La Galerna
·11 de enero de 2026
3-2: Raphinha gana la Supercopa (con un churro)

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·11 de enero de 2026

En un encuentro frenético y cardiaco, lleno de acciones de mérito por parte de ambos equipos, el Madrid perdió la Supercopa a manos del Barça a consecuencia de un gol de pura chamba de Raphinha.
El prepartido estuvo preñado de confusión. Se anunció como titular a Güler, pero al final salió Gonzalo. También surgieron rumores que apuntaban a una disposición sobre el campo diferente de la prevista por parte del Madrid. Los rumores se confirmaron. El cambio era el adelantado por un medio francés en su cuenta de X, con Asencio no como central sino como lateral, Tchouaméni no como mediocentro sino como central y con Valverde en el centro del campo junto a Bellingham y Camavinga. Los jugadores de uno y otro equipo se miraban unos a otros como tratando de entender los cambios (especialmente los culés, claro, pero no solo), mientras iba quedando claro también que Gonzalo no estaba allí para meter goles, sino para frenar las evoluciones de De Jong como cerebro blaugrana. Parecía claro que Xabi optaba por un arranque de valentía (o con uno de entrenador, según se vea) para jugarse la carta de su propia continuidad. Otro dirá justo lo contrario, o sea, que todo procedía de la cobardía de no querer volver a alinear a Valverde como lateral derecho, a pesar de que se ha revelado como la solución más eficiente, aunque no la preferida por el futbolista.
Los dos equipos se tentaban mutuamente en esos primeros compases, sin que sucedieran muchas cosas. El calor y la humedad parecían pasar factura también. La posesión se decantaba por el equipo cliente de Negreira, pero el Madrid se mostraba rocoso, con un Rodrygo que ayudaba muchísimo y con tino en la faceta defensiva y que en el minuto 15 dejó pasar sabiamente la pelota para que Vinicius incursionara solo. Tenía poco ángulo, pero telegrafió su pase a la red y Jordi García lo interceptó sin el menor esfuerzo. Pese a esta gestión infantil de la jugada, Vini se revelaba como el mayor peligro de los de Xabi, felices con incomodar al Barça y salir al contragolpe. El Madrid empezaba con el aire de algunos planteamientos mourinhistas en finales contra el eterno rival. (El cronista lo dice como un elogio). No había rastro de la célebre presión alta que Xabi parece empeñado en imponer. Esa idea ha pasado a un segundo plano y el Madrid parece haber puesto en barbecho esas ideas audaces hasta ganar la Supercopa como mínimo. No ha podido ser. No sabemos si esas ideas seguirán en barbecho a partir de ahora.
Al borde de los veinticinco minutos, el Madrid se imponía defensivamente, con Carreras y Asencio superando a sus pares (Lamine y Raphinha respectivamente) y sin privarse de celebrar con la grada, aparatosamente, cada duelo ganado. Bellingham y Camavinga ayudaban atrás también. El equipo, muy junto y concentrado. Solo faltaba jugar un poco al fútbol. Como aviso de que el planteamiento podía ser arriesgadamente defensivo, Raphinha le pegó, obligando a Courtois a emplearse, bien es cierto que sin enorme mérito.
A la vuelta de la pausa de hidratación, el Madrid tuvo su mejor ocasión. Rodrygo se la dejó de cabeza en profundidad, con gran sabiduría, pero el canterano se acogotó quizás al notar en el occipital el aliento de Cubarsí, que ya es acogotarse. Respondió el Barça con un primer tiro a las nubes de Fermín y con un fallo garrafal de Raphinha solo ante Courtois. Pero no perdonó un minuto después. El Madrid perdió el balón en el centro del campo (fue Rodrygo, a pesar del estar siendo el mejor hasta ese momento) y el otro brasileño se internó en el área y chutó cruzado para batir al belga.
1-0, y todo el trabajo hecho hasta el momento puesto en tela de juicio. Miedo además a que el Madrid se descompusiera ante el fracaso eventual del plan, cosa muy propia de los nuestros en recientes choques contra los de Flick. De hecho, Courtois tuvo que rechazar un tiro de Fermín. Con el gol, el Madrid parecía perder la fe a borbotones. Amenazaba a tragedia el final del primer tiempo, pero todo cambió en los pies de Vinicius.
Era el contragolpe menos claro de todos. Había dos jugadores del Madrid contra seis del Barça. Vini decidió jugársela, y de qué manera. Rodeado de rivales, le hizo un caño de fábula a Kounde, regateo a Cubarsí en el área pequeña y anotó uno de los goles más espectaculares de su vida.
Pero el destino nos deparaba un final cardíaco del primer tiempo. Lewandowski aprovechó un buen pase de Pedri para batir a Thibaut elevando la pelota. Cuando parecía que nos íbamos al descanso por detrás en el marcador, Bellingham forzó un córner. Lo lanzó Rodrygo. El remate de Huijsen lo rechazaron a duras penas entre Raphinha y el poste, y Gonzalo no perdonó al rechace.
2-2 al descanso, y el desfibrilador cerca.
Vini parecía en trance al comienzo del primer tiempo, decidido a confirmarse como el hombre del partido. Primero forzó un córner en una gran jugada marca de la casa, y en el minuto 50 se perfiló para lanzar un disparo durísimo que repelió García.

El Barça presionaba arriba, aunque el Madrid lo solventaba sin gran apuro. Empezó a calentar Mbappé y a Joan Gaspart, en su casa, le entró un poquito de colitis. Pero le entró en libertad, no en prisión. Ese es el problema. Por lo demás, seguía Vini empeñado en brillar. Desde la frontal obligó a Joan García a mandarla a córner. Una entrada de Asencio, bien solventada con amarilla, sirvió para que toda la expedición culé, utilleros incluidos, rodeara a Munuera Montero.
Una gran jugada entre Rodrygo y Vinícius fue maravillosamente iniciada por el primero con un gran pase, pero lastimosamente pifiada al final con un remate inocente. Parecía que los blancos podían llevarse el partido, aunque la noticia de la lesión de Valverde, que fue sustituido por Güler, provocó un inevitable bajón anímico en el aficionado. Para incidir en el bajón, el Barça sacó a los siempre temibles Olmo y Ferran, que suelen funcionar muy bien saliendo desde el banquillo. Los cambios, en efecto, sentaron bien a los clientes de Negreira, y un remate a bocajarro de Lamine propició un paradón de Courtois.
No tardó en llegar el gol culé, y fue de un moco fuera de lo normal. Se resbaló Raphinha al chutar, pero un rebote afortunadísimo acabó con el balón en la red. Sí esto fuera tenis, se habría disculpado. 3-2.
Huijsen, muy tocado, se marchó en beneficio de Alaba, de quien ya ni nos acordábamos. Se fue también Gonzalo y entró… Mbappé. Tenía algo menos de quince minutos el francés para obrar el milagro.
Poco se podía lograr si el Madrid no se iba arriba, cosa que no sucedía, probablemente por el cansancio y la humedad. Se preparaban Mastantuono y Ceballos, que entraron en lugar de Camavinga y Vinicius, quien seguramente no podía más. Flick contraatacó metiendo a Rashford y Gerard Martin.
El Madrid no daba señales de salir de poder remontar, ni en lo físico ni en lo anímico. Olmo imponía su ley en esos últimos minutos. El Madrid, sorprendentemente, esperaba atrás, sin oler la pelota, aunque en los últimos cinco minutos pareció reanimarse mínimamente. Trataba de presionar, pero dejando al equipo demasiado largo. Se cumplía el 90. Munuera expulsó a De Jong por una entrada escalofriante, lo que no impidió el clásico corrillo de protestas de los patrocinados por R.D. Congo.
El Madrid afrontaba el descuento con un montón de jugadores en el área, tratando de cazar algún remate y bombeando balones. Rashford tuvo un contragolpe pero la lanzó fuera.
La tuvo Tchouaméni tras un buen centro de Güler, pero tiró con mucha inocencia. También Asencio en un remate de cabeza a las manos de Joan. El Madrid cayó con gallardía. Probablemente no era la forma deseada por los madridistas que querían que el Madrid perdiera. Lo sentimos por ellos. Deseaban una hecatombe y no la hubo, aunque para el Madrid perder siempre es desastroso, y más contra el enemigo que se compró la competición durante décadas.
A seguir.









































