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La Galerna

·15 de marzo de 2026

68 metri en el Bernabéu no son molto longo

Imagen del artículo:68 metri en el Bernabéu no son molto longo

Buenos días, jóvenes y mayorzotes. 68 metri en el Bernabéu son molto longo, salvo para Güler. El turco se pasó el sistema métrico decimal por ahí mismo y convirtió 68 metros de distancia en un penalti sin portero, y sus aproximadamente 70 Kg de peso en una tonelada de calidad. Un gol para el museo, como dice As.

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Fue lo más llamativo del partido, por bello e inusual. Los que echan cuentas y tienen memoria dicen que es el gol más lejano marcado en Primera División. Sin embargo, aunque parezca raro, no fue lo más importante. Lo mejor del partido, a nuestro modo de ver, fue la continuidad y funcionamiento del modelo Arbeloa.


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El modelo Arbeloa se resume en una palabra: madridismo. El propio técnico ilicitano, Eder Sarabia, declaró en la rueda de prensa posterior al partido: «Pocos entienden mejor el madridismo que Arbeloa».

¿Qué es madridismo?, dices mientras clavas tus pupilas en el móvil, tablet u ordenador (aún no salimos en papel). Madridismo es lo que está haciendo Arbeloa y sus pupilos.

Sí, sabemos que es una porquería de definición, casi una tautología rajoyana, pero es así.

Madridismo es lo que dijo Álvaro: «Somos un equipo con mucho talento, pero si no trabajamos, corremos, presionamos y ayudamos todos nos costará ganar cualquier partido, tenemos que ser un equipo muy humilde y comprometido».

Madridismo es ganar incluso cuando no tiene fe ni el más madridista.

Madridismo es contar con casi el 50 % de los jugadores de baja, entre ellos un puñado de los mejores del mundo, y competir sin poner excusas.

Madridismo es señorío. Y señorío —hola, Mou— es morir en el terreno de juego.

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Dejamos por aquí la portada de Marca, la hoja parroquial de Tebas que nos importa una higa.

Volvamos a lo importante. Muchos pensábamos que Arbeloa daría descanso a algunos de los pesos pesados que se reventaron contra el City, a pesar de que el propio Álvaro había afirmado que solo tenía al Elche en la cabeza. El salmantino tiene la mala costumbre de ser sincero y lo cumplió.

Al Madrid le costó porque el Elche es un equipo bien armado, y hasta que Rüdiger no voló sus trincheras no hallaba huecos. Pero, mientras tanto, no flotaba en el ambiente esa sensación de parálisis de ideas y movimientos. Este Madrid es dinámico, cooperativo, esforzado. Sabe (ahora) que sin dar el 100 % no se gana ni a un Segunda.

Con el partido medio encarrilado —pero solo medio, ojo— sí dio descanso a varios jugadores indispensables. Arbeloa hizo como 20 o 30 cambios y salieron a la palestra otros tantos canteranos.

La jugada le salió pintiparada. Pero si tus habichuelas dependen de las migajas de un tirano, tienes que escribir heces como esta:

Nueva clase magistral de cómo dar un tinte negativo alarmista a un comportamiento inmaculado. Podríamos extendernos, pero no merece la pena dedicarle un segundo más a esta gente.

Arbeloa conoce el Madrid como pocos, incluidos a los chavales, de hecho, los ha entrenado, y no solo en el Castilla. Lo más importante no es que los sacara, al fin y al cabo, con las bajas tampoco tenía muchas más opciones. Más significativo es el tiempo que les brindó. Tiempo es confianza y los chicos respondieron.

A los que no tenemos ni idea de fútbol, y lo disimulamos escribiendo, nos cuesta distinguirlos, no vamos a mentir. Chicos de edad y aspecto muy similar. A Thiago ya lo tenemos calado: el que parece una partícula cuántica que está en varios sitios a la vez y es más solidario que Cáritas.

De los demás, Palacios exuda clase por todos los costados que tiene. Aguado estuvo soberbio. Yáñez salió y puso el balón en la cabeza de Huijsen para que Dean la empujara a gol. Manuel Ángel tuvo la mala fortuna del gol, pero ya ha dado muestras de su potencial.

Ancha es Castilla, y Arbeloa lo sabe, como cerró Paco Sánchez Palomares su crónica. También podéis leer aquí las notas de Atenea Johansson y la crónica arbitral de Alberto Cosín sobre Gil Manzano, ejemplo perfecto de árbitro negreiro. Tampoco vamos a ahondar porque hace buen día y nos da mucho asco. Pero podéis levantar cualquier alcantarilla, asomaros y ver su catadura moral.

Algo parecido nos pasa con la prensa del Barça, que antes era útil para temas que también terminan en la red de alcantarillado, pero como ahora prácticamente no se edita en papel, ni eso.

Hoy votan para ver si Torrente presidente o Font ganador. Va a ganar Laporta porque el torrente fecal culé lo adora por sus actos. De todos modos, da igual, porque madridismo es lo que no es el Barça.

El martes, el City. No sabemos cómo acabará esto. Hay dos posturas: disfrutar de lo bueno mientras dure, o no hacerlo y cuando llegue lo malo decir «te lo dije». Cada cual que elija.

Pasad un buen día.

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