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·1 de enero de 2026
2025, el año que el Rayo Vallecano volvió a Europa

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·1 de enero de 2026

2025 será inolvidable para el rayismo. Un grupo de jugadores, junto a un staff que han culminado su comprensión a lo que es el barrio, lo que es jugar en Vallecas. Disfrutan de este lugar como si fuera el patio de recreo donde descubrieron su pasión por el fútbol. Le costó a Íñigo Pérez encontrar la tecla exacta para hacer click en las mentes de unos futbolistas que perdieron la ilusión competitiva después de una campaña 23/24 irregular. Pero esto es el Rayo Vallecano, cuando peor parece que está, más sale la vena de barrio para levantar las situaciones más complicadas. Galopados por la afición más fiel de LA LIGA, la Franja ha vivido unos meses frenéticos donde, cuando todo parecía una permanencia holgada, en las últimas jornadas se acercó la posibilidad de entrar a una competición europea de forma inesperada. El rayismo se aceleró, se agitó y culminó con una invasión de campo que será inolvidable, a la altura de la noche del Tamudazo en el 2012.

La afición del Rayo Vallecano invade el césped de Vallecas por la clasificación a Conference. Foto: DAZN
Ahora, Íñigo Pérez y los suyos siguen en el marco de la humildad. La realidad de la Franja es la siguiente: 3 puntos por encima del descenso y con dos partidos claves en casa para decidir si se aspira más a sufrir por seguir en Primera o repetir otra clasificación histórica en la tabla clasificatoria. Sea lo que sea, los fanáticos franjirrojos están preparados para seguir la ambición de su entrenador: «¿Por qué no podemos llegar la final de Copa o de Conference League?», afirma el de Pamplona una y otra vez.
Concentración en Holanda, incertidumbre y miedos, pero Íñigo Pérez tenía un plan. No sabía la duración del mismo ni tan siquiera, si iba a inyectarse en la moral de una plantilla que estuvo a punto de volver a Segunda División. El míster era consciente que no había respondido a las expectativas, pero conocía a esta familia de su etapa como segundo de Andoni Iraola. Y sí, sí que la conocía muy bien. Subió la exigencia, el grupo la compró y entre todos fabricaron una bestia competitiva. Salvo despistes puntuales, el Rayo Vallecano es un grano en el culo para cualquier equipo, generando el mito de que complica más las cosas a los gigantes de la competición que a los considerados rivales de su liga. Las dudas se transformaron en certezas. Se construyó una identidad que todos defienden a capa y espada.
Sin embargo, la pretemporada en cuanto a nivel de resultados fue nefasta, pero fue parte del proceso. Fracasar, asimilar y digerir para estar preparados para dar el primer golpe. Llegó en la primera jornada, en el Reale Arena y ante una Real Sociedad que se quedó congelada. Fue el preludio de lo que iba a ser el Rayo Vallecano lejos de Vallecas: Un equipo capaz de asaltar cualquier estadio de máxima exigencia. Ese 1-2 no solo fueron 3 puntos, al contrario. Fueron la creencia para que todos se dieran cuenta de que Íñigo Pérez tenía razón en su mensaje. Ahora bien, el arranque de temporada no fue fácil, con 13 de 30 puntos posibles. En cambio, el juego de los de Vallecas era admirable, adictivo de ver. Y más que por su fútbol, era por su carácter competitivo así como esos momentos de presión asfixiante hacia el rival. Sin ser conscientes, en Vallecas se estaba gestando el equipo revelación de la 2024-2025.

Los jugadores del Rayo Vallecano celebran el triunfo en la jornada de apertura de la LIGA 24/25. Foto: LALIGA
Precisamente, hace un año, el Rayo Vallecano empezó a crecer como equipo, pero especialmente, en la creencia en el aspecto colectivo ante cualquier reto por muy difícil que pareciera. Ahí se primó la unión del vestuario por encima de cualquier ego o individualidad. Estamos aún en 2024, pero este mes fue la antesala de todo lo que iba a venir después. Victoria en Mestalla, empates heroicos ante Real Madrid, Villarreal o Real Betis y jugadores que empiezan a consolidar un nivel por encima de lo esperado como Augusto Batalla, Pep Chavarría, Andrei Ratiu, Pathé Ciss o Isi Palazón, así como la irrupción de Pedro Díaz. Enganchando con enero, el Rayo Vallecano acumula 9 partidos sin conocer la derrota en el campeonato doméstico. Tiene que ser parado por el vigente campeón, el FC Barcelona. Una derrota por 1-0 en un partido lleno de polémica arbitral, pero donde el conjunto de Íñigo Pérez alcanza su punto más álgido en todos los sentidos.
Si bien es cierto que a la Franja le faltaba un goleador o un pichichi destacado, el fútbol lo definen las áreas y no solo la ofensiva. A su solidez defensiva, apareció un arquero capaz de elevar a este plantel a lo más alto. Augusto Batalla fue el fichaje de la temporada, el factor diferencial. Intervenciones escandalosas, penaltis parados y pérdidas de tiempo que provocaban la desesperación del rival en los tramos finales. Sin dudas, fue uno de los héroes. La clasificación a Europa empieza con la primera jornada que duerme el Rayo en puestos europeos. La noche del 31 de enero, en Butarque, donde el argentino para dos penas máximas en el descuento para desatar una de las victorias más eufóricas del cuadro rayista en Primera División. En esa cita, muchos empezaron a creer. No solo los futbolistas, también los aficionados. Aún así, nadie quería lanzar campanas al vuelo.

Augusto Batalla, manteado por sus compañeros tras salvar dos penas máximas en el descuento. Foto: LA LIGA
Pero la importancia del ex del Granada CF no queda ahí. Su adaptación a los valores de Vallecas es lo que más enamora a la hinchada. Por momentos, parece que recoge el mensaje y ese liderazgo que ha marcado Óscar Trejo en estos últimos años. Es una de las voces autocríticas y, a pesar de llevar unos meses de su segunda campaña con la elástica franjirroja, la sensación que hay es la de un líder que lleva bastante tiempo en el barrio.
En la jornada 33, todo parecía perdido. El Atlético de Madrid, con un Sorloth esplendoroso, remata a un Rayo Vallecano que parece no tener gasolina para el tramo final de LA LIGA. Cuando todo el mundo daba por descartado a los de Íñigo Pérez, dos triunfos claves ante Getafe y la UD Las Palmas les hacen estar vivos. Betis, Celta y RCD Mallorca son las últimas fechas. Jorge de Frutos y los dobles laterales hacen acto de presencia para dar un soplo de aire fresco. En especial, se recuerda la victoria en Balaídos. El contexto de aquel duelo pintaba a los de Claudio Giráldez consiguiendo la clasificación a Europa League y que Vigo fuera una fiesta después de muchos tiempos de incertidumbre. La cantera celeste no tiene su día porque el Rayo Vallecano anula, doblega y gana a un Celta que no encontró respuesta. El chute de moral es imparable y la Franja está a una semana de volver a Europa 25 años después.
Llega el 24 de mayo, la gran final. El barrio entero llena las calles desde primera hora de la tarde para vencer a un RCD Mallorca que firma una segunda vuelta depresiva y el proyecto de Jagoba Arrasate no anda por su mejor momento. Todo apunta a que la noche será plácida. Fueron ilusos, porque en el fútbol no se puede dar nada por hecho. Mientras, el Celta se encuentra en Getafe y CA Osasuna, el rival más directo, visita Mendizorroza para clasificarse a Europa por segunda temporada consecutiva. Es la noche de los transistores (cuando podían funcionar, eso sí). El partido comienza, el tiempo pasa y el Rayo Vallecano no es capaz de anotar. Sergio Camello, Etienne Eto´o y Óscar Valentín sufren en uno de los fondos mientras ven como sus compañeros desperdician ocasiones de forma continuada.

Los jugadores del Rayo Vallecano celebran el gol de Jorge de Frutos en Balaídos. Foto: LA LIGA
Finaliza el encuentro y todo Vallecas conecta con Mendizorroza. Un gol de CA Osasuna evita el sueño. El rayismo, pendiente de un Deportivo Alavés que le eliminó en el 2001 en los cuartos de final de la Copa de la UEFA, que curioso y caprichoso es este deporte. Con el corazón latiendo a mil por hora, se confirma el milagro. La carrera de Íñigo Pérez y Óscar Trejo queda grabada en una noche donde los presentes empiezan a invadir el césped para lo que sería una de las noches más gloriosas de este club. Con posterior recorrido en bus por las calles del barrio, el rayismo sale a gritar, disfrutar y cantar junto a una plantilla que confirma su superación. Fue, es y será inolvidable.
Otro de los nombres propios es Álvaro García. De falso 9, de titular, de suplente o en su posición natural, siempre ha rendido por este escudo. Siempre aparece en la foto por su repetición de esfuerzos. Un jugador que venía de una situación complicada, porque acumulaba rupturas musculares que impedían que rindiera con regularidad. Por suerte, esto quedó atrás y el utrerano ha sido uno de los MVP del Rayo 25/26, especialmente, en la Conference League. En toda noche importante, el ex del Cádiz ha estado presente. Con la misma celebración, con el mismo rostro, pero dando un ejemplo a los que están, los que vienen y los que están por venir: Compitiendo como si fuera el último que ha llegado. De esos jugadores que ama el fango del sacrificio constante.

Álvaro García y Jorge de Frutos, celebrando uno de los goles en la victoria ante el Girona. Foto: LA LIGA
2025 ha sido tan grandioso, que hasta la selección española ha hecho acto de presencia en el seno del Rayo Vallecano. Jorge de Frutos, aunque no ha tenido muchos minutos con el combinado nacional, pudo debutar con la actual campeona de Europa. Un sueño cumplido que hace justicia a los tiempos donde Álvaro García e Isi Palazón merecieron ir en algún momento con España. Una sonrisa, ninguna queja hacia nadie, Jorge es otro que es un cacho pan. Juega donde le digas y da todo hasta que no puede más. Solo hay que ver como lloró cuando creyó que se había roto la rodilla ante el Real Betis hace unas semanas. Ídolo de ídolos. Su presencia da un plus de energía en la presión alta, en la generación de ocasiones de gol. Clave, muy clave en las últimas jornadas aceptando el rol de 9 y respondiendo. Sin el de la España Vaciada, Europa hubiera sido imposible.
Seguramente, una de las noticias más tristes para la comunidad rayista en este 2025. La pérdida de Antonio, el marido de Lola, fue un varapalo tremendo. Se perdió la clasificación a Europa y en las semanas previas, todo el rayismo se volcó con Lola. Ella siempre ha sido una de las marcas del Rayo Vallecano: Humildad, dando la bienvenida al de afuera y escuchando siempre por y para todos. Sin dudas, es una de las personas que mejor representa a este club. Desde donde esté Antonio, ha podido ver a su Lola volando por Europa y extendiendo la bandera del rayismo con furor, pasión y dedicación. Cada vez que celebra un gol, es piel de gallina para cualquiera que lo vea, sea en directo, desde el televisor o a través de una foto. Doy por hecho que rayistas menos mainstreams han tenido una situación parecida, así que mi pésame para todos ellos.
El delirio, la razón por la que el Rayo Vallecano puede ganar la Conference League. Con 0-2 abajo en el electrónico, el equipo de Íñigo Pérez creyó en una remontada donde pocos hubieran creído. En la noche donde Isi Palazón entró con vómitos, pero aún así, decidió salir del banquillo para iniciar la gesta. Jorge de Frutos y, como no, Don Álvaro García terminaron de certificar el asunto. Este último, en el descuento. Un triunfo que a los de Vallecas le auparon al top-8. Sin dudas, fue una de las noches más calientes en términos de euforia para los franjirrojos.
Como no, el gran artífice de un 2025 mágico. Junto a Claudio Giráldez, el técnico revelación del campeonato liguero. Ambos de admirar, por su propuesta, por su convicción y por su manera de reconducir las curvas que vienen en el camino. Sabe que está haciendo historia, pero tiene los pies en el suelo. Íñigo Pérez siempre repite la misma frase: «Siempre estaré en deuda con el rayismo». Mantiene al Rayo Vallecano en Primera División, lo clasifica para Europa y lo hace vivir por encima de sus posibilidades, pero la palabra y los actos de la afición son sagrados. El que fuera segundo de Andoni Iraola se inyectó de los valores de este club en la etapa del actual técnico del Bournemouth. No discute, no se enfada, solo argumenta y siempre desde el respeto.

Íñigo Pérez, en un partido de Conference League junto a los suplentes. Foto: Juanjo Martín
Por otro lado, es el psicólogo del grupo. Es raro ver a Íñigo Pérez desquiciado, con tono alto de voz o protestando decisiones arbitrales. Su fair play le hace ser el entrenador más ejemplar del campeonato nacional. Esa forma de ser impacta en un grupo de jugadores que lo tienen como mentor, pero también como un padre. Y no por el sentido ‘veterano’ de la palabra, más bien, porque Íñigo Pérez es como un capitán que aún sigue siendo jugador. Es como si fuera un compañero más. Esa humildad y esa locura por el trabajo grupal, donde ningún futbolista es intocable (salvo Batalla y Florian Lejeune), le hace ser respetado por todos. Por cierto, vaya mariscal Lejeune, confirmando en este 2025 que es y ha sido el mejor central de la historia de La Franja.
El 2025 ha cerrado su persiana, pero se abre la de un 2026 que está lleno de ilusión. El vestuario más sano de la máxima categoría del fútbol español quiere seguir escribiendo capítulos que dejen recuerdos imborrables en la mente de los rayistas. Ese es el objetivo de una familia donde los próximos compromisos, ante Getafe, Granada en Copa y RCD Mallorca marcarán la ambición de si se pueden aspirar a cotas más altas o, por el contrario, habrá que luchar por no bajar a Segunda División. En ese roscón habitual del Rayo Vallecano, queda una sorpresa guardada. Quien sabe si es con el título de la Conference League bajo el brazo. Sería poético, precioso y orgásmico. ¿No te producen escalofríos ver a un barrio conquistar un título europeo? Si hay una palabra que debe definir al rayista en este 2026 es la de SOÑAR.









































