Un 10 Puro
·31 de agosto de 2026
Álex Palou ya tiene la manita en la IndyCar y se sienta a la mesa de los más grandes

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·31 de agosto de 2026

Álex Palou ya es cinco veces campeón de la IndyCar. El barcelonés ha vuelto a conquistar, tras las dos pruebas de este fin de semana en el óvalo de Milwaukee, el campeonato más importante de monoplazas de Estados Unidos y ha alcanzado una cifra reservada para pilotos que ya no necesitan presentación, justificación ni permiso para sentarse a la mesa de los más grandes. Con cinco anillos de campeón de la Indy.
Palou conquistó su primera corona en 2021 y ha terminado convirtiendo el campeonato norteamericano en su territorio particular. Cinco títulos en seis años no son una racha afortunada ni el producto de disponer del mejor coche durante una temporada. Es una dinastía. Y también la confirmación de que España tiene a uno de los mejores pilotos del planeta corriendo a miles de kilómetros del escaparate que todavía monopoliza la Fórmula 1.
Compararlo con Fernando Alonso sería injusto para ambos, pero situarlos en la misma conversación ya no admite discusión. El asturiano fue dos veces campeón de Fórmula 1, ganó el Mundial de Resistencia —WEC, no WRC—, conquistó dos veces las 24 Horas de Le Mans y venció también en Daytona. Palou ha construido su leyenda en otro asfalto, dominando una competición donde los circuitos permanentes, los urbanos y los óvalos exigen tres maneras distintas de jugarse el cuello.
También está Carlos Sainz padre, bicampeón mundial de rallies y cuatro veces ganador del Dakar cuando muchos rivales de su generación contemplan las dunas desde el sofá. Marc Gené, Miguel Molina y el propio Alonso inscribieron sus nombres en La Sarthe, en las míticas 24 horas de Le Mans; Mikel Azcona conquistó la Copa del Mundo de Turismos; Antonio Albacete fue tres veces campeón de Europa de camiones. Cada especialidad tiene su idioma. Todos ellos supieron hablarlo mejor que nadie.
El karting español aporta otra colección formidable: Pedro Hiltbrand fue campeón mundial y Jon del Valle ha dominado cinco veces el KWC, la gran competición internacional de karts de alquiler de cuatro tiempos. Son éxitos menos conocidos por el público general, pero no menos difíciles. El cronómetro no concede audiencias: concede victorias y derrotas por milésimas.
Antes de todos ellos estuvo Alfonso de Portago, aristócrata, aventurero, mujeriego y primer español que subió a un podio de Fórmula 1. Abrió una puerta cuando España apenas tenía tradición automovilística y pilotar era un oficio a medio camino entre el deporte y la ruleta rusa. A él le tocó cruz y falleció en 1957 tras accidentarse en la legendaria Mille Miglia.
Palou pertenece ya a esa genealogía. Es un elegido. Cinco campeonatos de IndyCar lo colocan, además, entre los mayores dominadores históricos de la categoría estadounidense. No está llamando a la puerta de los grandes: lleva tiempo dentro, sentado en el salón y mirando si queda espacio libre en el aparador para el siguiente trofeo.
La única puerta que alguien debería abrirle de una vez es la de la Fórmula 1. Porque España no tiene un aspirante esperando una oportunidad. Tiene a un pentacampeón que ha sometido a América esperando que dejen de mirar hacia otro lado, le den un volante y demuestre de lo que es capaz. Que es muchísimo.







































