De La Cuna Al Infierno
·20 de agosto de 2026
A un año de un papelón sin precedentes

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·20 de agosto de 2026

El 20 de agosto de 2025 se dio uno de los escándalos más grandes que ha vivido el fútbol sudamericano, uno que dejó evidencia los pésimos manejos tanto a nivel club como de los distintos entes involucrados. Un día como hoy, se daba la suspensión del partido entre Independiente y Universidad de Chile, y ese era solo el comienzo.
Para contextualizar, el "Rojo" había superado con algo de suspenso la fase de grupos de la Copa Sudamericana 2025, y en los octavos de final se enfrentó con la "U" con el objetivo de llegar lejos en un certamen internacional después de varios años. El inicio de la serie fue adverso, con derrota por la mínima en Chile, expulsión para Matías Abaldo y el deber de revertir en Argentina.
El miércoles 20 de agosto, el Libertadores de América Ricardo Enrique Bochini estaba preparado para albergar el encuentro pero, desde antes del pitazo inicial, todo empezó mal, ya que los simpatizantes del conjunto chileno, que ya tenían antecedentes de violencia en visitas a otras canchas, causaron destrozos en el estadio y atacaron a la parcialidad local con proyectiles, lo cual tensó el ambiente para el resto de la noche.
Una vez que la pelota se puso en juego, el elenco visitante se colocó en ventaja con un gol de Lucas Assadi, y a la media hora Santiago Montiel igualó las acciones, por lo que se esperaba un partido lleno de emociones con el "Rey de Copas" con la localía a favor para ir a buscar el resultado. Sin embargo, la parcialidad del "Bulla" incrementó la violencia de los proyectiles, al punto de usar los inodoros de los baños del recinto, bombas de estruendo y elementos de construcción. Luego de varias advertencias mediante el altavoz, y sin un cordón policial que separe a las dos hinchadas, el enfrentamiento, después de horas de hostigamiento de los chilenos, comenzó y derivó en una batalla que dejó múltiples heridos y un momento en el que un grupo de barrabravas del "Rojo", de la facción "Los Dueños de Avellaneda", que generaron que fanáticos rivales salten al vacío para no ser atacados.
Una vez confirmada la suspensión del partido, las imágenes hablaron por sí solas: familias que buscaban refugio, los propios jugadores que intentaron asistir a sus seres queridos, los violentos que superaron en número a los elementos de seguridad y cientos de personas ensangrentadas y con lesiones por la disputa. En resumen, fue una noche vergonzosa para el fútbol sudamericano, producto de una serie de negligencias en el operativo y los protocolos de prevención, tanto de parte del club como del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires y la falta de sanciones previas por parte de la CONMEBOL a una hinchada con antecedentes violentos.
Sin embargo, aún faltaba el último papelón: la decisión del ente que regula el deporte en la confederación, la cual publicó un boletín en el que confirmó la descalificación de Independiente del torneo ante la imposibilidad de una reanudación, el pase directo de Universidad de Chile a los cuartos de final y sanciones disciplinarias y económicas que fueron más severas con el conjunto local, entre las que se destacaba la imposibilidad de contar con público local o visitante en certámenes organizados por CONMEBOL por 14 partidos. Básicamente, el hostigamiento realizado por los chilenos durante toda la noche no significó nada a la hora de emitir un fallo, y solo se castigó el accionar de ese grupo de barrabravas locales, los cuales posteriormente recibieron derecho de admisión, y el pésimo manejo por parte de la institución a la hora de coordinar el plan de acción.
Claramente, la Comisión Directiva y los violentos de siempre cometieron errores imperdonables, pero la resolución se sintió como un premio a la violencia y al hostigamiento, porque el equipo cuyos hinchas generaron destrozos en un estadio ajeno a ellos y que atacaron por horas a hombres, mujeres y niños con proyectiles que podían traer consecuencias muy graves fue beneficiado con permanecer en competencia. Tal vez, lo más esperable y lógico era una doble eliminación que represente una sanción ejemplar y que priorice dejar un mensaje más allá de lo deportivo, pero se tomó una decisión que pareció reírse de lo que sufrieron los hinchas del "Rey de Copas" aquella noche, para ponderar la victimización de los chilenos que iniciaron toda una secuencia que, aunque claramente no se justifica lo que vino después, generó una respuesta producto de aguantar las constantes provocaciones.







































