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Un 10 Puro

·14 de marzo de 2026

A lo mejor Arbeloa tiene algo que ver...

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A lo mejor, pero solo a lo mejor, Álvaro Arbeloa tiene algo que ver con la mejoría del Real Madrid. Si fue crucificado, con razón, por los trastazos en Copa del Rey, ante el Benfica en aquel partido de la fase de grupos de Champions en Lisboa y tras los petardazos ante Osasuna y Getafe en LaLiga, habrá ahora que reconocerle que el cambio de cara del equipo es también, al menos en parte, cosa suya. Yo, desde luego, lo haré.

Que el Real Madrid iba a ganar al Elche ni cotizaba, aunque esto de jugar contra equipos de la piel de toro no es algo que lleven demasiado bien los blancos. Pero en el haber de Arbeloa comienzan a verse cositas. Por ejemplo, la apuesta por la cantera, mucho más importante de lo que el común de los madridistas acierta a adivinar.


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No en vano, en el primer florentinato, la apuesta era aquello de Zidanes y Pavones, así que hasta el presidente sabe de la importancia de la chavalería en la composición de la plantilla antes de que algún pájaro de mal agüero le chiflara al oído que mejor hacer caja con ellos antes siquiera de que pudieran demostrar su nivel en el equipo. Se merece pasarse tres temporadas viendo los partidos del Prebenjamín B antes de hacer otra recomendación.

Otra de las cositas de Arbeloa es lograr el resurgimiento del Halcón Valverde, después de un inicio de temporada en que fue señalado como Pajarraco. El uruguayo, haciendo de una especie de falso nueve pero con una ingente abor defensiva, se ha destapado como mejor que el mejor Bellingham, el que llegó aquí del Dortmund, el del primer semestre del inglés. Y poner al u-ru-gua-yo en esa posición lo ha visto él antes que nadie. Medalla para el inquilino del banquillo.

Lo de que sea de oro ya será más peliagudo. Cuando vuelvan Bellingham y Mbappé, habrá que ver si Valverde no tiene que acabar jugando... otra vez de lateral. O de interior. Y el Madrid perdería el descorche goleador de un jugador que tiene tal pegada que sería injustificable prescindir de ella. A ver cómo el técnico logra la cuadratura del círculo.

Quitarle los nervios a Huijsen, mostrarle a Güler (menudo golazo desde Ankara del turco) que si vas a ser un indolente sobre el campo te espera la receta carlottiana de chupar banquillo, recuperar la versión 'marroquí' (sin penaltis, gracias a Dios) de Brahim Díaz, consolidar a un centrocampista cada vez más importante como Tchouameni... El único que sigue chirriando es un Camavinga que parece un espectro.

A Vareta, como llaman a Arbeloa sus más cercanos, solo le falla de momento una cosa: la comunicación, porque quiso entrar como un elefante en una cacharrería y eso provocó que parte de la afición le recibiera con las orejas tiesas. Unas orejas que ahora ya están gachas. Por lo menos hasta que toque la vuelta ante el Manchester City. El termómetro europeo, un mercurio que veremos si toma la temperatura por vía axilar o rectal... ¡Ay!

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