La Galerna
·21 de febrero de 2026
2-1: Un Madrid lamentable sigue con la montaña rusa

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·21 de febrero de 2026

En un pésimo partido, el Madrid se ha dejado casi seguro el liderato en Pamplona, así como la confianza propia y la fe de sus seguidores. Lo único que no se dejó es el alma, porque no la puso.
Arbeloa optó por dar descanso a dos futbolistas frágiles tras salida de lesión (Trent y Rüdiger), reservándolos para el Benfica y sustituyéndolos por Carvajal y Alaba, lo que unido a la lesión de Huijsen resultaba en tres cambios en defensa. Quizá era lo más juicioso a medio plazo, pero para el partido en sí mismo fue una mala decisión, y aquí hablamos de este partido.
El público del Sadar debe estar muy sensibilizado contra los flequillos mal cortados, porque dejó claro desde el primer momento que no pensaba dejar pasar la menor ocasión de abuchear a Asencio. Como seguramente también tienen una causa muy sólida contra las botas rosas, Vini compartía con el canterano los silbidos, que fueron lo único destacable de los primeros quince minutos, en los que no sucedió absolutamente nada, aparte de un dominio baldío por parte de los blancos.
A los 17 minutos, un contragolpe rojillo que agarró al Madrid partido en dos, y Budimir ensayó el primer disparo con peligro del partido. Salió rozando el palo. El Madrid replicó con un cabezazo de Asencio que paró Herrera, pero era fuera de juego. El partido era tan placentero como comer ortigas, y encima Osasuna empezaba a dar señales de subirse a las barbas, como se demostró en el 24, cuando un despeje con el hombro de Carreras hacía la propia portería obligó a Courtois a sacar una manopla plena de reflejos. Budimir remató de cabeza, sin poder dirigirla bien, a renglón seguido. El propio Budimir la mandaba al palo, antes de que hubiésemos recuperado el resuello, de manera inmediata.
Los navarros planteaban un partido áspero e intenso que empezaba, pues, a inquietar seriamente. Tal vez lo habría hecho menos de haber el árbitro amonestado a Rossier alguna vez por sus contínuas faltas a Vinícius.
De pronto, el Madrid se vino arriba y encadenó una virguería amenazante del brasileño, un buen tiro de Mbappé y una ocasión clarísima de Alaba que salvó in extremis Catena.
No solo no sirvió de nada, sino que, en el minuto 35, lo que el árbitro de campo había señalado como piscinazo (con tarjeta incluida) de Budimir lo convirtió Figueroa Vázquez en el mismo penalti residual de Camavinga en este mismo campo en el monstruoso atraco de Munuera hace no tanto. 1-0.
Tchouaméni obligó a Herrera a intervenir, tras un remate en semifallo. Fue el último estertor de un mal primer tiempo de los de Arbeloa.
Se auguraban cambios en el Madrid, tal vez el retorno de Trent y Rüdiger, pero tras el descanso salieron los mismos. No se entendió que Arbeloa no mandara un mensaje más claro y ambicioso. El Madrid mostró la misma falta de ideas en los primeros minutos tras la reanudación. No sabemos si sería esa la razón por la que Trent y Brahim empezaron a calentar enseguida. ¿Por qué no antes? Carvajal y Alaba estaban catastróficos. Víctor Muñoz se le iba cuando quería y como quería al 6 veces campeón de Europa. Cada vez que el Madrid ensayaba una incursión, casi siempre vía Vinicius, se encontraba con la falta de rematadores en el área. Y Gonzalo ni siquiera calentaba.
El Madrid no le ponía al partido la intensidad requerida y, en todo caso, mucho menos de la que le ponía Osasuna. Vini era el único que amenazaba, una y otra vez. Encima, los de Arbeloa se partían en dos, no se sabe si por cosa física o táctica. Cumplido un cuarto de hora del segundo tiempo, estábamos peor que en el primero.
Por fin, en el minuto 63, entraron Trent y Brahim por Camavinga y un horroroso Carvajal. Vini lo seguía intentando con tanto denuedo como calidad, de manera emocionante.
A Mbappé le anularon un gol por (justo) fuera de juego. El Madrid, en todo caso, daba una imagen de laxitud sumamente irritante. Quedaban 20 minutos y el Madrid no hacía excesivo daño, pero en una internada racial de Valverde marcó Vini desde el área pequeña.
1-1, pero no iba a ser fácil. Más allá de la jugada del penalti, dudosa, el árbitro volcaba la balanza a favor de los locales con ausencia de tarjetas merecidas y córners birlados. Gonzalo salió por Valverde y se puso a presionar como un poseso. Javi Galán la sacó bajo palos, con el muslo, en remate de Mbappé. El último cambio de Arbeloa fue la entrada de Ceballos por Güler, y el de Utrera fue decisivo, solo que no en el modo esperado. Facturó unos minutos de pesadilla, coronados con un balón perdido que desembocó en el gol de Raúl, donde tampoco estuvieron finos Asencio ni Trent.
El Madrid sigue abonado a una montaña rusa que está desesperando a sus seguidores. Cuando parece ofrecer argumentos para la fe, pierde lastimosamente y vuelven los problemas. Lamentable.
Getty Images









































