Madre Auxiliadora de Antequera, lo hacían. Ante la comparación con los campeones de la Youth League que habían pisado el césped un rato antes, en cambio, Einstein se habría puesto las botas.

El Madrid jugaba amaneradamente y sin ninguna precisión. Solo a Güler se le adivinaban la intención, la tensión y la sabiduría. En una jugada valiosa de Mbappé por la derecha, quedó plasmada una tragedia sistémica: nadie al remate, tan solo Valverde insinuándose como falso 9. Para la vulgaridad de lo que estaba viendo, y de lo que tiene visto, bastante bien se comportaba la afición. Era un silencio pegajoso y cínico, apenas perturbado por el rumor benigno de la Grada de Animación, y definitivamente roto cuando un gol producto de la suerte abrió el marcador. Chutó Mbappé desde la frontal, y el desvío en un defensa escoltó el balón a la red.

La cosa se animó a resultas del gol, y de inmediato el propio Mbappé obligó a lucirse a Sivera, tras buena jugada de Vinícius, y Trent chutó fuera por poco un suspiro después. Se hace muy difícil enjuiciar el primer año del inglés en el club blanco. Primero, porque aún no ha acabado. Segundo, porque da la sensación de poder poner el balón donde quiera, pero no así de hacer lo propio con su voluntad. Güler, en cambio, gustaba y se gustaba, como decían los clásicos. Aunque también para él faltan algunos partidos, se va imponiendo el consenso según el cual su temporada puede ser la mejor noticia a largo plazo que deja el malhadado ejercicio. También se veía firme a Huijsen.

Al borde del descanso, Vini se la dejó a Mbappé, que logró conectar el remate (fuera) a pesar de que nuevamente estaba muy solo en el área. Antes de que el público terminara de lamentarse por eso, se lamentó de verdad por algo peor: Militao pidió el cambio. Acababa de mandar al larguero un remate mordido. En el Madrid ha habido héroes y ha habido jugadores frágiles. Nadie puntúa tan alto en un gráfico con las dos variables. Que no sea nada. Que no sea mucho.

El Madrid ofrecía su versión blanda, informe, fofa, es decir, la que le hace perder ligas, lejos de la más jerárquica y corajuda que le hace no ganar la Champions

Como aprovechando la melancolía y la aprensión que la lesión causó en la parroquia, el Alavés tuvo una ocasión doble, con palo y paradón de Lunin incluidos. Bien es cierto que Mbappé volvió a tenerla a renglón seguido. Se iba solo tras un pase largo de Vinícius. Pudo hacer cualquier cosa, cualquier cosa precedida por un acercamiento a la portería. Sin embargo, optó por una vaselina lejana que se fue a la grada. El público le silbó. Él se reía, en consonancia con la falta de nervio del partido (y de la temporada).

Un remate de Tchouaméni, a saque de córner de Güler, inauguró el casillero de ocasiones del segundo tiempo. Precedió al golazo de Vini, que buscó el hueco y la enchufó desde su casa. Pidió perdón al público, desatando las especulaciones insanas de los comentaristas de DAZN. “Ha madurado”, decían. Este cronista interpreta que era la petición de un perdón colectivo por una temporada que el aficionado padece como un viacrucis. Vini no tiene ni más ni menos responsabilidad que el resto. No ha hecho una mala temporada. Ha hecho algo más desquiciante aún, como el equipo: ha hecho (está haciendo) un año lacerantemente irregular.

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Sorprendió Arbeloa quitando a Bellingham y Güler para introducir a Brahim y Mastantuono. El salmantino y el de Birmingham tuvieron una breve y amistosa (ironía off) conversación en la banda, pero Quirante insistía, poco más o menos, en que habían llegado a las manos. Al Madrid le van mal las cosas, pero no tan mal como algunos quisieran. Mientras se preparaba la entrada de (también) Camavinga, Mbappé obligaba a una doble parada de Sivera, y Brahim a un defensa a sacarla sobre la línea. Estaba animado el segundo tiempo.

Y salió Camavinga, que fue pitado para delectación de Quirante y sus compañeros. En la rueda de prensa de la víspera, Arbeloa le había defendido. No cabe duda de que su expulsión en Múnich respondió a una grave estupidez por su parte, pero ni esto exime al árbitro ni explica por sí solo la eliminación europea.

Los de DAZN seguían obstinados en repetir el momento del cambio de Bellingham, a fin de encontrar el momento en que el inglés soltaba un navajazo o un mal de ojo, antes inadvertidos. Lo cierto es que fue un intercambio de palabra y gestos ejemplar. Nuestras condolencias a la plantilla de comentaristas de DAZN.

La cosa languideció hasta su final, con un Madrid al trote cochinero y varias ocasiones claras de los vitorianos ante la desidia local. Bastante lamentables esos minutos finales de los vikingos, lo que se tradujo en el gol de tacón de Toni Martínez y la salva de pitidos postrera. La cosa, en cualquier caso, acabó en triunfo blanco, con lo que quizá haya liga o quizá no, más probablemente lo segundo para mayor solaz y esparcimiento de Sergio Quirante y sus chicos.

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