Anfield Index
·13 de enero de 2026
Ally McCoist celebra el “maravilloso” momento del Liverpool ante Barnsley

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·13 de enero de 2026

El progreso del Liverpool en la FA Cup suele medirse en resultados, marcadores y, en ocasiones, trofeos. Sin embargo, algunas noches perduran por otra razón. Contra el Barnsley, en una fría noche de enero en Anfield, no fue el margen de la victoria lo que quedó en la memoria de los observadores, sino un breve intercambio de habilidad, casi ingrávido, que capturó algo más rico de este Liverpool. Hugo Ekitike, recién regresado de una lesión, realizó un taconazo tan audaz que provocó elogios espontáneos de Ally McCoist y dejó el partido momentáneamente suspendido en la admiración.
Como primeras impresiones, fue contundente. El Liverpool ganó con comodidad, con goles que llegaron desde todos los sectores del campo, pero la imagen perdurable fue la asistencia de Ekitike a Florian Wirtz en el tramo final: una pieza de improvisación que hablaba más de instinto que de instrucción. Fue este momento el que McCoist, en labores de co-comentario, describió como “de otro mundo”, una frase que se sintió menos hiperbólica que precisa.
La fuente original de esta reacción fue Empire of the Kop, cuyo informe capturó tanto el brillo técnico de la jugada como la sensación de que revelaba algo importante sobre la creciente influencia de Ekitike.
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El regreso de Ekitike tras una breve ausencia por lesión se había enmarcado principalmente en términos pragmáticos. El Liverpool necesitaba efectivos, goles y gestionar los minutos con sensatez en un calendario invernal congestionado. Lo que quizá no esperaban era la inmediata recuperación de la inventiva. Saliendo desde el banquillo contra el Barnsley, el delantero francés hizo más que aportar energía; reintrodujo la imprevisibilidad.
La asistencia en sí fue un estudio de confianza. Al recibir un pase de Curtis Jones, Ekitike no se detuvo a evaluar opciones de forma convencional. En su lugar, dio un taconazo, perfectamente medido, hacia la carrera de Wirtz, quien definió con un disparo con rosca que disipó cualquier tensión restante del encuentro. Fue fútbol jugado en el margen entre el pensamiento y el movimiento, donde las mejores decisiones suelen tomarse sin deliberación visible.
Para McCoist, cuyas carreras como futbolista y comentarista han estado moldeadas por una apreciación de la intuición ofensiva, el momento fue irresistible. Su comentario se centró no solo en la definición, sino en la imaginación detrás del pase, subrayando lo rara que puede ser tal espontaneidad en el fútbol moderno, tan cargado de sistemas.
El entusiasmo de McCoist importó porque cortó a través del ruido analítico que a menudo sigue a los duelos coperos contra rivales de categorías inferiores. Sus palabras no iban sobre táctica o estructura; iban sobre alegría. Al describir el taconazo de Ekitike como extraordinario, articuló lo que muchos aficionados sintieron instintivamente pero tal vez les cueste cuantificar.
No fue simplemente una asistencia; fue una expresión de confianza en un compañero, de comprensión del espacio y el tiempo, y de jugar con libertad incluso cuando el resultado parecía asegurado. La reacción de McCoist enmarcó el momento como un evento en sí mismo, algo digno de ser recordado independientemente del rival.
Esa perspectiva es valiosa. Los partidos contra equipos como el Barnsley pueden difuminarse en un avance rutinario, pero momentos como este se resisten a ese destino. Ofrecen anzuelos narrativos, recordatorios de por qué los jugadores de élite son capaces de trascender el contexto.
El Barnsley fue competitivo, organizado y voluntarioso, pero la brecha en recursos y calidad técnica terminó imponiéndose. Los goles del Liverpool llegaron de distintas formas: potencia, precisión, movimiento. Sin embargo, la contribución de Ekitike destacó porque se sintió innecesaria en el mejor de los sentidos. Probablemente el Liverpool habría ganado sin ella, pero el fútbol rara vez trata solo de necesidad.
El partido contra el Barnsley se convirtió en un lienzo sobre el que la cohesión ofensiva del Liverpool podía ponerse a prueba sin la presión asfixiante de los compromisos ligueros. En ese espacio, Ekitike y Wirtz demostraron una química que a veces se ha cuestionado en una plantilla que aún aprende los ritmos de los demás.
Para Ekitike, en lo personal, la noche ofreció tranquilidad. Los goles importan, y sí marcó, pero la influencia puede medirse de manera más sutil. Asistencias como esta sugieren a un delantero que crece en un rol que va más allá de la definición, capaz de moldear momentos en lugar de simplemente concluirlos.
Mientras el Liverpool navega una temporada exigente, a menudo es la acumulación de pequeños momentos de alta calidad lo que define el progreso. El taconazo de Ekitike contra el Barnsley no decidirá trofeos por sí solo, pero insinúa un techo que sigue elevándose. Los elogios de McCoist amplificaron esa sensación, recordando al público que el fútbol sigue siendo, en esencia, una experiencia emocional.
En una competición que se alimenta de la épica, fue apropiado que una fugaz pieza de arte se convirtiera en el titular. Mucho después de que el marcador se difumine, la imagen del taconazo de Ekitike, y la alegre incredulidad de McCoist, pueden perdurar como el reflejo más fiel de la noche.
Este artículo fue traducido al español por inteligencia artificial. Puedes leer la versión original en 🏴 en este enlace.









































