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·10 de septiembre de 2026

48 horas de loas al Inter; ¿y cuando el Milan de Fonseca dominó al Real?

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El relato entusiasta reservado a los nerazzurri choca con el tratamiento recibido por los rossoneri tras la clara victoria de 2024 en el Santiago Bernabéu

Han bastado cuarenta y ocho horas para asistir a la enésima celebración colectiva del Inter. Análisis entusiastas, elogios por la actitud, énfasis en la personalidad y una cantidad casi industrial de alabanzas. Todo legítimo, naturalmente. Una actuación puede contener señales positivas incluso cuando el resultado no acompaña. El problema surge cuando el mismo criterio no se aplica a los demás equipos.


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La pregunta, entonces, es inevitable: ¿dónde estaban todos cuando el Milan de Paulo Fonseca, el 5 de noviembre de 2024, fue al Santiago Bernabéu y venció al Real Madrid por 3-1?

No se trató de un empate arrancado defendiendo dentro de su propia área, ni tampoco de una derrota digna transformada después en una hazaña moral. El Milan ganó con claridad, marcando tres goles con Malick Thiaw, Álvaro Morata y Tijjani Reijnders. Los rossoneri superaron a los vigentes campeones de Europa a través de coraje, organización y calidad. La crónica del partido confirma que fue una victoria merecida, construida con un plan ofensivo preciso y no mediante una afortunada resistencia final.

Milan, la hazaña de Fonseca rápidamente minimizada

Y, sin embargo, aquella noche no produjo el mismo coro prolongado de celebraciones. Se habló de inmediato de las dificultades del Real Madrid, de su estado, de sus fragilidades defensivas y del momento complicado que atravesaba el conjunto español. Todos elementos reales, pero utilizados también para restar mérito al Milan.

Cuando ganan los rossoneri, en resumen, el rival suele ser considerado un equipo en crisis. Cuando es el Inter el que ofrece una actuación considerada positiva, cada detalle se convierte en la demostración de una superioridad estructural, cultural y de proyecto. Es precisamente esta desproporción narrativa la que molesta.

El Milan de Fonseca no atravesaba una fase sencilla y aquella noche supo imponerse aun así en la casa del club más laureado de Europa. Lo hizo enfrentándose a Vinicius, Mbappé y Bellingham, sin renunciar a jugar. El propio técnico portugués reivindicó el coraje del equipo y la voluntad de presentarse en el Bernabéu para atacar, no solo para defenderse.

Inter, los elogios deben merecerse, pero también ser proporcionados

Nadie pide negar los méritos del Inter. Sería incorrecto y poco creíble. Lo que se pide, sin embargo, es una mayor coherencia en el relato. Una buena actuación nerazzurra no debe convertirse automáticamente en un manifiesto futbolístico, del mismo modo que una gran victoria del Milan no puede archivarse como un simple accidente en el camino del Real.

En el fútbol cuentan el juego, la personalidad y las ocasiones creadas, pero al final también queda el resultado. El 3-1 logrado por el Milan en el Bernabéu fue un hecho enorme, probablemente una de las mejores actuaciones europeas recientes de un equipo italiano. No una impresión, no una promesa y tampoco un consuelo: una victoria auténtica.

Por eso las cuarenta y ocho horas de loas al Inter dejan perplejos. La sensación es que algunos equipos deben lograr una hazaña para recibir la mitad de los elogios concedidos a los nerazzurri. El Milan de Fonseca realmente logró esa hazaña. Habría bastado contarla con el mismo entusiasmo.

Este artículo fue traducido al español por inteligencia artificial. Puedes leer la versión original en 🇮🇹 en este enlace.

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